12 de mayo de 2024. Plaza de toros de Valencia.

Media entrada en tarde agradable aunque ventosa. Erales de Aida Jovani, bien presentados, variados de pelaje y de juego notable. Al quinto, de nombre Romero, se le premió con la vuelta al ruedo. Ortiz Montes de la escuela de Ecija, palmitas tras aviso. Marco Polope, de la escuela de Valencia, dos orejas. José Luis Córdoba, de la escuela de Granada, silencio tras aviso. Manuel Martínez, de la escuela de Málaga, oreja tras aviso. Jaime de Pedro, de Atarfe, dos orejas tras aviso. Juan Pablo Ibarra, de Colmenar Viejo, ovacion tras aviso al retirarse a la enfermería. Entre las cuadrillas destacó la excelente brega de Juan Alberto Torrijos toda la tarde, al igual que Hugo Masiá con los palos, quien pareó con acierto en los seis novillos. Presidió José Luis Cuerda, asesorado por Carlos de Andrés y José Andres.

Enrique Amat, Valencia

El día grande de la fiesta en Valencia, la festividad de la Virgen  de los Desamparados, fue marco de una clase práctica con intervención de alumnos de las escuelas de tauromaquia. Un festejo de promoción, cuya inclusión en las plazas de primera sigue digno de aplauso. 

Y el festejo resultó. Hubo un excelente nivel en algunos de los actuantes, la novillada de Jovani dio un juego más que notable y también es destacable la actuación que tuvieron dos alumnos de la escuela de tauromaquia de Valencia a lo largo de todo el festejo. Juan Alberto Torrijos en la Lidia y Hugo Masiá en banderillas.

Los erales de Aida Jovani, bien presentados para este tipo de espectáculos, fueron un material más que adecuado para calibrar las actitudes de los seis actuantes.

Un espectacular burraco abrió plaza, que luego soy vino, aunque algo desentendido y sin acabar de emplearse. Se dolió en banderillas y tendió a quedarse corto y debajo de las telas. Tuvo la virtud de humillar y de repetir sus embestidas.

Abanto el también burraco  segundo, que perdió las manos de salida. Tuvo un excelente fondo y gran calidad, aunque le faltaron las fuerzas. El jabonero tercero, más montado, se dolió algo en banderillas y llegó al tercio final con un molesto calamocheo, bastante orientado y sin entrega. Aunque su matador tampoco le ayudó nada, todo sea dicho.

Abanto y distraído de salida al cuarto, al que le costó mucho humillar. Fue y vino y se desplazó, aunque escaso de entrega, y tampoco en esta ocasión le ayudó mucho su matador. No le pudieron en ningún momento, y acabó desarrollando y haciéndose el amo de aquello. Muy rematado el negro quinto, que humilló y se empleó mucho. Tuvo tranco, calidad y profundidad en sus embestidas. Y siempre estuvo pendiente del torero con fíjeza. Un ejemplar de alta nota. Y también abanto y corretón de salida el cuajado y muy montado sexto, que tomó las telas con buen aire. Con todo, le costó algo más, tendió a defenderse y, sobrado de poder, no dejó de pedir el carnet de profesional a su matador.

Ortiz Montes de la escuela de Ecija, saludó con un farol de rodillas al primero, al que luego lanceó con cadencia. Luego firmó una faena de muy largo metraje, con momentos de interés, aunque también predominaron enganchones y desarmes. Mató de una estocada corta trasera y atravesada y tres golpes de descabello,

Marco Polope, de la escuela de Valencia, firmó un empacado, sentido y torero prólogo de su labor al segundo. Elegancia, prestancia y cadencia fueron los ingredientes de un trasteo de excelente firma y expresión. Mató de una estocada al encuentro. Se abrió  un crédito. 

José Luis Córdoba, de la escuela de Granada. torero de pequeña estatura, saludó con una larga a su oponente. Luego, falto de valor y muy a disgusto, no paró de quejarse de que el novillo no veía. No se quedó quieto en ningún momento y acabó a la deriva.

Manuel Martínez, de la escuela de Malaga, dio muchos muletazos, pero siempre escaso de convencimiento, a media altura, sin someter a su antagonista ni llevarle toreado. Faena cumplidora, aunque escasa de remate. Sufrió una fuerte voltereta, y lmató de una estocada.

Jaime de Pedro, de Atarfe, tiene una excelente planta de torero. Puso de  manifiesto que sabe torear. Tiene sentido de la colocación y anda con solvencia por la plaza. Firmó series largas, llevando muy toreado a su antagonista, en son de torero puesto y hecho.

Juan Pablo Ibarra, de Colmenar Viejo y mexicano, hizo el paseíllo impecablemente vestido de charro. Saludó con una larga a su oponente, frente al que exhibió firmeza, buen concepto y disposición. Tuvo la virtud de dejar siempre la muleta puesta al novillo, y tirar de él, llevándole muy embarcado. Sufrió una tremenda voltereta al entrar a matar. 

CRONICA de E Amat

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