Vicente Ruiz El Soro, un homenaje personal.  

Como todos los que en su día vieron a Vicente El Soro por primera vez, me convertí en un seguidor suyo al momento. Pero debo admitir que todavía tenía mucho que aprender sobre toreo y que yo era un aficionado a todos los toreros. Ese verano pasé una semana en Madrid, camino a la feria de Málaga y me encontré con una revista taurina que acababa de comenzar a publicarse. Se llamaba Aplausos y se parecía más a un periódico que al semanario rutilante que que hoy conocemos. Me fijé en un cartel para la feria de julio en Valencia: cuatro corridas, una corrida de rejones y dos novilladas. Se celebraría durante siete días seguidos. Yo hasta entonces jamás había presenciado una novillada.

La primera vez que vi a El Soro fue un sábado por la tarde en julio de 1981. Seguía siendo un novillero y lidió aquel día novillos de Bernardino Piriz junto a Pepín Jiménez y Luis Miguel Campano. Tanto él como Jiménez, con quien compartió muchas tardes, cortaron dos orejas y salieron por la puerta grande Una semana después, Vicente repitió este triunfo y volvió a salir a hombros. Fue su tercera y última temporada como novillero con picadores. Cuando terminó la temporada, El Soro acabó sexto en el escalafón con 34 novilladas toreadas y 84 trofeos.
Su carrera duró veinte años. A lo largo de la misma le vi arriesgar su vida, triunfar y fracasar antes de que una lesión en la rodilla le obligara a retirarse de los ruedos. En años posteriores se ganó mi respeto cuando me di cuenta de lo mucho que significaba para Valencia y para su afición. Cuánto reconocieron los valencianos la generosidad de este hombre, que les hizo vivir un sueño. Y cómo lo consideraban ‘uno de ellos’ y cómo le respaldaban cuando se le acababa la suerte.

Tomó la alternativa en Fallas en 1982. El maestro sevillano Paco Camino, apodado ‘el prodigio de Camas’, quien logró salir doce por la Puerta Grande de Las Ventas de Madrid y fue una de las leyendas taurinas de España, ofició como padrino de le ceremonia. Pepe Luis Vázquez, hijo de otra leyenda taurina, actuó como testigo. Los toros fueron del hierro de Torrestrella, propiedad de Alvaro Domecq. El Soro salió por la puerta grande tras cortar tres orejas. El artículo que escribió Vicente Zabala en ABC describía la inmensa popularidad de este nuevo y vibrante torero valenciano para gente de su región: “La víspera de la corrida, se pusieron en el altar mayor de la iglesia de Foyos los cuatro nuevos vestidos del diestro, regalados por sus peñas taurinas. Una autentica fortuna pagada con la contribución de todos los peñistas. Los bendijo el cura. Oyó misa todo el pueblo, que prácticamente no cabía en la iglesia y siguió la ceremonia desde la calle. Hubo comunión general capitaneada por el propio diestro”.

En la siguiente Feria de San Isidro, Vicente confirmó su condición de matador en la plaza de toros de Las Ventas. Esta vez, otra leyenda taurina, Rafael de Paula, actuó como padrino. Su amigo y colega de sus días de novillero, Pepín Jiménez, fue testigo del acto. No fue un buen día para Vicente. La gente de Madrid no lo admiraba como la gente de Valencia. Nunca lo harían

Vicente Ruiz Soro nació en mayo de 1962 en el pueblo de Foios, una localidad valenciana típicamente agrícola. Años atrás su padre había sido un novillero y dirigió más tarde un ‘espectaculo-comico-musical y taurino’. Estos espectáculos cómico-musicales tenían una parte seria en la que los jóvenes aspirantes disponían de la oportunidad de mostrar su destreza ante novillos jóvenes Vicente estaba destinado a una vida trabajando en la tierra, cosechando coliflores, alcachofas y lechugas. Por ello, una vez que se convirtió en un matador consagrado todavía usaría una aquella pulsera hecha de una cuerda utilizada para atar los cultivos, para recordar sus humildes comienzos.

Al igual que su padre, tuvo la oportunidad de formar parte de un espectáculo cómico taurino y a los 16 años hizo su primera aparición como novillero sin picadores en la vecina ciudad de Xàtiva. De sus cinco hermanos, dos también emprendieron el incierto viaje en el planeta de los toros. Jaime se convirtió en un picador consumado. En mi último libro, Dominó italiano, escribí sobre la alternativa que se le dio a Soro II en 1989. Antonio, un torero menos exuberante que su hermano, confirmó su doctorado en Madrid, pero se retiró algunos años después.
Con El Soro, Valencia (la tercera ciudad de España) volvió a tener su propio matador. Esto no había sucedido desde el momento (y la muerte prematura en 1922) del talentoso Manuel Granero, un torero destinado a tomar el trono dejado vacante por José Gómez Gallito tras su cogida mortal en Talavera. A pesar de que Valencia nunca fue una cuna de matadores, sí que había proporcionado al mundo taurino con eminentes banderilleros (desde Enrique Berenguer Blanquet y Alfredo David hasta Paco Honrubia, entre otros) y picadores Francisco Alabán la saga de los picadores apodados Veintiundit, así como José Cantos Barana y Manuel Calvo Montoliu.

Con todo, en los años posteriores a Granero hubo algunos matadores valencianos notables, pero en su mayoría actuaron en plazas de toros de la región valenciana. Algunos, no obstante, triunfaron más allá de los límites de la Comunitat Valenciana. Entre ellos, Vicente Barrera, quien se retiró en 1945, quien toreó con éxito en todas las ferias de España, incluidas las plazas de Madrid y Sevilla. Y Jaime Marco El Choni, quien el último matador que recibió la alternativa de manos de Manuel Rodríguez Manolete.

La llegada de El Soro fue como un relámpago para el aficionado valenciano hambriento de admirar una figura local. Un año después de su alternativa, se fundó la primera escuela taurina en España … en Valencia. Decenas de jóvenes se inscribieron, ansiosos por ser educados en el uso de la capa y la muleta, pero especialmente para aprender cómo colocar banderillas como su ídolo El Soro. Incluso hoy, la Escuela de Tauromaquia de Valencia instruye a muchos jóvenes para convertirse en buenos toreros. Por lo tanto, es cierto decir que sin El Soro, no habría habido matadores valencianos aclamados internacionalmente como fueron Enrique Ponce y Román Collado. También debo mencionar a Vicente Barrera, nieto de Vicente Barrera. Si bien su brillante carrera taurina abarcó muchos años, no comenzó su instrucción taurina en la escuela. Aun siendo novillero, Vicente se convirtió en el primer valenciano en salir a hombros por la Puerta del Príncipe de la plaza de toros de la Maestranza de Sevilla.

Cuatro meses después de recibir su alternativa, Vicente El Soro actuó en tres corridas en la Feria de San Jaime de julio en Valencia, pero solo se cortó una oreja. En los años siguientes, a menudo se le anunció con matadores como Luis Francisco Esplá, Víctor Mendes o Morenito de Maracay, los llamados toreros banderilleros. No siempre apreciado por los aficionados puristas (los toros en estos espectáculos rara vez tenían suficiente resistencia para llegar al tercer tercio), fue aquello resultó una fórmula muy exitosa con el público y los empresarios podían contar con estos atletas para vender muchas entradas en las plazas en las que les anunciaban.

En septiembre de 1984, Vicente aceptó un contrato para torear una corrida en el pueblo cordobés de Pozoblanco. En el cartel estaba anunciado con Francisco Rivera Paquirri y José Cubero Yiyo. Esa noche Paquirri murió tras resultar herido por el toro Avispado. Un año después, en Colmenar Viejo, un pueblo cerca de Madrid, un toro de Marcos Nuñez llamado Burlero le quitó la vida a Yiyo. A partir de ese momento, El Soro fue conocido como “el matador que sobrevivió al cartel negro”. En la España taurina, la superstición nunca deja de estar presente.

Los triunfos de Vicente en su plaza de Valencia alcanzaron su punto máximo en Fallas 1994, cuando los tres matadores (Espartaco, El Soro y Enrique Ponce) salieron a hombros de la plaza en medio del clamor popular. Un mes después actuó en una tarde lluviosa en la arena húmeda de la plaza de toros de Montoro. Después de poner un par de banderillas, se resbaló y se dañó severamente la rodilla izquierda. Al día siguiente triunfó como el matador solitario en Benidorm, pero la lesión en su rodilla fue tan grave que se vio obligado a cancelar sus contratos restantes. Su ausencia de las plazas de toros duró veinte años.

Al principio, la vida de El Soro parecía la de un torero acomodado y retirado que había invertido sus ganancias sabiamente en varios proyectos agrícolas. Sin embargo, los proyectos fracasaron, dejando a Vicente necesitado de auxilio económico. Pero cada vez que necesitaba ayuda, el pueblo valenciano y la comunidad taurina respondían generosamente. Su popularidad incesante se puso de manifiesto en la multitud que asistió a los dos festivales benéficos que se organizaron a su favor. Vicente seguía siendo su matador. Su ídolo. Y es que les había llenado de orgullo al volver a poner la taurina Valencia en el mapa. Aunque ahora se movía en los círculos sociales más altos, en su corazón nunca los abandonó ni olvidó sus modestos orígenes. Para eso siempre podía contar con su apoyo.

Después de consultar a especialistas en ortopedia desde Valencia a Madrid y desde Houston, Texas, a Amsterdam y tras más de treinta operaciones costosas, su pierna izquierda quedó una pulgada más corta que la derecha y todavía caminaba con muletas. Cuando por fin le dieron una prótesis de rodilla de última generación, ésta le dio la suficiente movilidad como para pensar en lo único que había estado pensando durante veinte años: su reaparición. La plaza que eligió fue en Xativa, donde en 1979 debutó. Tres meses después, en la plaza portátil de Foios, su pueblo natal, ofició la ceremonia alternativa de su amigo Rafael de Foios.

El regreso a su amado redondel valenciano llegó en marzo de 2015 para lidiar una corrida de toros Domecq con Enrique Ponce y José María Manzanares. Después de una ausencia tan larga, la alegría que sentía se manifestó en la forma en que realizaba sus antiguas y vistosas suertes ante los vítores de una multitud que amaba todo lo que hacía. Fue premiado con una oreja. Su segundo toro lo llevó al hospital después de fracturarle tres vértebras como resultado de una cogida mientras colocaba las banderillas. Al año siguiente regresó pero entonces ya pareció estar fuera de forma, incapaz de seguir el ritmo de la corrida. Era obvio que la rodilla artificial no estaba preparada para saltar y correr en una plaza de toros. No mucho después estaba de vuelta en una silla de ruedas.

Su salud se deterioró. El Soro sufrió su primer ataque al corazón en 2019. Fue ingresado en un hospital y se recuperó después de que le pusieron un stent. En enero pasado, tuvo que ser ingresado urgentemente con una angina de pecho. De nuevo se recuperó. Pero solo un día después de su alta, Soro fue llevado de regreso a la clínica e inmediatamente ingresó a la Unidad de Cuidados Intensivos. Su vida estaba en grave peligro después de que sus médicos descubrieran una insuficiencia renal inminente debido a un envenenamiento de la sangre que se originó en la prótesis de su rodilla izquierda. Tuvo que sufrir una operación de emergencia para extirpar quirúrgicamente la extremidad artificial. La operación duró cuatro horas, pero fue un éxito y aceleró una recuperación milagrosa. La tarde después de que le dieron el alta, apareció en una silla de ruedas en una reunión pública y recibió una gran ovación.

Entonces me di cuenta de que la relación entre Valencia y Vicente Ruiz El Soro todavía estaba muy viva.

Crónica de Pieter Hildering   ( traducción al español de Enrique Amat )

Fotografias . Mateo .Tauroimagenplus