LOS ALUMNOS MUESTRAN VARIEDAD DE ESTILOS EN EL PRIMER FESTEJO DEL CERTAMEN INTERNACIONAL DE ESCUELAS TAURINAS

Viernes, 13 de julio de 2018. Plaza de toros de Valencia. Aceptable entrada en tarde de bochorno. Astados de La Palmosilla, bien presentados y de juego variado. Destacaron por su juego segundo y tercero. Lucas Miñana, silencio. Kevin Alcolado, oreja. Valentín Hoyos, oreja. Jordi Pérez, oreja. Jorge Martínez, oreja. Francisco Fernández, palmas. Presidió el aficionado Pedro Madrigal. Destacaron con los palos Alvaro Coso y Andrés  Alemany, y en la brega Alejandro Contreras.
Comenzó la feria taurina de julio con la celebración del primero de los festejos correspondientes al II Certamen Internacional de Escuelas Taurinas. Una más que loable iniciativa organizada por la Diputación de Valencia en colaboración con la empresa Simón Casas Productions.Un certamen en el que, frente a tres ganaderías de prestigio, se van a poder ver las evoluciones de hasta 18 aspirantes llegados desde muy diversos puntos de España, Francia, Portugal y hasta México.
Un evento en el que no hay ningún galardón en liza, para evitar malos entendidos y enfados.  Y porque se considera, y con acierto, que ya es bastante galardón para un chaval poder hacer el paseíllo en una plaza de toros como la de Valencia y en una feria tan señalada como la de julio. Y un evento además, en el que se ofrece la posibilidad de acudir a los tres espectáculos de manera totalmente gratuita. Únicamente recogiendo las entradas en las taquillas de la plaza de toros a coste cero. La plaza registró una más que aceptable entrada de aficionados, entre los que nos faltaban muchos niños. Entre ellos los muy jóvenes aficionados Enrique y Sara Mesa.
Ayer los astados correspondían a la ganadería de La Palmosilla. De los campos de Tarifa llegaron un lote de astados bien presentados Y de juego variado. A algunos de los componentes del encierro pareció faltarles un puyazo.
Con plaza aunque sin exageraciones el tan noble como mansito y blando primero. Más cuajo tuvo el segundo, que fue un excelente ejemplar, con tranco, fijeza, calidad y unas embestidas nobles y llenas de clase. Otro buen novillo fue el tercero, que repitió incansable sus embestidas hasta llegar a atosigar a su matador. El cuarto se resintió de una fortísima voltereta y a pesar de que apuntó una buena condición, no pudo terminar de romper. El colorado quinto también tuvo cuajo, y se movió, aunque siempre por la línea de la exigencia,  con aspereza y una cierta violencia, protestando y soltando la cara más de lo deseable, tan correoso como duro de patas. Y el sexto fue y vino, si bien también pareció faltarle un puyazo, como a alguno de sus hermanos.
Los actuantes mostraron variedad de estilos y diversos grados en su preparación, y ofrecieron una entretenida tarde de toros. Encabezaba el sexteto Lucas Miñana, de la escuela taurina de Beziers, quien se mostró como torero de excelente planta. Se fue a la puerta de chiqueros a recibir a su antagonista a portagayola. Luego, su muletear transitó por la línea de la templanza y el empaque, aunque se perdió en un trabajo algo desigual y que estuvo pésimamente rematado con los aceros.
El alicantino Kevin Alcolado puso sobre el albero valenciano mucho entusiasmo y deseos. Con todo, se trata de un novillero todavía muy en agraz, escasamente placeado y que se vio desbordado por su oponente en diversas ocasiones. Con todo, no dejó de plantar cara y lo mejor que hizo fue manejar los aceros con contundencia.
A Valentín Hoyos, de la escuela de Salamanca, se le vio como un torero enterado y con oficio. Se nota que tiene la lección bien aprendida y que torea mucho en el campo. Anduvo por la plaza con firmeza y asentamiento, tiene gustos y recursos, aunque pecó de un cierto encimismo y de un punto  acelerado en su torear.
El alumno de la escuela de tauromaquia de Valencia Jordi Pérez volvió a poner de manifiesto su carácter de novillero a la antigua usanza, sobrado de raza y entrega y con unas tremendas ganas de ser. Con todo, no dispuso de muchas opciones, ya que su antagonista, muy resentido de una voltereta sufrida en el primer tercio, tendió a defenderse más de la cuenta. Pero a base de tesón y porfía, la faena acabó de tomar vuelo, sobre todo por la mano izquierda. Evidenció progresos en su formación.
 
Jorge Martínez, de la escuela taurina de Almería, es un rubio espada de buena planta. Muleteó con buen aire y tratando de hacer siempre las cosas por la vía de la ortodoxia. Sufrió tres fuertes volteretas que no hicieron mella en su decisión.
Completaba el sexteto el algecireño Francisco Fernández, quien lanceó con gusto con el capote, firmando dos excelentes medias. Luego toreó con personalidad y expresión, y algunos pases de pecho tuvieron impronta. El muchacho tuvo gracia hasta cuando daba una giñá. Pero falló de modo clamoroso con las armas toricidas.
Cronica de Enrique Amat
 Fotografias de Mateo. Tauroimagenplus