UNA SENTIDA FAENA DE FERRERA A LOS SONES DE CONCHA FLAMENCA

Lunes, 19 de marzo de 2018. Plaza de toros de Valencia.
Menos de media entrada en tarde lluviosa. Toros de Victoriano Del Río, desiguales  de presentación y de buen juego. Al cuarto se le premió con la vuelta al ruedo. Antonio Ferrera (celeste y oro), silencio y vuelta tras dos avisos.
Ginés Marín (gris plomo y oro), saludos tras aviso y saludos. José Enrique Colombo (blanco y oro), oreja y tras aviso y vuelta tras petición.
Presidió Luis Maicas. Pesos de los toros por orden de lidia: 538, 522, 510, 535, 527 y 516 kilos. Ferrera fue atendido en la enfermería de un corte en el dedo índice de la mano derecha que necesitó tres puntos de sutura.
Se cerró una triunfal feria fallera con un festejo, en el cual la asistencia de espectadores fue mucho más que discreta. Entre el frío de la tarde, la lluvia y el cartel, que no se antojaba el adecuado para el día grande de la fiesta, lo cierto es que los tendidos del coso valenciano se vieron muy despoblados. Una de las peores entradas que se recuerdan en la historia de esta plaza para esta fecha.
El encierro de Victoriano del Río estuvo algo desigualmente presentado, y su juego resultó variado. El castaño primero, terciado y sin remate, apenas enseñaba las puntas. Tras dos picotazos, llegó al tercio final yendo y viniendo, aunque quedándose corto y sin emplearse. El también castaño segundo se fue con alegría al caballo y tuvo tranco en banderillas y en el comienzo de la faena de muleta. Se desplazó con cierta clase, aunque fue a menos.
El negro tercero se dejó pegar en varas. Tuvo bravura y transmisión, y se desplazó con celo, alegría y prontitud por los dos pitones si bien terminó desarrollando sentido.
El cuarto, de nombre Jarretero, marcado con el número 75, negro mulato, también fue al caballo con alegría y llevó al último tercio con calidad, son y templanza en sus embestidas dando un excelente juego, muy ayudado por su matador, y al que le faltó un poco más de fiereza y finales. Fue premiado con la vuelta al ruedo. Un galardón  que se antojó algo generoso. El quinto fue y vino, pero sin ningún tipo de clase, siempre saliendo desentendido de los embroques y con la cara arriba. Y el sexto se dejó pegar en el caballo, en el que metió los riñones, si bien luego en la muleta se rajó y tendió a buscar el abrigo de las tablas, y concluyó por salir huyendo y despavorido.
Antonio Ferrera, quien está atravesando ahora una etapa de madurez y templanza, no quiso banderillear a ninguno de los de su lote.
A su primero  le muleteó fuera de la rayas con oficio, seguridad y limpieza, en un trabajo cumplidor y suficiente aunque de escaso eco que remató de una estocada rinconera.
Y a los sones del pasodoble “La concha flamenca” y bajo una intensa lluvia, muleteó al cuarto con expresión, templanza, sentimiento, cadencia y armonía por ambas manos, en un trabajo acompasado y sentido de excelente nota, en el que ayudó mucho a romper hacia adelante a su antagonista. Fue el gran momento de la tarde.
Ginés Marín es uno de los nuevos valores llamados a tomar el relevo del escalafón. Se lució toda la tarde por su variado y empacado manejo del capote. A su primero, que le cogió aparatosamente en un quite de la media luna,  lo trasteó con gusto y templanza, en una labor de torero firme y sobrado de actitud, que no terminó de tomar vuelo y que estuvo mal coronada con los aceros.
Y firmó una faena compuesta y cumplidora ante el quinto, bien concebida pero que no tuvo continuidad ni remate, cuando el albero ya se encontraba totalmente anegado.
Debutaba en Valencia como matador de toros Jesús  Enrique Colombo. El año pasado, en esta misma plaza, sufrió una cornada el día que se despedía de novillero antes de su alternativa en Zaragoza.
Lanceó con variedad y banderilleó con exposición, siendo cogido en el tercer par. En el tercio final mostró oficio, facilidad y buen aire, y mató de un colosal volapié perdiendo el engaño. Y no dejó de intentarlo con ilusionada entrega ante el rajado sexto, al que no banderilleó ante lo impracticable del piso, convertido en un lodazal, y le supo buscar las vueltas con recursos tratando de arrancar la oreja por todos los medios. Mató de una estocada caída.
 Cronica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo. Tauroimagenplus