Una feria de caña y oro

Albacete, 12  de septiembre. Quinta de feria. Tres cuartos de entrada.
Toros de Torrealta, serios y con presencia y de buen juego en conjunto.
Antonio Ferrera (de ciruela y oro),  silencio y ovación.
El Fandi (de púrpura y oro), oreja con aviso y silencio con otro aviso.
Rubén Pinar (de crema y oro), oreja y oreja.
De las cuadrillas destacaron Mingo, Candela y Carretero.

La feria de Albacete sigue desarrollándose de forma brillante y a diario ha dejado abundantes notas de interés, mayoritariamente con color local, pues hasta ahora son los toreros de la tierra los que han logrado los mayores y más significativos triunfos. El color de la feria es, desde luego, caña y oro, la ya famosa y mítica combinación con la que siempre se identificará a Dámaso, a cuya estela siguen saliendo toreros del lugar.

Algo más claro, crema, fue el color con el que ayer se vistió Rubén Pinar, triunfador de las ferias de los dos últimos años, y que tras su triunfo de ayer, lleva camino de repetir y ya son cinco las veces consecutivas que sale a hombros de esta plaza. Fue la suya una actuación técnicamente perfecta y de valor seco y sereno, sin volver nuca la cara y entendiendo a sus oponentes. Meció con suavidad y manos bajas el capote al recibir a su primero y se hizo ovacionar con las chicuelinas con que quitó. Plantó sus reales poco más allá de la raya del tercio para torear con esa facilidad tan difícil de lograr ante un animal que de vez en cuando apuntaba a sus muslos. Machacón y terne, toreando de arriba abajo, con mando y autoridad, metido al final entre los pitones, remató una faena de mucha enjundia que fue pobremente recompensada con una oreja.
Otra se llevó del sexto, con el que también gustó al torear de capa. Aunque mansito en varas, el toro fue pronto y codicioso, ayudando Pinar no poco para impedirle que se fuese a tablas, llevándole siempre metido en el engaño, templadísimo, vaciando las embestidas atrás, muy atrás en naturales interminables y sin permitir ni un enganchón. Iba vestido de crema y oro pero por momentos pareció que su traje era del color de la caña.

También tocó pelo El Fandi, al que se le podrán discutir muchas cosas pero nunca su entrega y ganas de agradar. Y a eso se aplicó también ayer. A sus primero -puede que el de mejor son de una muy seria y bien presentada corrida de Torrealta, con ejemplares que embistieron y tuvieron un nivel notable- le recibió con dos largas de rodillas y otras tantas verónicas asímismo genuflexas. Banderilleó con su habitual derroche de facultades físicas, clavando muy reunido y arriba, y muleteó dando mucho sitio al toro y mucha fiesta a la gente, de la que buscó su complicidad pidiendo música y dejando un trasteo típico en él, primando la cantidad y el continente.
Volvió a estar voluntarioso y destajista con el cuarto, y aún en el mismo palo, la cosa ya sonó más irregular pese al mucho rato que estuvo ante el toro.

Antonio Ferrera anduvo parsimonioso y con templanza ante su noble y flojo primero, al que cuidó y llevó con no poco mimo, dejándole respira y sin agobios en busca de un lucimiento que llegó de forma intermitente en un quehacer suave que se fue apagando conforme lo hacía el de Torrealta.
El cuarto se llevó una buena paliza en el caballo pero, con todo y esa tunda, llegó al último tercio con fuelle y buscando pelea, persiguiendo la muleta del torero extremeño aunque le costaba llegar hasta el final. Hubo muletazos ligados y estéticos, con gusto y cadencia pero la cosa no acabó de romper.

 

Cronica de Paco Delgado , Avance Taurino
Fotografias de Mercedes Rodriguez