UN TORERO RECUPERADO 

Sábado, 16 de marzo de 2019. Plaza de toros de Valencia. Lleno en tarde soleada. Toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación y en general desfondados. Destacaron (4º y 5º). Enrique Ponce(pastel y oro), silencio, oreja y saludos. Paco Ureña (rosa y oro) silencio tras aviso, oreja y ovación tras aviso. Actuó como sobresaliente Víctor Manuel Blázquez (marino y oro), quien le hizo un oportunismo quite de peligro a Mariano de la Viña tras poner un par al quinto. Presidio Luis Maicas. Pesos de los toros por orden de lidia: 542, 534, 533, 540, 520 y 560 kilos.

Al finalizar el paseíllo se hizo entrega de una placa por parte de la Diputación de Valencia a Santiago López, con motivo del 50 aniversario de su alternativa. Y el público hizo salir a saludar a Paco Ureña antes de comenzar la lidia.

Ante la baja de José María Manzanares por lesión, la empresa decidió dejar el cartel en un mano a mano entre Enrique Ponce y Paco Ureña. Lo cierto es que no hubiera venido mal la intervención de un tercer espada. Sobre todo, porque en este mano a mano no había ningún tipo de posible competencia entre los dos espadas. Se trataba de un enfrentamiento tan artificial como morganático, que  no respondía al espíritu de competencia y de duelo que suelen tener los mano a mano. O los que han tenido lugar a lo largo de la historia, con parejas tan importantes de toreros como Lagartijo y Frascuelo, Bombita y Machaquito, Joselito y Belmonte y Manolete y Arruza, por citar algunas de las más sobresalientes.

Los astados elegidos por los actuantes, de la ínclita y nunca bien ponderada ganadería de Juan Pedro Domecq, cumplieron con el guión. Muy desiguales de presencia, Bajitos de Raza y desfondados, artistas en su conjunto, anduvieron muy justos de todo. No tuvieron ninguna emoción, aunque se dejaron, que es el adjetivo que tanto les gusta los taurinos de hoy en día.

Toros artistas

Romaneó y se dejó pegar en varas el grandón y descarado primero, que empujó con un solo pitón en la segunda entrada. A la muleta llegó escaso de fuerzas, con nula emoción, prodigando cortas embestidas y echando la cara arriba ante su falta de poder.

Muy justo de presencia el colorado y ojo de perdiz lidiado en segundo lugar, al que apenas le propinaron dos refilonazos que no dieron ni para un análisis de sangre. Muy noble aunque justo de raza y de fuerza, fue y vino aunque siempre rebrincado, soltando la cara y defendiéndose. Preciosas hechuras tenía el tercero, un dije que embistió con derechura en el capote. Renegó en el peto, corneando pero sin dejarse pegar. Sin emoción y escaso de poder, fue y vino tendiendo a rajarse pero lució más muy ayudado por su matador.

El cuarto tampoco se empleó demasiado en el caballo. Escaso de poder, echó las manitas por delante, si bien luego llegó el tercio final desplazándose con calidad y buen son por los dos pitones. Tuvo más prontitud y viveza el quinto, que además tuvo virtud de la fijeza y la movilidad, aunque no duró demasiado. Fue muy aplaudido en el arrastre. Y el cierraplaza  no acabó de emplearse en el caballo, pero luego tomó las telas humillando, repitiendo y siempre embebido en los vuelos de la muleta. Le faltó un tanto así de poder, lo que hizo que echase la cara arriba. Y se aplomó antes de lo deseable.

Orfebrería

Enrique Ponce afrontaba el primero de sus dos compromisos en este ciclo fallero.  Anunciado con dos de sus ganaderías predilectas, eso sí.  Hierros que lleva estoqueando repetidamente en esta plaza a lo largo de los últimos años. Por ello, Enrique pudo poner de manifiesto esa tauromaquia que tanto se le aplaude. Esa de cuidar los toros, de hacer labor de enfermero, de tener un increíble y admirable pulso para que no se le caigan, de templar y acompañar, de inventarse toros que parece que no existen.

Al que abrió plaza, que brindó a Paco Ureña, le firmó un trasteo por los dos pitones, pulcro y limpio, en el que lo intentó si bien aquello no tomó vuelo ante el escaso relieve de su oponente. Mató de un pinchazo y de un espadazo tendido y muy desprendido.

Lanceó rodilla en tierra al tercero, con torería y sabor. Y luego le firmó una labor de acompañamiento, pinturera y lucida, en la que no molestó nada a su oponente, y con la virtud de llevarle cosido en los vuelos de la muleta. Una faena abundante y muy estética, pero escasa de emoción. Mató de una estocada muy desprendida.

Y cuajó al excelente quinto, en un trabajo de torera apertura y en el que luego aprovechó las excelentes embestidas de su oponente para torearlo a placer en una labor de largo metraje. Un trabajo de orfebrería poncista que contó con el apoyo incondicional  del público. Pero al final falló repetidamente con el estoque, y lo que iba para triunfo se diluyó.

Vuelve el torero

El murciano Paco Ureña volvía a los ruedos después del grave percance que sufrió el año pasado en la plaza de toros de Albacete y que le costó la pérdida de su ojo izquierdo. Ureña regresaba además a una plaza como la de Valencia, en la que ha protagonizado emotivas, heroicas y hasta épicas actuaciones a lo largo de los últimos años. En la retina del aficionado todavía quedan impactantes imágenes del coletudo murciano hecho un Ecce Homo. 

Firmó como carta de presentación un ajustadísimo quite de frente por detrás en el que abrió plaza. Luego, a su primero lo muleteó con firmeza, templanza y buen aire, en un trabajo voluntarioso y compuesto pero que no tuvo mayor relieve y en el que mató a la última.

Torería y gran intensidad tuvo su apertura de faena al cuarto, en un trasteo muy asentado de plantas, muy encajado y por momentos rota la cintura. Su labor alcanzó mayor nivel con la mano izquierda, con la que toreó con templanza y profundidad, gusto, despaciosidad  y relajo. Mató de un pinchazo y una sensacional estocada.

Y también lo intentó ante el sexto, en una labor que no pudo tener continuidad ni vuelo porque su oponente se paró pronto. Con todo, pisó terrenos de cercanías y tuvo el mérito de aguantar parones y tarascadas. Y quiso rematar la faena a base de consentir y tragar, abrochando con unas ajustadas manoletinas. Pero su respectivo fallo con las armas toricidasle privó de mayores recompensas.

Tras estoquear al primero,Enrieque Ponce fue atendido en la enfermeria de una herida incisa oblicua de arriba abajo y de dentro afuera en el surco labial de unos 4 centimetros, entre el orificio nasal

derecho y en el labio superior. se suturo bajo anestesia local. Pronostico leve.

Cronica de Enrique Amat

Fotografias de Mateo.Tauroimagenplus