Triunfos de Javier Camps y de una excelente novillada de El Parralejo

Domingo 14 de julio. Plaza de toros de Valencia. Media entrada en tarde calurosa. Erales de El Parralejo, bien presentados, sobrados de cuajo y presencia y de buen juego. Al cuarto y al quinto se les premió con la vuelta al ruedo. Manuel Perera (Escuela de Badajoz), silencio. Jorge Rivera (Escuela de Castellón), oreja. Julio Alguiar (Escuela de Málaga), palmas. Javier Camps (Escuela de Valencia), dos orejas. Guillermo Corbacho (Escuela de Algeciras), oreja. Germán Vidal “El Melli” (Escuela La Gallosina de El Puerto de Santa María), aplausos.
Entre las cuadrillas se lucieron banderilleando Alvaro Coso y Nek Pérez, quien además estuvo bien colocado toda la tarde. Presidió Pedro Madrigal.
El segundo festejo del III certamen internacional de escuelas taurinas que se está celebrando en la plaza de toros de Valencia volvió a contar con una más que notable y destacada asistencia de espectadores. Si en estos festejos se trata de promocionar la cantera de toreros y sembrar la afición entre los más jóvenes aficionados, los objetivos que están consiguiendo.
Ahora hace falta que los jóvenes se vayan consolidando. Y que haya relevo en el escalafón. Que no pase como en el tenis, donde el trío formado por Rafael Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic sigue mandando desde hace más de tres lustros, sin que venga nadie que les haga sombra y que gane un torneo de importancia. La final de ayer, que se llevó el serbio, no constituye una excepción, lo mismo que sucedió en Roland Garros y en el abierto de Australia.
Eso sí, las escuelas sólo pueden cumplir una labor formativa, como la de generar buenos profesionales tanto en la plaza como fuera de ella. Que luego estos acaben por triunfar y consolidar su carrera profesional, es otra historia. Pero, por lo menos, poner los cimientos, que es lo que están haciendo. Y luego empresas como la de Valencia, dándoles oportunidades.
Los astados del hierro de El Parralejo lucieron parejas y bonitas hechuras y su juego resultó más que notable. El primero, bien presentado y con preciosa lámina, tuvo un gran fondo de nobleza, aunque le fallaron las fuerzas. Pero fue afianzándose durante la lidia y acabó yendo a más. Sirvió. El también bonito segundo embistió con templanza y son por ambos pitones. Obedeció, siguió los engaños con celo y humilló una enormidad. El burraco tercero se salió suelto, huido y abanderó en  los primeros compases de lidia. En el tercio final no dejó de gazapear. Distraído y suelto, no paró de defenderse en ningún momento.
El cuarto, de nombre Indiano, también dio un excelente juego, con movilidad, clase y fijeza. Y tampoco le fue a la zaga el quinto, Cominito, que se vino de muy largo a los engaños, con unos viajes también muy largos, repitiendo las embestidas y quedándose colocado para el siguiente muletazo. Tan bravo y noble como repetidor. Y el castaño sexto, asimilado muy bien presentado, no desmereció de sus hermanos y embistió de largo a las telas, con fijeza y repitiendo.
Abrió plaza Manuel Perera, alumno de la escuela taurina de Badajoz, quien lanceó a su oponente con las dos rodillas en tierra.También de forma genuflexa inició el trasteo, en el que poco a poco, y a base de oficio y excelente compostura, fue haciendo entrar en faena su oponente. Sobresalió sobre todo al torear al natural.
Jorge Rivera, de la Escuela de Castellón, firmó un trabajo presidido por la ligazón. Entonado, lúcido y suelto, supo aprovechar las excelentes condiciones de su oponente, aunque mató de un feo espadazo.
Julio Alguiar, de la Escuela de Málaga, se presentó  en Valencia perfectamente vestido de torero. Saludó a porta gayola su oponente, que luego no le dio facilidades con el capote. Con la muleta plantó cara con disposición al novillo, en una labor en la que puso de manifiesto tener valor y un buen concepto, aunque su trabajo no terminó de tomar vuelo.
Mató de dos pinchazos y una estocada con asomo.
Javier Camps, de la Escuela de Valencia, firmó  una labor presidida por la ligazón, la templanza y una muy distinguida apostura y expresiva firma. Una faena de excelente nivel que puso de manifiesto una más que notable progresión en el torero valenciano.
Guillermo Corbacho, de la Escuela de Algeciras, es un espigado novillero quien lució por su ligazón y por su interpretación vertical de la tauromaquia. Asentado y firme, toreó con sentido y expresión.
Y Germán Vidal “El Melli”, de la Escuela La Gallosina de El Puerto de Santa María, comenzó su trasteo al cierra plaza sin probaturas en el mismo platillo del coso. Y luego lo trasteó también con ligazón, soltura y  buen corte, en un trabajo en el que trató siempre de llevar muy largo a su oponente.
 Cronica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo .Tauroimagenplus