TRIUNFAL EPÍLOGO DE LA FERIA

Domingo, 1 de octubre de 2017. Plaza de toros de Algemesí. Novena y última de feria. Lleno en la tarde entoldada.Novillos de Los Bayones y Garcigrande, de correcta presentación y juego desigual. Destacó por su juego el quinto. El rejoneador  Mario Pérez Langa, dos orejas y rabo. Diego Carretero (grana y oro), oreja y oreja. Marcos Pérez (grana y oro), oreja y oreja.
Actuó como sobresaliente Víctor Manuel Rodado (naranja y azabache). Presidió la alcaldesa de la ciudad, Marta Trenzano.
Concluyó con éxito la feria de novilladas de Algemesí. Un ciclo que se ha celebrado con el habitual buen ambiente tanto en los tendidos como en la calle. Perfectamente organizado por la comisión presidida por Carlos Esquer. Y cuyo balance se puede considerar no más que discreto, en lo que hace referencia a su resultado artístico.
Dejando al margen lo sucedido ayer, entre lo más sobresaliente destacan las actuaciones de los rejoneadores Ana Rita y Juan Manuel Munera. La portuguesa rayó a un gran nivel y cortó hasta un rabo. Entre la torería andante, lo más brillante lo firmó Angel Sánchez ante un extraordinario novillo de Flor de Jara. También abrió la puerta grande el extremeño Mario Palacios tras desorejar sendos ejemplares de Aída Jovani. Los líderes del escalafón, Leo Valadez y Jesús Enrique Colombo, mostraron su preparación para mayores empresas pero sin romper ningún molde. Y entre los alumnos de las escuelas, sorprendió Jorge Pérez Presencia y triunfó con fuerza el mexicano Juan Pedro Llaguno.
Entre las ganaderías, Flor de Jara lidió ejemplares de buena nota, el mejor Mocoso, premiado con la vuelta al ruedo. También sirvieron para los toreros los utreros de Lagunajanda. Complicados los de Partido de Resina, apuntaron su excelente fondo los de Aida Jovani, tuvieron buena nota los erales de Nazario Ibáñez y se dejaron los de Alcurrucén.
Ayer tocaba el turno a la divisa de Garcigrande, propiedad de Domingo Hernández. El primero era un torito, recortadito, y cornicorto. Se dejó pegar en el caballo, aunque renegó en un principio. Luego llego a la muleta pastueño, noble y repetidor, aunque  escaso de pujanza y tendiendo a irse suelto de los embroques.
Más cuajo tenía segundo, que ya salió abanto de chiqueros. Muy distraído y huyendo, se fue despavorido de sus dos encuentros con el piquero de tanda. Sin embargo, luego llegó al tercio final con un viaje largo, embistiendo con alegría y prontitud, repitiendo las embestidas y metiendo la cara humillando una enormidad.
Se enceló en el caballo el cuarto, un ejemplar largo y delantero de cuerna que se dejó pegar.
Luego, ante la muleta tendió a defenderse, a quedarse corto y siempre reponiendo. Y el que cerró feria fue un ejemplar castaño bociblanco, cómodo por delante y que apenas recibió castigo en varas. Luego lució un excelente tranco en banderillas y galopó con fijeza y celo, humillando y con viajes largos y embebido en los vuelos de la muleta, aunque al final terminó por rajarse. El de rejones de Los Bayones fue un ejemplar lustroso y muy bien hecho, que persiguió a las cabalgaduras y tuvo bravura y celo.
El rejoneador aragonés Mario Pérez Langa, otrora  triunfador en esta misma plaza, firmó una actuación entregada y comunicativa. Colocó dos rejones de castigo al quiebro, uno de ellos con la enseña de la semana de bous de Algemesí y otro con los colores del pañuelico aragonés.
Quebró y dejó llegar mucho al novillo. Con todo, su actuación pecó de eléctrica, destemplada, muy temperamental y exhibiendo una monta violenta y crispada. Sobraron dus gritos y sus gestos histriónicos y le faltó clavar las farpas más reunido y arriba. Eso sí, remató de un rejonazo arriba de efectos fulminantes que provocó el delirio entre el público. Cortó un rabo pero su actuación, muy entregada, fue excesivamente esperpéntica.
El espada de Hellín Diego Carretero se mostró como un torero con una interesantísima concepción de la tauromaquia. Muy asentado y con firmeza de plantas, manejó las telas con excelente son y con un gran sentido de la colocación y del temple. Ante el que abrió plaza firmó un trabajo limpio, templado, solvente y suficiente, que remató de una media estocada en el sitio.
Y lanceó con gusto y compostura al cuarto, ante  el que rubricó una labor sería, muy lúcida, con frescura de ideas, de torero puesto y profesional y sabiendo buscar las vueltas y resolver las dificultades que le planteaba su oponente. Volvió a matar de media estocada buena que fue suficiente para dar con los huesos del novillo en tierra.
El espigado Marcos Pérez, nieto del ganadero de la tarde, tuvo el gesto de salir envuelto en una bandera de España en lugar de capote de paseo. Y lo mismo hizo su cuadrilla en medio de la ovación de los asistentes.
Frente a su primero, anduvo pegando muchos pases en una labor que estuvo muy por debajo de las excelentes condiciones del novillo. Marcos muleteó siempre con el engaño retrasado, citando al hilo del pitón, toreando de abajo arriba y de dentro afuera, tendiendo a desplazar a su oponente en vez de reunirse con él. Como oficio no le falta, solventó la papeleta, pero mostró muchos vicios en su forma de torear.
Recibió con dos faroles de rodillas al quinto, al que hizo un vibrante saludo capoteril.Brindó su muerte al ganadero Domingo Hernández, su abuelo. Comenzó su faena con pases cambiados en el platillo. Muleteó con ligazón y soltura, aunque a la faena le volvió a faltar reunión, y torear más para dentro. Siempre al hilo del pitón y desplazando al novillo hacia fuera, no terminó de aprovechar las excelentes condiciones de este Narrador. Mató de media estocada y un descabello.
 Cronica de. Enrique Amat
Fotografia de  .Tauroimagenplus. Mateo