Tertulia Taurina en el Colegio Mayor Universitario Albalat de Valencia

El Colegio Mayor Universitario Albalat de Valencia que dirige Arturo Torres y del que es residente Antonio Domecq, hijo del rejoneador del mismo nombre, fue escenario de una tertulia, cuya organización corrió a cargo del también residente Jaime Rabell, en la que el matador de toros valenciano Vicente Ruiz el Soro hizo un repaso trayectoria taurina.

Presentado por quien suscribe estas líneas, Vicente  hablo de sus comienzos en la profesión, e hizo hincapié en la importancia del afán de superación, el espíritu de sacrificio, el esfuerzo y el saber venirse arriba ante las adversidades.

Tras proyectarse un video sobre su reaparición en la plaza de toros de Xátiva el 17 de agosto de 2014,  Vicente comentó lo que vivió aquellos días: “La vida es muy bonita, pero muy dura. Pero hay que afrontarla mirándola siempre de frente. Cuando sufrí la lesión, se me partió la vida por la mitad. Tuve que dejar de torear. Tuve  que pasar por 37 operaciones. Visite todo tipo de especialistas. En Inglaterra me dieron ya por desahuciado. Hasta que llegue a Valencia y los doctores Cavadas y Rafael Albert obraron el milagro.”

Aunque para Vicente no fue fácil. “Tuve que reunir una fuerte cantidad de dinero para costear la operación, que gracias a mis compañeros toreros y ganaderos pude reunir. En principio no daban un duro por mí. Apenas un 20% pero eso me basto para tirar para adelante. Si no hubieran salido las cosas, lo hubiera aceptado por ser la voluntad de Dios.  Pero salió bien. Y aunque tengo una pierna siete centímetros más corta que la otra, a base de tesón, esfuerzo y creer en mí y la fe en Dios, pude volver a torear. No buscaba dinero, ni halagos. Solo dar testimonio de que con fe y esfuerzo, se pueden conseguir los objetivos que uno tiene en la vida. Don Javier Santos, capellán de este colegio, me lleva ayudando más de 30 años en esto.”

Vicente también se refirió a la figura de Francisco Rivera Paquirri. “Era una gran figura del toreo cuando yo empezaba. Me fui a vivir con él la finca Cantora para entrenar. Y verle fue todo un ejemplo para mí. De constancia, de espíritu de sacrificio, de profesionalidad, de esfuerzo. Aquello me sirvió mucho, porque vi en el camino que tenía que seguir si quería ser figura del toreo. Vivir su muerte en directo me impresionó mucho. Pero fue un ejemplo como la afronto, con que serenidad, con qué paz. Luego pasó lo de Yiyo, quien también toreaba con nosotros aquella tarde, y aquello te hace plantearte muchas cosas. Pero el destino lo tenemos escrito. Y hay que aceptarlo.”

 Cronica de Enrique Amat