Talavante no hace prisioneros

Albacete, 17 de septiembre. Décima y última de abono. Casi lleno.

Toros de Parladé, justos de presentación y fuerza. Nobles y manejables.

El Juli (de tabaco y oro), división de opiniones y palmas con algunos pitos.
Miguel Ángel Perera (de caldera y oro), ovación y oreja.
Alejandro Talavante (de negro y oro), oreja y oreja.

De las cuadrillas destacaron Curro Javier, Valentín Luján y Juan José Trujillo.

 

 

Se cerró la feria de Albacete con una corrida que, pese a ser lunes y ya un día laborable a todos los efectos, registró una gran entrada, estando muy cerca del lleno. Público, y aficionados, que presenciaron cómo un torero que anda haciendo la guerra por su cuenta anunció que piensa seguir adelante y que no va alejar en su empeño. Alejandro Talavante, que tras la ruptura con sus apoderados va por libre, dejó claro que no renuncia a nada y que no dará su brazo a torcer.

Fue el gran triunfador de este broche final de una feria que le tiene a él como ganador del pasaporte a la octava puerta grande del serial, pese a que el juego dado por el ganado de Parladé, justo de presentación y fuerza, mansón, y desarmado pero noble y manejable, no dio para muchas alegrías. Recibió a su primero, un sardo que fue el más notable de la tarde, con largas a una mano, muy a la antigua usanza, comenzando su faena de rodillas en el centro del ruedo con un pase cambiado por la espalda y un manojo de derechazos. Ya en pie dejó una tanda de excelentes naturales, largos, ligados y con impresionante quietud, metiendo los riñones y usándose al toro muy cerca. Y la misma fórmula utilizó al torear por el pitón derecho, inmóvil y estoíco en una faena breve pero intensísima, con el run run del publico como fondo y confirmando que allí había pasado algo.
El sexto tuvo menos entereza, doblando ya en el capote. Tuvo voluntad de embestir pero le fallaron las fuerzas. Le ayudó mucho su matador, llevándole a media altura y con suavidad y mimo, templando mucho y dándole tiempo y confianza, sacando un par de series por cada pitón con enjundia y sabor, estirando que quehacer hasta que el animal se rajó y se aculó contra las tablas

Otra oreja se llevó Miguel Ángel Perera del quinto, corretón y suelto y sin hacer migas con el caballo. Fue su trasteo bastante intermitente, con fases en las que hubo muletazos de buen trazo y mucha extensión con otras en las que descargó mucho la suerte. No terminó de estar convencido el toro, que, sobre todo por el pitón izquierdo, se quedó corto y amagó derrotes. Tuvo Perera que meterse entre los pitones para amarrar una oreja pese a que la espada cayó baja.
Su primero derribó al caballo contra las tablas y le dio luego un par de revolcones por la arena, quedándose sin picar. Se arrancó de lejos, con alegría y buen son pero claudicó en cuanto el torero le bajó la mano. Bajó Perera una marcha y ya no acabó de acoplarse.

Con el tan noble como flojito primero, El Juli toreó a placer, en una faena tan almibarada y fácil, tan sin emoción, que no llegó a decir nada.
No quiso irse de vacío pero tampoco logró entenderse con el cuarto, muy justito de todo y al que citó muy en corto, sin que el astado admitiese tanta cercanía y sorprendiendo mas de la cuenta a un torero que no estuvo cómodo.

 

Cronica de Paco Delgado .Avance Taurino

Fotografias de Mercedes Rodriguez