Tal dia como hoy .

Cuernos del miedo.

Antequera, 20 Agosto 1989

El viaje de Málaga a Antequera es un agradable paseo en coche de cincuenta minutos por una carretera excelentemente pavimentada. Así que en aquella mañana del día 20 de Agosto no teniamos que despertarnos muy temprano para estar en la plaza de toros antes del mediodía. Esta, y debido a la celebración de sus 150 aniversario, habia sido blanqueada y pintada y ahora brillaba en el sol andaluz como una joya recién pulida. A pesar de la bien publicitada corrida, el ambiente en las taquillas era sorprendentemente tranquilo, y no encontré nin-gún problema para conseguir unas buenas entradas para el festejo.

Por todas partes nos rodeaban barrenderos limpiando las calles. En el centro de una rotonda, un policía se ocupó dirigiendo el tráfico. Era obvio que la ciudad se estaba preparando para un gran evento.

“¿Esperan ustedes alguna realeza?”, le pregunté a dos ancianos que se inclinaban sobre una barrera. “Casi”, me dijo uno de ellos amablemente. “Realeza taurina. Maestro Chenel y el Faraón de Camas.”

Esa tarde, un espléndido Antoñete cortó tres orejas, mientras que Curro Romero sólo necesitó diez pases para confirmar su inmortalidad. Diez interminables pases, por los que se le concedieron las orejas y el rabo del animal.

Cuando los matadores dieron una vuelta triunfal, una ola de pañuelos blancos los acompañó. Algunos jóvenes se bajaron de los tendidos, intentando levantar a los dos a hombros. Y cuando salimos del redondel, la gente bailaba por las escaleras. En la calle se recorbada y rememoraba la corrida. Un aficionado imitaba al toro, mientras que otro utilizó su chaqueta para hacer pasar con elegancia unos simulados pitones. “¡Olé mi Curro!” “¡Olé Antoñete!”

Dos meses después, me encontré con una socia de la peña holandesa que me dijo: “He leído tu crónica sobre esa maravillosa corrida. ¿Recuerdas que tengo un estudio en Antequera? Así que conozco a algunos de los empleados de la plaza.” Me entregó una bolsa de plástico. Dentro estaban un par de cuernos. “Son del último toro de Curro”, dijo. “De él que le cortó el rabo.”

Cronica de Pieter Hildering

 

 

Fotografias Archivo agencias