SEIS OREJAS Y SEIS TORETES

Viernes, 29 de marzo de 2019. Plaza de toros de Castellón. Lleno en tarde soleada y fresca. Toros de Juan Pedro Domecq, muy justos de presentación, desfondados y manejables. Destacó el quinto. El Fandi (verdegay y oro),oreja y oreja. José María Manzanares (burdeos y oro), saludos y oreja tras aviso. Roca Rey (cobalto y oro), dos orejas y oreja. Entre las cuadrillas destacó la lidia al segundo de Daniel Duarte. Presidió José Antonio Gracia. Pesos de los toros por orden de lidia: 503, 517, 482, 495, 527 y 509 kilos.

El cartel estrella de la feria de la Magdalena de Castellón concitó una masiva asistencia de aficionados. A la hora de comenzar el festejo, no cabía un alfiler en los tendidos del centenario coso castellonense. Incluso el tendido de los sastres de los edificios adyacentes a la plaza de toros se verían colmados de aficionados. La presencia en el cartel de Roca Rey, el auténtico líder del escalafón, y el torero más taquillero de los últimos años, lo hizo posible y propició que la plaza se llenase.

El ciclón de los Andes lanceó de salida por chicuelinas a su primero, rematando con sendas largas. Un quite de frente por detrás ajustadísimo puso a la gente en pie. Tras un infame tercio de banderillas de su cuadrilla, abrió su faena con las dos rodillas en tierra en el platillo. Luego muleteó con un gran dominio de la puesta en escena. Con parsimonia, pausa, templanza, dando las distancias al toro, y manejando los tiempos a la perfección. Dejó refrescar a su antagonista, recuperarse, y lo llevó muy embebido en los vuelos de la muleta. Lo templó y consiguió que persiguiese los engaños y no perdiese las manos. Los pases cambiados, y los adornos marca de la casa pusieron el público en pie.

Insultante poderío y tremenda capacidad.

Fue cogido al hacer una quite a su segundo. De la voltereta se levantó espoleado y lo volvió a hacer. Luego abrió el trasteo con un pase cambiado por la espalda en el platillo. De nuevo con parsimonia lo muleteó con el sentido de las distancias y los tiempos. A base de arrimarse y consentir, y pisar terrenos de cercanías, fue capaz de sacar agua de un pozo sin fondo.

Los toros, en esta ocasión de Juan Pedro Domecq, como suele ser habitual en estos carteles de figuras, desempeñaron un papel secundario. En estos festejos la gente está más pendiente del ídolo. Y el elemento toro pasa ser una mera comparsa. Por ello, ni la presentación ni el juego de los astados es relevante.

Justito de presencia y escaso de fuerza el  colorado que abrió plaza, al que apenas se le dió un refilonazo en el caballo. Noble, pastueño, aborregado y escaso de fondo, tuvo un poca fuerza y nula entidad.

Tampoco se tenía en pie el segundo, que asimismo recibió un refilonazo en el caballo. Luego se derrumbó varias veces durante la lidia. Quiso, tuvo calidad en el fondo pero no pudo. Abanto de salida y distraído el terciado tercero, al que en varas no le sangraron ni para un análisis. Desparramando y desentendido, no paró de buscar la salida durante toda su lidia. Si le hubieran abierto la puerta, si hubiera ido al Casino a hacerse un café. Luego, muy ayudado por su matador, se vino los engaños con prontitud y fijeza, aunque siempre tendía a quererse ir aunque su matador le pudo sujetar.

El silleto y cornidelantero cuarto tampoco fue castigado en varas. Luego fue y vino con nobleza, bondad e incluso calidad. No tuvo emoción, pero sirvió para el torero. El negro quinto repitió las embestidas con alegría,  templanza e incluso con su punto de bravura y exigencia. Un notable ejemplar que resultó el mejor de la corrida. Y el colorado ojo de perdiz que cerró plaza, escasamente armado, tuvo fijeza pero embistió con un trote cochinero y sin celó. Se defendió y dijo muy poco.

El Fandi cumplió fielmente al guión previsto. Saludó con largas a los de su lote, lanceó con espectacularidad, banderilleó con una portentosa exhibición de facultades y muleteó con tanta tenacidad  como tesón, en dos trabajos esforzados y cumplidores. Recibió a porta gayola a su primero, que salió de najas ignorándole. Fandi le aguantó de rodillas en el platillo hasta que le puedo dar una larga cambiada. Luego lanceó de rodillas y remató con un airoso recorte. Vistoso en quites, le puso cuatro pares de banderillas y le muleteó stajanovista, en un trabajo compuesto pero irrelevante por la nula condición del astado.

Se volvio a ir a la puerta de chiqueros a saludar al cuarto, frente al que volvió a repetir el recital marca de la casa entre el agrado del público.

Reaparecía José María Manzanares tras su ausencia en el ciclo fallero. Al alicantino se le vio empacado y compuesto ante su flojísimo  primero, en una faena de buen planteamiento  pero que no pudo tomar vuelo ante la escasísima entidad de su agonista. Pinchó dos veces recibiendo, antes de matar de un volapié.

Y aprovechó las francas, prontas y alegres embestidas de su segundo para firmar un trasteo expresivo aunque algo ligero. Rutilante aunque nunca templado. Empacado aunque despegado. Mató, eso sí, de una gran estocada.

Cronica de Enrique Amat

Fotografia de Mateo. tauroimagenplus