SEIS ALUMNOS, SEIS ESTILOS

Sábado 13 de julio de 2019. Plaza de toros de Valencia. Un tercio de entrada en tarde calurosa. Erales de Las Ramblas, desiguales de presentación, variados de pelaje y de juego variado. Destacaron primero y sexto. Alejandro Contreras (Escuela de Valencia), oreja. José María Trigueros (Escuela de Murcia), vuelta al ruedo. Jesús Moreno (Escuela de Albacete), dos orejas. Cristian Expósito (Escuela de Alicante), oreja. Ruiz de la Hermosa (Escuela de Guadalajara), saludos. Lalo de María (Escuela de Navas del Marqués), saludos. Entre las cuadrillas manejó la puntilla con acierto Álvaro Coso. Presidió Pedro Madrigal.
Comenzó la feria de julio de Valencia con el primero de los festejos del III Concurso internacional de escuelas taurinas organizado por la empresa Simon Casas Productions en colaboración con la Escuela de Tauromaquia de Valencia y el Centro Asuntos Taurinos.
Una más que loable iniciativa, esta de programar tres festejos de promoción dentro de un ciclo ferial de la importancia del valenciano. Dieciocho alumnos de las principales escuelas taurinas de España, Francia y Portugal, quienes tienen la oportunidad de mostrar sus aptitudes en una plaza de primera y lidiando encierros de garantías.
Los tendidos de la plaza se vieron ocupados por un elevado número de aficionados. A pesar de que la entrada al coso era gratuita, el tremendo calor que hacía no invitaba mucho a ir a la plaza. Pero el bochorno no fue obstáculo para que hubiera un gran ambiente. En presencia de muchísimos jóvenes aficionados, entre ellos los habituales Sara y Quique Mesa Beltrán.
Ayer le tocaba el turno a la divisa manchega de Las Ramblas. Los erales propiedad de Daniel Martínez exhibieron una presentación desigual si bien más que suficiente para este tipo de festejos. Luego, el juego de algunos de sus ejemplares estuvo presidido por la nobleza y la calidad en sus embestidas, aunque algunos otros estuvieron ayunos de fuerza y de clase.
El colorado ojo de perdiz que abrió plaza tuvo clase y bondad, repitió incansable sus embestidas y humilló mucho, aunque con el defecto de buscar con más ahínco de los deseable los terrenos de adentro. El castaño segundo tenía mucho volumen. Se desplazó por los dos pitones, aunque le costó meter la cara y no terminó de emplearse.
El castaño tercero fue poco presentable para una plaza como la de Valencia. Escurrido, cariavacado y con pitones muy defectuosos, escaso de  poder y menos raza, fue un ejemplar irrelevante. El también castaño, ojo de perdiz, bociblanco y calcetero cuarto, asimismo feo de hechuras fue y vino, colaborador y noble hasta decir basta.
El muy playero quinto apretó mucho en banderillas. Incómodo y pegajoso, no dejó de exigir a su matador, al que le dio poco respiro. Y el melocotón y playero que cerró plaza tuvo nobleza pero exhibió una alarmante falta de fuerzas, si bien tuvo calidad y son en muy generosas dosis.
Abrió plaza y certamen Alejandro Contreras, alumno de la Escuela de Tauromaquia de Valencia. Natural de Chiva, y paisano de Enrique Ponce, quien ayer celebraba su onomástica. El rubio espada se fue a la puerta de chiqueros a saludar a su oponente, al que lanceó con vibración. Se le vio en progresión, y se mostró como un torero enterado y con oficio, con un notable sentido de la ligazón. Firmó una faena de largo metraje y no exenta de mensaje, que remató de una estocada algo contraria y varios golpes de descabello.
José María Trigueros, en representación de la Escuela Taurina de Murcia, hizo gala de vistosidad y pinturería en un trabajo, eso sí, algo despegado, periférico y en el que no terminó de quedarse quieto en ningún momento.
Por su parte Jesús Moreno, de la Escuela Taurina de Albacete, sobresalió por un interesante sentido del temple. Firme y tesonero, firmó una labor maciza y de buen aire en un trasteo en el que anduvo por encima de las condiciones de su oponente, y que remató de un colosal volapié.
El alicantino Cristian Expósito, tras banderillear con desigual acierto, firmó una labor afanosa y tesonera, en el que no se cansó de pegar pases. Mató con contundencia.
Volvía a torear en Valencia Ruiz de la Hermosa, de la Escuela Taurina de Guadalajara, quien el año pasado causó una notable impresión. Manejó las telas con soltura, lanceó con eficacia, puso banderillas con exposición y en el tercio final plantó cara con disposición y oficio a un astado muy complicado. Capaz y solvente, resolvió una papeleta que no fue fácil.
Completaba el sexteto Lalo de María, quien se anunciaba como alumno de la Escuela de Navas del Marqués. Hijo de la rejoneadora francesa María Sara, es un torero muy alto, rubio y con excelente planta, cuyo físico llama la atención y cuya personalidad no dejó indiferente a nadie. Lanceó con enjundia y compás con el capote y luego, con la muleta, se mostró empacado, expresivo y con un sello tan sugestivo como interesante. Con todo, evidenció unas, por otra parte, lógicas carencias técnicas y mató a la última.
Y también, eso si, se le vio con una cierta soberbia y presunción en su forma de estar en la plaza. Sobre todo en el callejón, rodeado de una numerosa corte de acólitos, muy pagado de sí mismo. Con una actitud algo envanecida como si fuera una gran figura del toreo, cuando no deja de ser todavía un aspirante. Esto lo debería tratar de evitar. La humildad es el mejor camino para progresar.
Cronica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo.Tauroimagenplus