San Isidro de matrícula de honor.

Escasas veinticuatro horas nos separan de las treinta y cuatro tardes que han acaecido desde el 14 de mayo en la catedral del toreo.

Muchos son los titulares que podrían bautizar el epílogo de esta Feria de San Isidro 2019: de héroes, sangre y bravura; viento y mala educación; feria de nivel ganadero …

Y aunque las líneas que prosiguen en honor a este cierre de fiesta están escritas desde la más pura subjetividad, hay una evidencia en la que no cabe protesta, y son las cifras. Apabullantes por cierto. Cinco puertas grandes, siete cornadas de gravedad y un total de 641.429 espectadores (y tenemos que creernos aquello de que los toros no interesan).

Por mucho que el siete pite no se puede discutir el nivel en cuanto a casta y bravura del elenco de ganaderías que se han acartelado, quizá la homogeneidad en cada encaste no haya lucido, pero sí de forma independiente la pureza del toro bravo se ha hecho latente en el ruedo venteño. No hay discusión en cuanto al nombre triunfador del conjunto gandero, Adolfo Martín destacó notoriamente en el conjunto de morlacos exhibidos, cumpliendo con nota los requisitos de una plaza exigente.

En cuanto a nombres propios de astado son por fortuna una gran variopinta lista para el recuerdo: Poeta (Domingo Hernández), Madroñito (Aldofo), Director (Victorino), Carasucia (Valdellán), Bonito (Zalduendo), Pijotero (Fuente Ymbro), Empanado (Victoriano del Río), Zahareño (Santiago Domecq), Enviado (Montalvo). Y en la cúspide con el oro de la Feria, negro listón con el número 58, 605kg y de hierro Juan Pedro Domecq… Despreciado. ¡Gloria al toro bravo!

Antes de pasar al oro, es de obligado merecimiento y respeto destacar la plata con dos genios de la misma, Iván García y Fernando Sánchez. El arte de la vara, con el tercio de Juan Francisco Peña. El toreo a caballo, con la maestría en montura y rejoneo de (don) Pablo Hermoso de Mendoza. Y sin ser menos, los novilleros Fernando Plaza sembrando el punto y aparte, y la soberbia actuación de Diego San Román.

Y ahora sí, el éxito del oro para mi no tiene único nombre. Pues cada una de las faenas que han sido objeto de aplauso y/o pañuelo, son independientes abriendo el abanico del valor, la pureza, verdad, personalidad y toreo añejo.

Sin lograr el cielo de Madrid pero dando un puñetazo a su paso por Las Ventas me quedo con tres: Juan Ortega por su oficio, Emilio de Justo con el idilio entrega y verdad latente, y Ginés Marín con un capote de gloria.

De los que salieron a hombros en una nube de flashes, vitoreos y gentío creo que poco más hay que decir, puesto que ellos dijeron todo sobre la arena del coso madrileño.

Un Roca Rey que cuajó una faena de antología y repertorio. Ferrera bordando el toreo, al son de su personalidad pulida y plausible. El triunfo de la humildad con David de Miranda, como premio a la constancia y el esfuerzo. La discutible puerta grande de Miguel Perera, ergo no se niega que fueran ambas faenas para la emoción y el placer. Y por último, y para mí las de más transcendencia emocional y merecedoras de cátedra, las actuaciones de Román y (don) Paco Ureña.

Quizá sean mis vísceras y el sentimiento lo que me haga pensar así, no lo niego. Pero, ¡que dos tardes señores!.

Hablar del paso de Román por San Isidro, es hablar de verdad en mayúsculas, subrayado y negrita. Y si me lo permiten aunque sea malsonante, de cojones.

Sin miedo a nada como decía la canción y siempre cada tarde entregando el alma y sí, la vida. Creo que no ando en el disparate si decimos que el valenciano ha dejado claro que su madurez como torero ha llegado, y que la locura sigue latente. Pronta recuperación amigo. Hay quienes contamos los días para el anuncio de tu vuelta.

Paco Ureña, me tiembla la mano solo en la faena de recordar su tarde, su temporada, su vida.

Creo que su apellido podría ser pureza, sin duda alguna, y su apodo resiliencia. Y es que ya lo dije, ha vuelto y es con todo. Creo que después del sábado nadie lo duda.

Siguiendo en el hilo de acabar como un ecce homo después de la lidia, recibió (llámese trabajo, don o karma) la gloria que merecía, un sueño en tiempo y forma.

Qué forma de deletrear en cada muletazo el toreo. Enhorabuena maestro, todo llega.

Supongo que la conclusión es que con toros de calidad y toreros prestos a no andarse con medias tintas, solo con verdad y oficio se llega a la gloria.

Y no lo digo con acritud, solo como una conclusión a lo que desde el tendido o la pantalla, ha generado emoción en mí en esta Feria de San Isidro.

Pues en esta ambigüedad de criterios por sentimiento es donde reside la grandeza de esta fiesta, pero recuerden siempre el respeto por doquier.

 Crónica de Bea Hiraldo