Pinar revalida con notable

Albacete, 8 de septiembre. Primera de feria. Tres cuartos de entrada.

Toros de La Reina, Alcurrucén, Domingo Hernández, Victorino Martín, El Tajo y Daniel Ruiz, desiguales de presencia y juego, destacando primero y quinto.

Rubén Pinar (de blanco y plata),  oreja, palmas, ovación, oreja, oreja con fuerte petición de la segunda y dos vueltas al ruedo mientas se abronca a la presidencia, y oreja.

De las cuadrillas destacaron Morenito de Arles, Javier Perea y el picador El Puchano.

Arrancó la feria de Albacete a lo grande, con una gesta. Por primera vez desde 2003 nadie había lidiado seis toros en solitario en este serial. Entonces fue Manuel Caballero, al caerse del cartel sus compañeros de terna, y ahora lo hizo Rubén Pinar, que tras salir a hombros siete tardes consecutivas en esta plaza y ser el triunfador de este serial los últimos tres años, quería revalidar todo lo hecho hasta ahora con un examen de grado.

Y tras romperse el paseíllo, y las manos el público mientras sonaba el himno nacional, Pinar dejó claras sus intenciones y se fue a porta gayola a recibir a su primero, un toro de La Reina muy bien hecho y que tuvo fijeza y codicia. Comenzó su faena con unos pases cambiados por la espalda a cara o cruz y ya puso a la gente de su parte. Luego templó muchísimo al torear en redondo y al natural lo hizo con suavidad y largura, obligando cada vez más a un oponente que humilló pero que no se entregó nunca. Mató de una entera fulminante y se llevó la primera oreja de la prueba, aunque ya se le pidió una segunda que no llegó hasta que se arrastró al cuarto, un toro de Victorino Martín alto y engallado, serio y que vendió caro su pellejo, revolviéndose con presteza tras cada muletazo y sabiendo siempre quien manejaba la tela. Pinar anduvo muy firme y dejó una faena sin exquisiteces pero muy sólida, con mucho mando, cabeza y no poco valor.
El quinto, de El Tajo, fue otro toro con plaza y cuajo, pero también con altas dosis de manejabilidad y nobleza, dejando ver ahora su matador su lado más artístico, llevando a la res de lejos y hasta muy atrás en un quehacer otra vez muy capaz por el que se le concedió otra oreja y se le pidió con fuerza otra, dando dos vueltas al ruedo mientras la mucha gente que acudió a la función abroncaba al palco.
Y otra oreja arrancó al que cerró plaza, un toro de Daniel Ruiz que, contra lo cabía esperar, dada la trayectoria de este ganadero en esta plaza, no acabó de romper. Andarín, sin acabar de humillar y sin gran entrega, obligó al de Tobarra a tener que volver a sudar el chispeante para, en una faena con muchos altibajos, amarrar otro trofeo a base entrega absoluta y de darlo todo.

Antes hubo mala suerte cuando el berrendo segundo se rompió una mano nada más iniciada la faena de muleta y no volvió la cara ante el complicado tercero, de Domingo Hernández, al que sobó mucho y poco a poco metió en la muleta en otra labor de valor y voluntad.

En una corrida de un solo torero es importante la variedad, y no solamente hubo diversidad de ganaderías, encastes y procedencias, sino que el diestro protagonista dejó claro que tiene repertorio de capa, luciéndose al recibir de capa y en los quites, en los que hubo chicuelinas, tafalleras, delantales, verónicas, tijerillas, saltilleras y hasta galleos de frente por detrás. También con el estoque anduvo muy certero y pasaportó seis toros con seis estocadas, un pinchazo y un golpe de verduguillo.

Crónica de Paco Delgado de Avance Taurino

Fotografias de Mercedes Rodriguez