Miércoles, 6 de marzo de 2024.  Plaza de toros de Castellón. Novillada sin picadores. Un tercio de entrada en tarde agradable.  Novillos de Hnas. Angoso Clavijo desiguales de presentación y de juego variado. Joan Marín (marino y oro) de la Escuela de Castellón, saludos tras aviso. Arturo Cartagena (crema y azabache) de  Citar Guadalajara, vuelta por su cuenta tras aviso. Daniel Artazos (marino y oro), de la Escuela de Valencia, silencio. Bruno Martínez (canela y oro) de la Escuela de Castellón), saludos tras aviso.  Nicolás Cortijo (malva y oro) de la Escuela de Albacete, vuelta tras aviso. Olga Casado (blanco y plata), de la Escuela de Madrid, oreja tras aviso. Ian Bermejo (grana y oro) de la Escuela de Castellón, oreja. Entre las cuadrillas lució Jose Vicente Almagro hijo en lo que fue su debut como banderillero. También con los palos lució Vicente Soler y en la brega de Fernando Casanova. Presidió Juan Carlos Calahorra. 

Enrique Amat, Castellón

Tras el triunfo del novillero valenciano Bruno Gimeno del martes, se celebró la segunda de las dos novilladas sin picadores que con tan buen criterio ha incorporado al ciclo magdalenero, la empresa Funtausa  

Es una más que loable iniciativa dar cabida a este tipo de espectáculos en los ciclos feriales, dando oportunidad para que los nuevos valores ofrezcan sus progresos en el aprendizaje del la profesión. Y lo cierto es que estos días, en que la ciudad y la plaza está más tranquila, el aficionado disfruta. Una aperitivo en la terraza del Corte Inglés, una comida tranquila en Zamorano compartiendo tertulia con Francisco Perpiñán, un café acompañado de algo más en el despacho del excelente aficionsdo que es Amadeo Pitarch, y a los toros. Acompañado de aficionados cabales.

 Los novillos de Hnas. Angoso Clavijo estuvieron desigualmente presentados, pero acabaron dando juego. Correcto y justo de presentación el que abrió plaza, distraído de salida. Fue y vino sin ton ni son, sin clase ni raza. Dejándose sin más.

Más hecho el segundo, encastado, codicioso y repetidor. No se cansó de embestir durante toda su lidia. Un añojito impresentable para una plaza de esta categoría fue el tercero. Fue y vino, aunque escasísimo de importancia y de poder. Largo el cuarto, abanto de salida. Luego también se desplazó, aunque sin excesiva clase. Muy cuajado y lustroso el quinto, casi un utrero, codicioso y celoso. Repitió incansable en sus embestidas, incluso con un punto asi atosigante.  El sexto, más alto y silleto, aunque un poco escurrido, se desplazó por los dos pitones con buen sol, aunque sin acabar de emplearse del todo. Y terciado y bien hecho el cierraplaza, enrazado y repetidor, aunque no sobrado de clase

 Joan Marín, de la Escuela de Castelló, anduvo tan compuesto como frío y desapasionado. Faena correcta y cumplidora, pero escasamente ambiciosa. El novillo no quiso mucho, y el torero, pues tampoco demasiado 

Arturo Cartagena,  de Citar Guadalajara, muleteó con afanes y esfuerzo, pero sin acabar de encontrar ni el terreno ni la distancia a su oponente, que repitió incansable. Pero más que someter, aprovechó la inercia de las embestidas en una labor ligera y movida. Muchos muletazos, pero sin ningún sometimiento y aprovechando los viajes.

Daniel Artazos, de la Escuela de Valencia, saludó con una larga a su oponente, al que lanceó con cadencia y templanza. Luego trasteó con compostura y suficiencia, en un trabajo de buen concepto, aunque algo frío y desapasionado.

Bruno Martínez, de la Escuela de Castellón, recibió con faroles de rodillas al que le cupo  en suerte, vibrante y comunicativo. Luego firmó una faena de largo metraje, en la que anduvo afanoso, pero sin alcanzar mayor relieve. Su epílogo con ranazos cordobesistas  incluidos, no tuvo mucho sentido.

Nicolás Cortijo, de la Escuela de Albacete, toreó con asentamiento y firmeza de planta, en un trabajo de buena expresión, con sentido  de la ligación y el temple. Buen muletero y capaz, firmó una faena maciza y de sólido fundamento.

Olga Casado, de la Escuela de Madrid, lanceó con templanza y cadencia a la verónica. Sabe torear, tiene buen aire, apostura y cadencia, aunque quizá le cuesta cruzarse un poco al pitón contrario y rebozarse más con el animal. Pero templó y firmó enjundiosos pasos de pecho, pasándoselos por delante y vaciándo la embestida. Soltura, facilidad, apostura y prestancia fueron los ingredientes de una labor en la que firmó una notable carta de presentación. Su desacierto con las armas toricidas le privó de mayores recompensas.

Ian Bermejo, de la Escuela de Castellón, se fue a la puerta de chiqueros a recibir a su oponente, al que luego le dió tres faroles de rodillas y remató con un torero y añejo recorte. Actitud, disposición y ganas de ser fueron las bases de un trabajo esforzado, tesonero, en el que se quedó quieto y pisó terrenos de compromiso. Mató de una buena estocada.

Cronica de E, Amat