Nueva puerta grande de Rubén Pinar

Albacete. XLIX corrida de ASPRONA. 3/4 de entrada. Festejo retransmitido por Castilla La-Mancha Media.

6 toros de Las Ramblas. Bien presentados, de juego desigual, pero con la mansedumbre como denominador común.

Miguel Ángel Perera. Ovación y oreja.

Cayetano. Leve petición de oreja y silencio.

Rubén Pinar. Oreja y oreja.

Al término del paseíllo, se guardó un minuto de silencio en recuerdo al Maestro Dámaso González, cuyo recuerdo sigue imborrable entre la afición albaceteña y tan ligado a esta corrida benéfica.

Abrió plaza un bonito y bien presentado castaño chorreado en verdugo que ni se empleó en el capote de Miguel Ángel Perera ni en el único puyazo que tomó. Se lució Javier Ambel en banderillas. Tras brindar a los usuarios de ASPRONA, inició su faena Perera por estatuarios en el tercio. Aprovechó el torero la noble condición del toro para instrumentarle una faena de quietud y temple, con tandas sin mover los pies del suelo. Una vez más, quedó patente la sintonía entre Perera y la plaza de Albacete. El desacierto a espadas hizo que el premio quedase en una ovación que el matador saludó desde el tercio.

El segundo de la tarde, negro bragado y meano, tampoco se empleó en el capote de Cayetano, aunque se arrancó con cierta alegría al caballo. Con un solo puyazo se cambió el tercio. La montera de Cayetano voló hasta el palco de ASPRONA, donde fue recibida con la alegría habitual de sus ocupantes.

Comenzó su faena de muleta tanteándolo, doblándose con el toro, pero sin obligarlo. A continuación, vinieron tres tandas de naturales, destacando la segunda de ellas, de mano baja y enroscándose el toro a la cintura. Después, el matador pareció contagiarse de la sosería del toro en el toreo con la diestra. Volvió a la mano izquierda, pero la faena ya no remontó el vuelo. Se tiró a matar volcándose sobre el morrillo y cobró una estocada entera que fue suficiente para hacer doblar al toro. El premio para el torero quedó en una leve petición de oreja.

Rubén Pinar, mostró desde el primer momento que su compromiso iba más allá de ceder la integridad de sus emolumentos a ASPRONA y el público correspondió con su cariño a lo largo de toda la tarde. No dudó irse a portagayola para recibir con una larga cambiada al castaño cinqueño que hizo tercero. Salió suelto el toro del primer encuentro con el capote, pero el matador consiguió fijarlo con unas verónicas muy jaleadas desde los tendidos. Puesto en suerte, se mostró reticente a arrancarse al caballo, teniéndolo que hacer todo el picador, Agustín Moreno. Tomó la vara el toro sin codicia alguna, dejándose pegar, sin más. Quitó Rubén Pinar por chicuelinas, rematadas por una revolera. En banderillas, el toro siguió mostrándose reservón. Tras el brindis al palco de ASPRONA, inició el muleteo doblándose con el toro, pero sin obligarle, tratando de hacerle romper hacia delante. Pese a ello, en ningún momento se entregó el de Las Ramblas, arrancándole el matador los pases de uno en uno, a base de cruzarse con él y tocándolo con su muñeca. En un derrote, Pinar fue volteado, cayendo de fea manera y levantándose conmocionado. Afortunadamente, todo quedó en una pequeña cornada en el glúteo izquierdo que no le impidió continuar la lidia. Mató al toro de estocada en buen lugar, pero recurrió al descabello, ya que el toro tardaba en caer, acertando al primer golpe . Los tendidos se llenaron de pañuelos blancos y la petición continuó tras sacar el presidente su pañuelo, desestimando la concesión de la segunda oreja.

Después de un descanso para la tradicional merienda de la plaza de toros de Albacete, saltó el cuarto toro. De salida tuvo similar comportamiento a los lidiados durante la primera parte del festejo, saliendo suelto y sin fijeza en el capote, pero éste, además, evidenció falta de fuerzas. En su única entrada al caballo, tampoco se empleó ni empujó. Brindó Miguel Ángel Perera al público e inició su faena a media altura, tratando de meter al toro en la muleta a base de temple y suavidad. En la siguiente tanda, ya pudo bajarle algo la mano, pero el toro siguió tomando la muleta sin celo ni transmisión, haciendo incluso algún amago de rajarse. Faena de mérito del torero, de no permitirle al toro irse a base de dejarle la muleta siempre puesta en la cara. Al primer encuentro, cobró el matador una estocada entera en buen sitio, aunque se resistió el toro a caer, apoyándose en tablas. Sonó el aviso al tiempo que doblaba el toro, poblándose el tendido de pañuelos blancos y tardando el presidente en conceder el trofeo.

En quinto lugar salió un castaño lustroso y bien presentado, distraído y sin codicia en el capote que le ofrecía Cayetano. Se dejó pegar un puyazo, quedándose “dormido” sobre el peto. Fue reservón en el tercio de banderillas, exponiendo mucho Joselito Rus para banderillearlo. Cuando Cayetano tomaba la muleta, comenzó a soplar un ligero viento que incomodó al torero, lo cual, unido a la tarda embestida del toro, hizo que la faena no tomara vuelo. Lo intentó el torero, pero la condición del toro no permitió que consiguiera sacarle más que muletazos sueltos. Tras dos pinchazos hondos, consiguió Cayetano una estocada entera con el toro en la puerta de toriles, quedando su labor silenciada y escuchándose algún tipo hacia el toro en el arrastre.

El castaño que cerró plaza salió más distraído aún, si cabe, que los anteriores, sacándolo inteligentemente Rubén Pinar hacia los medios, corriéndole hacia atrás. En la primera entrada al caballo no se empleó, cabeceando y haciendo sonar el estribo. Empujó en el segundo encuentro, metiendo riñones, pero le tapó la salida el picador.  Continuó el toro yéndose suelto y Pinar trató de desengañarlo tocándolo con suavidad, a media altura y muy templado. Terminó rajándose y cantando la gallina, pero el torero no le dejó irse, poniéndole la muleta una y otra vez en la cara. Fue una faena de garra, con un torero enfibrado, que caló en el tendido, por eso, el público pidió mayoritariamente la oreja, aún después de dos pinchazos hondos y una estocada entera.

P.D. Corren rumores de que la Corrida de ASPRONA tiene los días contados. Los que conocemos este festejo desde que tenemos uso de razón y nos hemos criado viendo las retransmisiones por TVE, sentimos que, sin esta corrida, Albacete pierde uno de sus emblemas. Los tiempos han cambiado y la sociedad ya apenas se parece a la de los años 70, pero la solidaridad y dar visibilidad a unas personas con “capacidades diferentes” no deben cambiar. La corrida de ASPRONA es más que un festejo taurino, es un recordatorio, aunque sea al menos una vez al año, de que existen personas “imperfectas” que merecen ocupar un lugar en esta sociedad, a menudo vacía y carente de valores. Por ellos, por los “niños de ASPRONA”, y por el legado del Maestro Dámaso, esperemos seguir viendo muchas más “Corridas de ASPRONA”.    

Crónica y Fotografias de Mercedes Rodriguez