Por fin el 20 de marzo, los que no pudimos viajar a España tuvimos la oportunidad de estar presentes, aunque fuera digitalmente, en la inauguración semioficial de la temporada 2021. Fue en la plaza rural de toros de Ossa de Montiel (localidad cercana a Albacete, en la provincia de Castilla-La Mancha). Allí se anunció una corrida de toros del hierro de Buenavista para Esaú Fernández, Filiberto y Mario Sotos. Cuando salieron los toros del toril, noté el número marcado en su costado derecho. Era un 6 y me di cuenta de que todos los animales (incluido el sobrero) tenían cinco años. La razón era obvia. Debido a la desastrosa temporada que quedó atrás en 2020, cuando los criadores no pudieron vender sus animales a las plazas de toros, se vieron obligados a saltarse una generación y ahora estaban limpiando las camadas. Esto me recordó algo casi similar (aunque al revés) a lo que sucedió en los años cuarenta del siglo pasado. Cuando, durante una hambruna que siguió a la Guerra Civil Española, los aldeanos hambrientos asaltaron los corrales de los criadores de toros de lidia y mataron y comieron sus animales bien cuidados y bien alimentados. Aquello había provocado la eliminación de varias ganaderías y, en algún caso, la pérdida de todo un linaje histórico. Es por eso que los matadores de toros, en los años posteriores a la guerra civil, torearon contra novillos y becerros en lugar de cuatreños. ¡Porque apenas quedaban toros!

En 2020 sucedió lo contrario. Cuando, a causa de la pandemia, se cancelaron todas las corridas. Y es que la mayoría de los toros de lidia que habían sido vendidos, finalmente no abandonaron las dehesas y muchos de los que ya estaban en sus destinos en plazas fueron devueltos. Este exceso de toros sin vender resultó una enorme carga económica para los ganaderos. Estos animales ocupaban espacio de pastoreo, lo que significaba costos adicionales de alimentación y facturas veterinarias. Para evitar la quiebra, era vital que las ganaderías redujeran su rebaño, incluso si eso significaba llevar el ganado a mataderos y obtener así un precio por cabeza, aunque fuera mucho más bajo que el real. Los criadores que se aferraron a sus toros corrieron un riesgo enorme. Pronto sus animales estarían cerca de su “fecha de caducidad”, se volverían “demasiado viejos”, de acuerdo con el artículo 25 del Reglamento Nacional Taurino que dice: “Corridas de toros; en las que por profesionales inscritos en la Sección I del Registro General de Profesionales Taurinos se lidian toros de edad entre cuatro y seis años en la forma y con los requisitos exigidos en este Reglamento”.

En marzo de 2021, después de un año de bloqueo total en el que solo se pudo programar  un número muy reducido de novilladas sin picadores (principalmente), las corridas de toros volvieron a estar en la agenda taurina. La mayoría se llevó a cabo en plazas de toros modestas, de tercera categoría y con una asistencia restringida. 

A la corrida de Ossa de Montiel le siguió Jaén, que programó el 27 de marzo una corrida de toros con seis “victorinos” que marcó el regreso de Rafaelillo tras su casi fatal encuentro con un toro Miura en Pamplona en julio de 2019. Aunque no es inusual para esta casta, todos los ‘Victorinos’ nacieron en 2015 y estaban herrados con un 6. Por otra parte, un mano a mano muy ‘torista’ en Morón de la Frontera entre Daniel Luque y Ginés Marín se celebró con seis toros de seis ganaderías andaluces diferentes con excelente linaje. Nuevamente, todos tenían cinco años. Tambien fue el caso una semana después con algunos de los seis toros de Luis Algarra en una corrida en la antigua y hermosa plaza de Almendralejo para los matadores  Antonio Ferrera, Miguel Angel Perera y Emilio de Justo que triunfó con 4 orejas y un rabo. El sexto toro de Luis Algarra fue premiado con una vuelta al ruedo.

Sevilla anunció su feria de abril pero tuvo que limitar la capacidad de su aforo al 50% y, contra todo pronóstico, Madrid anunciaba en el Palacio Vista Alegre de Carabanchel un San Isidro con 10 corridas de toros en mayo con carteles de relumbrón. Por fin, las nubes negras que habían estado cubriendo el espectáculo taurino parecían mostrar un rayo de luz. 

Sin duda, el anuncio de los toros de cinco años sería la mayor sorpresa de las temporadas venideras. Los toros de cinco años son más pesados, mejor armados y se suponía que deben ser más desafiantes por su mayor sentido. Aunque su edad y su major peso podrían influir en su comportamiento, se dijo que, debido a que eran más maduros, son  más astutos que sus parientes más jóvenes. Con estos toros no es prudente intentar nada elegante. Me pregunté cuáles de los matadores del escalafón  pasarán  la prueba en la próxima temporada. ¿Significará  esto el final de las “faenas de cien pases”?

La temporada prometía algunas sorpresas interesantes..

Crónica de :Pieter Hildering

Fotografias de : Álvaro Santiago (Asociación Nacional de Fotógrafos Taurinos)