UN NOVILLO AL CORRAL EN LA APERTURA DE LA FERIA DE ALGEMESÍ

Sábado 21 de septiembre de 2019. Plaza de toros de Algemesí. Primera de feria. Lleno en tarde entoldada. Un novillo de Cebada Gago para rejones y cuatro de Saltillo, muy bien presentados y de juego muy complicado.
El rejoneador Sebastián Fernández, vuelta por su cuenta. Maxime Solera (carmesí y plata), silencio y muestras de desagrado tras tres avisos. Cristóbal Reyes (grana y oro), saludos por su cuenta y palmas. Actuó como sobresaliente Sergio Salas “El Pijorro” (morado y blanco), quien quedó inédito. Entre las cuadrillas destacó la laboriosa y profesional brega de Raúl Martí al quinto. Presidió la alcaldesa de la localidad Marta Trenzano.
Un año más, cuando dieron las cinco y media las campanas de la basílica de San Jaime de Algemesí, este  año incluso un poco antes, echó a andar una nueva edición de su tradicional semana taurina de Algemesí. Una semana que no es tal, sino nueve días de toros, todos ellos a plaza llena, en la que los aficionados tienen la oportunidad de dar un repaso total a cómo está el escalafón novilleril de la temporada. Y también presenciar las evoluciones de los alumnos más destacados de las escuelas taurinas.
No faltó, como suele ser habitual el día inaugural del ciclo, la manifestación de los antitaurinos. Como siempre, muy demócratas ellos, muy sostenibles, con mucha movilidad  y transparencia y siempre inclusivos. Inclusivos, eso sí, de los que ellos les gusta, y exclusivos de lo que no sea lo que ellos quieren. Menos mal que en Algemesí la tradición taurina está enraizada en la propia idiosincrasia de la población, y no hay antitaurinos que valgan que pueden acabar con los toros en esta ciudad.
Por ello, Algemesí era un hervidero de aficionados y sus calles estaban pobladas de lugareños y visitantes llegados de otras poblaciones. Con la calle Montaña y los alrededores de la plaza convertidos en un hervidero, y luego la plaza llena de aficionados. Las peñas cadafaleras colmadas de gente, y la plaza exhibiendo un fantástico ambiente, pleno de entusiasmo, colorido y ganas de pasarlo bien. La fiesta, en el más amplio sentido de la palabra, y sin que faltase una importante presencia de jóvenes aficionados. Poco más se puede pedir.
La novillada inaugural del ciclo tenía un claro argumento torista. Para rejones, se anunciaba la lidia de un ejemplar de Cebada Gago, una de las ganaderías en la actualidad más duras y exigentes, y que mantiene su origen veragueño. Y luego, para lidia ordinaria, cuatro ejemplares de Saltillo, otro de los encadrés de más predicamento entre los aficionados al toro.
Abrió plaza un ejemplar cárdeno claro, vareado, astifino y con cara de listo, que se dejó pegar en el caballo y luego desarrolló sentido durante toda su lidia. Sin emplearse, midiendo, desentendido, más pendiente del torero que del engaño y repartiendo tornillazos, fue un regalo.
También cárdeno, también en el tipo de la casa, agalgado y astifino fue el segundo, al que también se le pegó fuerte en varas. Luego, aunque se desplazó con cierta fijeza, también embistió a oleadas, sin entrega, saliendo suelto de los embroques, soltando la cara y recortando los viajes. Otro regalo.
El de rejones, del hierro de Cebada Gago, de pelo barroso o perlino, exhibió muchísimo cuajo. No tuvo muchos pies día de salida, y tras dos rejones de castigo se quedó muy atemperado. Algo parado y aplomado, pero dejando estar.
El cuarto, con más cuajo, berrendo en negro, peleó de manera deficiente en el caballo, embistiendo a arreones y con la cara por las nubes. No dejó de embestir al paso, gazapeando, enterándose, tomando las telas con la cara por encima del estaquillador y sin entregarse en ningún momento.
Y el negro entrepelado quinto, fue castigado con saña en varas. A pesar de ello, las cuadrillas pasaron un quinario para poder banderillearlo, y Raúl Martí se ganó el sueldo con una brega laboriosa y arriesgada. El novillo, agarrado el piso, rajado, manso y con tendencia a los adentros en los dos primeros tercios, llegó a la muleta embistiendo por momentos, con celo y transmisión y humillando una enormidad.
Abría plaza y feria el coletudo francés Maxime Solera, quien volvía a las plazas después de una lesión en la mano izquierda. Es un espada de elevada estatura, quien recibió por faroles de pie a su antagonista, al que luego trató de plantar cara en una faena esforzada y tesonera, aguantando las tarascadas y las medias embestidas de un deslucido antagonista, en un traste dijo que no te lo de coger un vuelo ningún momento. Lo mató con habilidad, de media trasera de un golpe descabello, utilizando los hierros con la mano izquierda.
Y también se justificó ante el cuarto, frente al que hizo un esfuerzo, con otro novillo muy complicado aunque aún fue capaz de robarle algunos muletazos. Quiso matar en la suerte de recibir citando desde muy lejos, y cobró una estocada bajísima. Luego pinchó en repetidas ocasiones, quedándose siempre en la cara del novillo. No fue capaz de matar al astado y sonaron los tres avisos y el novillo volvió vivo en los corrales.
Por su parte, el jerezano Cristóbal Reyes recibiócon un farol de rodillas a su primero al que lanceó embarullado. Luego banderilleó con muy desigual acierto y con la muleta anduvo eléctrico, muy esforzado pero sin acabar de quedarse quieto, en una labor de escaso sello, tosca y ramplona, en la que le prodigaron los desarmes y que no tuvo ninguna limpieza. Mató de una estocada muy atravesada, casi subcutánea y una entera.
Y le busco las vueltas con zarpas, desparpajo y cierta disposición al quinto, que le desbordó y le cogió malamente contra un burladero. A pesar de lo cual siguió intentándolo, en una faena destemplada que tuvo al menos emotividad por su entrega. Y eso tapó sus rústicas  formas.
 En el intermedio intervino el rejoneador Sebastián Fernández, quien hizo un paripé con la garrocha dándose vueltas por el ruedo antes de que no saliese su agonista. Luego ya con el novillo en la plaza, puso dos rejones de castigo, y general clavó bastante reunido y arriba en una labor vibrante y espectacular. Se lució en algunos quiebros pisando terrenos de compromiso, pero mató de dos feos rejonazos, muy contrarios, desprendidos y perpendiculares
Crónica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo. Tauroimagenplus