Samuel Navalón es alumno de la Escuela Taurina de Albacete… Y, también, del Instituto de Enseñanza Secundaria Fernando III de Ayora, donde cursa cuarto de Enseñanza Secundaria Obligatoria (E.S.O.).

Samuel entró en la Escuela Taurina de Albacete en febrero de 2018 y fue uno de los alumnos más destacados en el ciclo de clases prácticas de Albacete en 2019. Afrontaba con toda la ilusión propia de los quince años esta temporada 2020, deseando cumplir los dieciséis para poder vestirse de luces, pero se le cruzó el COVID-19 y, de momento, sus sueños se han visto interrumpidos. En las Escuelas Taurinas, actualmente, se exige a sus alumnos que prosigan sus estudios académicos y hace unos días, la de Albacete publicaba, con orgullo, en sus redes sociales que su alumno Samuel Navalón había ganado el premio Lobera de Literatura 2020.

Este chaval, admirador de Juan Belmonte, Paco Ojeda, Enrique Ponce y “El Juli”, aprovechó el parón impuesto por el COVID-19 para escribir sobre sus sentimientos en ese momento y presentar el escrito que reproducimos en este artículo al concurso literario de su instituto, resultando ganador.

 

“SENTIMIENTOS, por Samuel Navalón”

“Mi deseo, mi vida, mi alma… ¡Todo mi yo!

Esperanza es lo único que me queda, una esperanza sin final…

Pasan los días y más te extraño, más te pienso, más te siento, más te espero…

Mi vida eres tú y tú eres mi vida.

Todo es por ti, por alcanzarte, conseguirte, abrazarte, por sentirte de nuevo.

Sigo luchando por ti, por lograr tu respeto, por obtener tu gloria, por encontrar junto a ti la eternidad, sentirte pronto cerca mío… que llenes mi alma vacía en esta absoluta soledad; sentir correr la sangre en mis venas, sentir tu aliento rozando mi ser. Dejarme llevar por tu grandeza infinita…

Te busco en mis sueños, te sueño despierto y te siento en estos pensamientos que se agolpan en mi mente, fugaces y atroces… Donde recorro mi inmediata y pasada vida en breves lapsos de angustia controlada, dudas y nervios de acero que se expresan en sudores y manías, en esta entrega verdadera que recorre el fondo de mi espíritu… Y por fin se convierte en un dominio de esa duda ya vencida.

Una pasión tan grande que a veces me rompe el alma. Temeroso ante la incertidumbre de la responsabilidad. Orgulloso y a la vez angustiado, preparado para la temible censura…

En esta soledad, te busco en mis sueños, te sueño despierto, te necesito ya en mi vida…

Aún en tu ausencia… la felicidad que me haces sentir…

Ese ímpetu imparable, esa esperanza, ese deseo sordo, mudo y ciego a lo que nada es comparable…

Somnoliento y enfermizo, espero la hora de nuestro anhelado reencuentro…

Y me repito a mí mismo…

¿Por qué una pasión tan inmensa puede tener “mala reputación”? ¿Por qué mi gran amor debe ser considerado por algunos como algo malo, atroz, ruin, vil…? ¿Cómo puede no ser bueno este sentimiento? ¿Quién lo dice? ¿Por qué no me entienden? ¿Por qué debo ser juzgado y condenado por personas que ni siquiera me conocen, por adorar desde lo más profundo de mi alma esta vocación, este deseo, este sueño, esta esperanza…?

¿Me hace esto peor persona?

Tantos y tantos “porqués” que no entiendo… Tantas y tantas preguntas que a mi entender no tienen respuesta ni sentido alguno…

Sólo sé que nada ni nadie me hará cesar en mi intento de conseguir mi meta. Es mi forma de ser, mi manera de sentir y vivir la vida.

Esta pasión, estas ansias de volver a reencontrarnos, de vernos las caras frente a frente, cuerpo a cuerpo… Sentir el clamor y la responsabilidad, sentir que volvemos a ser uno, bailando la misma danza, unidos en un solo ser, sentir como nuestros corazones laten en un mismo son y acariciar tu embestida con el clamor de un suspiro, en un natural que no tenga fin… Tocar de nuevo el cielo con mis manos, llegar al Nirvana sin mover los pies del albero y que el tiempo se pare en ese mismo instante para llenar mi corazón de felicidad y frenesí a nada comparable…

Espero que llegue la hora de nuestro ansiado reencuentro y mientras tanto te sigo soñando despierto, como de niño, como siempre… Evocando en todo momento los lances de mi capote, haciéndome sentir de nuevo esa dicha a la que nada es comparable…

Todo es por ti, por conseguirte, por abrazarte, por sentirte de nuevo, por volver a ser YO.”

 

Crónica Mercedes Rodríguez

Fotografías Mercedes Rodríguez