El novillero Jose Fernando Molina abre la puerta grande de Albacete

Albacete, 10 de septiembre. Tercera de feria. Más de media entrada.

Cinco novillos de Juan Manuel Criado y uno, segundo, de Encinagrande, bien presentados y de buen juego en conjunto.

Cristian Pérez (de azul noche y oro), ovación con aviso y ovación tras dos avisos.
Adrián Villalba (de grana y oro), ovación y aviso y ovación.
José Fernando Molina (de gris perla y oro), dos orejas y oreja.

De las cuadrillas destacaron Niño del Barrio, Palomeque y Candelas.

 

Si hace ya más de veintiún siglos Gayo Valerio dijo que éstos páramos al sur de la Meseta eran “tierra de conejos”, Fernando Claramunt, y no es mala referencia, anotó que, a mediados del siglo XX, por estos lares había censados alrededor de doscientos cincuenta matadores de toros. Así que, mejor, digamos que Albacete es tierra de toreros, de los que Pedrés, Dámaso y Caballero han sido la columna vertebral de esta legión en la que asimismo destaca gente como Mancheguito, Almanseño, Montero, Chicuelo II, Pepe Osuna, Cabañero, Manuel Amador -padre e hijo- Sebastián Cortés, Antonio Rojas, Rafi de la Viña, Manuel de Paz, Antón Cortés o Rubén Pinar, por no hacer larga la lista.

Y desde ayer hay que contar muy seriamente con otro: José Fernando Molina, alumno de la Escuela Taurina local que en su debut con picadores encandiló absolutamente a todos cuantos acudieron a la plaza. Y fueron muchos. Casi tres cuartos de aforo se ocupó.
Y demostró estar muy puesto y con el oficio aprendido a la perfección tanto con el su buen primero como con el más complicado sexto. A los dos dio la lidia adecuada y con los dos lució.

Se encajó perfectamente al veroniquear al segundo, muleteando luego con soltura y ritmo, con un sitio difícil de ver en alguien que comienza, dosificando el fuelle de su oponente en una faena de estructura perfecta y sin pestañear cuando el novillo le puso los pitones en la barriga, cerrando su turno con un pase de pecho realmente antológico y rematando con una estocada inapelable en todo lo alto que le valió ya la puerta grande.
El cuarto hizo un extraño de salida y le dio un revolcón al intentar pararle con el capote. Pero no influyó en su ánimo. Como tampoco el que el animal fuese ea su aire y mansease más de la cuenta. Muy asentado, sin aspavientos, con una pasmosa naturalidad, le fue bajando la mano y sometiendo hasta terminar metiéndole en el engaño. El novillo embestía con genio y cierta brusquedad que les fue rebajando gradualmente, dejando tres series de naturales limpios, tersos, larguísimos, inmensos. Y sin descomponerse cuando la bestia hizo por él. Arte y valor. Y personalidad. Un nuevo torero a tener en cuenta y para seguir. “Este torero nos va a costar hacer kilómetros”, escuché decir a unos aficionados…

Se lidió un encierro de Juan Manuel Criado -completado con un ejemplar de Manuel Caballero lidiado en segundo lugar- muy bien presentado y de buen juego en conjunto, siendo ese sexto el más difícil y áspero.

Pero también hizo su presentación con los del castoreño Adrián Villalba, otro chaval de la Escuela que asímismo dejó ver una excelentes maneras. Bajó con temple la mano a su primero, codicioso y con fijeza, que acabó embistiendo muy humillado y con el que evidenció cintura y muñeca, llevando las embestidas de su antagonista hasta muy atrás. Mató mal y todo su premio quedó reducido a una ovación.
Tampoco acertó a rematar su labor con el estoque tras sacar todo lo que tuvo el quinto, cuajado y con plaza y al que apañaron el cuerpo en el caballo. Aún así tuvo fuelle y motor para seguir el engaño con prontitud y bravura, permitiendo a Villalba una faena ligada y de plantas quietas sobre la mano diestra y más embarullada al natural. Una voltereta en el tramo final complicó al novillo pero puso a la gente más de su parte aunque volvió a demostrar que tiene una asignatura pendiente con la espada. Pero con todo, dejó una magnífica impresión.

Completaba la terna Cristián Pérez, otro novillero albacetense, que derrochó voluntad y ganas. Con su reservan primero buscó ahormarle por bajo antes de estirarse al torear en redondo y completar un trasteo compuesto y arrestos. Con el cuarto, más parado y deslucido, volvió a darlo todo en un quehacer intermitente en el que buscó con ahínco el gustar y quedar bien.

 

Cronica  de Paco Delgado . Avance Taurino

 Fotografias de Mercedes Rodriguez