UN NOTABLE ENCIERRO PARA SEIS ALUMNOS CON VARIEDAD DE ESTILOS 

Sábado 6 de octubre de 2018. Plaza de toros de Valencia. Un tercio de entrada en tarde calurosa. Novillos de Antonio Lopez Gibaja, bien presentados y de buen juego en general.

Diego García (esmeralda y oro), vuelta. You Lamothe (morado y oro), indiferencia tras aviso. Jordi Pérez (celeste y oro), oreja tras aviso. Miguel Polope (blanco y oro), oreja. Juan José Villa Villita (blanco y oro), saludos. Fran de Vane (blanco y oro), vuelta tras aviso. Presidió con rigorJesús Merenciano. Entre las cuadrillas destacaron con los palos José Arevalo y Maestro de los Ríos.
Con buen criterio, la empresa de la plaza de toros de Valencia volvió programar una novillada de promoción con participación de los alumnos de las escuelas de tauromaquia. Una decisión tan acertada como plausible, por lo que de importante tiene que a los nuevos valores se les apoye en el desarrollo de su profesión. Y el hecho de reservar un día para que los chavales muestren sus evoluciones en una plaza de toros como la de Valencia y en una novillada de lujo, es algo digno de aplauso.
Los novillos de Antonio Lopez Gibaja estuvieron más que suficientemente presentados para este tipo de festejo. Con su cuajo y su plaza, su comportamiento estuvo presidido por generosas dosis de casta y movilidad.
Bravo, encastado, pronto y repetidor fue el primero, que resultó excelente para el torero.
El segundo destacó por su nobleza y sirvió por los dos pitones, aunque tuvo menos empuje y se apagó pronto.
Transmitió mucho el encastado y repetidor tercero, que siguió las telas con celo y entrega.
También exhibió las virtudes de la transmisión, la bravura y la codicia  el cuarto.
Más problemático resultó el quinto, que soltó la cara, gazapón y algo incierto y sin entrega, que acabó huyendo y cantando la gallina. Y el sexto, manso y huido, medio rompió en la muleta, muy ayudado por su matador, si bien no dejó de buscar el refugio de tablas y la puerta de chiqueros
Se anunciaron seis alumnos de seis escuelas distintas, que tuvieron la virtud de ofrecer cada uno una muy acusada y diversa personalidad. Y, en esta ocasión, se llevaron el gato al agua los toreros de corte menos estético pero más entregado y sincero.
Encabezó el sexteto Diego Garcia, de la escuela taurina de Colmenar Viejo. Es torero de excelente planta y buen concepto. Muleteó con compostura y apostura, en un trabajo de muy largo metraje al que, eso sí, quizá le faltó más templanza y ajuste.
You Lamothe, alumno de la escuela taurina de Bayona,  es un espigadísimo espada que mostró un concepto de la tauromaquia presidido por la verticalidad. Con todo, toreó siempre despegado, fuera de cacho y al hilo del pitón, en una labor que tuvo más de estética que de profundidad, suelta y ligera, tan fría y desapasionada como falta de ajuste..
Jordi Pérez, de la escuela de tauromaquia de Valencia, es uno de los alumnos más aventajados de la misma, y que está llamado a liderar la promoción del año que viene. Lució su proverbial sentido hierático y emotivo de la tauromaquia, virtudes a las que hay que añadir una técnica que poco a poco va consolidando.
Firmó un emotivo tercio de quites, muy venido arriba, en competencia con Miguel Polope, sobre todo en su respuesta por faroles con las dos rodillas en tierra. Asentado y firme, dispuesto y con una más que plausible actitud, toreó con vibración, sometimiento, ligazón y mano baja. Abrochó  con un emotivo epílogo genuflexo y mató de  una estocada haciendo la suerte muy despacio.
Juan José Villa Villita, de la escuela taurina de Madrid, es uno de los espadas que con más frecuencia ha toreado a lo largo de esta temporada. Suelto, puesto, y con un más que sobrado conocimiento de la profesión, resolvió la papeleta con soltura y recursos ante el ejemplar más complicado del encierro.
Miguel Polope, de la escuela de tauromaquia de Valencia, es torero con una empacada y personalísima concepción de la tauromaquia. Tiene tanto sello como prestancia, apostura y personalidad. Todos estos son ingredientes que, como decía Rafael El Gallo, los mandan desde arriba. Si luego es capaz de desarrollar la técnica, el oficio, el sacrificio y el valor, puede cristalizar en un torero muy importante. Mimbres tiene.
Firmó un sensacional quite por chicuelinas al tercero. Y toreó pausado al cuarto, en una labor en la que siempre anduvo por los caminos de la estética,. Pareció en esta ocasión más pendiente de componer la figura y de acompañar que de someter las embestidas. Una labor de firma más rutilante que profunda.
Y Fran de Vane, de la escuela taurina de Albacete, a pesar de que no le acompaña la figura, es un espada al que no se le puede discutir su valor y su decisión. Tuvo la virtud de meter en el canasto y embarcar en el engaño a su distraído y huido oponente. Su faena, recia y poderosa, de firmeza y asentamiento, fue más que cumplidora. La cerró con una serie de circulares muy en la línea de su paisano Dámaso González. Se justificó con creces.
Cronica de Enrique Amat
Fotografia de Mateo.Tauroimagenplus