EL NIÑO DE LAS MONJAS IMPACTA EN SU DEBUT EN ALGEMESÍ

Jueves 26 de septiembre de 2019. Plaza de toros de Algemesí. Sexta de feria. Lleno en tarde calurosa. Novillos de Victoriano del Río, correctos de presentación y excelente juego. Fernando Plaza (burdeos y oro), oreja y oreja. El Niño de las Monjas  (blanco y oro), oreja y dos orejas. Actuó como sobresaliente Sergio Salas El Pijorro (azul y plata). Entre las cuadrillas destacaron Sergio Aguilar y Raúl Martí. El Sirio sufrio un puntazo en el muslo derecho que recibió varios puntos de sutura, de pronóstico leve. que no le impidió continuar la lidia.

El inicialmente anunciado Borja Collado fue sustituido por Jordi Pérez, quien debutaba con picadores. Se trata de un aventajado alumno de la Escuela de Tauromaquia de Valencia, quien ha adoptado el apodo  El Niño de las Monjas por su relación con las monjas de San José de la Montaña.
Un apodo de gran tradicion en la cultura taurina. Y es que en el año 1922 se publicó una de las novelas más conocidas que existen acerca el mundo de los toros. Se trataba de El Niño de las Monjas, del escritor Juan López Núñez. Fue llevada hasta cuatro veces al cine. En 1925 se rodó una primera versión, dirigida por José Calvache con el espada Eladio Amorós como protagonista. En 1935 José Buchs dirigió una nueva cinta sobre la misma, protagonizada en esta ocasión por el torero madrileño Luis Gómez El Estudiante. En el año 1944 Julio Villarreal dirigió otra versión, con el coletudo mejicano Luis Procuna en cabeza del cartel. Finalmente, en 1958, Ignacio Ferrés Iquino dirigió la última filmación que sobre ella se ha hecho hasta el momento. Está protagonizada por el matador de toros almeriense, aunque recriado en Valencia, Enrique Vera, quien también intervino en otras destacadas producciones como El último cuplé y Tarde de Toros. Junto a él, los principales papeles los comparten Ángel Garasa, Paquito Cano, el célebre Locomotoro de la televisión de la época, Robert Font en el rol de su padre adoptivo, Maruja Bustos, Marta Flores, Juan Luis de la Rosa, Manuel Gas y Vicente Escribano.
Antes de comenzar el festejo, el director del Centro de asuntos taurinos de la Diputación de Valencia Toni Gazquez, le entregó una placa en recuerdo de su trayectoria en la Escuela de tauromaquia de Valencia.
Este torero se mostró entregado y dispuesto toda la tarde. Lanceó a la veronica en el saludo a su primero, Duplicado de nombre, al que le quitó por saltilleras. Brindó a sus profesores de la escuela. Y luego muleteó con afanes y entusiasmo, en una labor de sincera entrega y de cierto candor pero en la que se justificó. Mató de media desprendida.
Y se vino arriba ante el cuarto, al que recibió con siete largas de rodillas en el tercio. Un saludo vibrante que caló en la gente y puso los tendidos a revientacalderas. Con actitud, en son de novillero a la antigua usanza y hambriento de contratos.
Luego volvió a plantar cara con entrega disposición a un novillo bueno pero exigente, con mucho motor y mucho que torear y con el que no se cansó de estar delante. Una pelea y una lid  brava y sincera, de un torero que empieza, que suplió sus normales y lógicas carencias técnicas con una entrega y una actitud encomiables. El epílogo por las dos rodillas en tierra tuvo gran emotividad y exposición e incluso fue volteado. La gente enloqueció. 

Los novillos de Victoriano del Río elegidos para la ocasión compusieron un lote de correcta presentación. El burraco primero, muy terciado, recibió un puyazo del que sangró mucho y luego tuvo una gran calidad. Humilló y repitió incansable sus embestidas. Un excelente ejemplar que además tuvo una muerte de bravo.

Apenas un refilonazo saliéndose suelto tomó el terciado segundo, que cogíó en banderillas al subalterno El Sirio. Luego se desplazó, con menos calidad de su hermano, pero de todas formas sirvió. El tercero, con más volumen, fue un novillo que embistió incansable, tuvo calidad, fijeza, transmisión y siempre quiso romper para delante. Y tanto tranco como transmisión y bravura tuvo el cierraplaza, que se vino de largo a los engaños. Un excelente novillo, pero que tuvo mucho que torear y que siempre pidió firmeza de manos del carnet de profesional a su matador.

Por su parte Fernando Plaza se mostró como un torero con oficio y sobrada preparación. Sabe torear, conoce la profesión, anda por la plaza con seguridad y aplomo, si bien su primera faena tuvo una firma escasamente rutilante. Mató de una estocada rinconera.

Y se centró ante el tercero, al que le cogió el sitio y la distancia, en una labor en la que brilló por su sentido de la ligazón, dejando siempre la muleta puesta y exprimiendo las excelentes condiciones de su colaborador antagonista. Una faena cumplidora, de torero puesto aunque quizá estuvo algo por debajo de lo que merecía el novillo. Mató de un pinchazo y una estocada baja con derrame.
 Crónica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo.Tauroimagenplus