Hace algunos años, una luna llena brilló resplandeciente sobre la bahía de Cullera. Era la primavera de 1989, y en una plataforma fuera del restaurante la banda se sentó a esperarlo. En pocos días, Antonio Ruiz ‘El Soro II’ sería promovido a matador de toros y esa noche la banda estaba a punto de estrenar un pasodoble dedicado a él. Entre los músicos, listos para hacer su parte, estaba su hermano Vicente ‘El Soro’, el popular matador valenciano y dotado trompetista. Y algunos años después, me invitaron a un concierto en el pueblo de Buñol, no lejos de donde el maestro Manuel Penella compuso su muy taurina ópera ‘El Gato Montés’. Una de las piezas programadas era el pasodoble ‘Vicente Barrera’.

Muchos matadores – incluso los más humildes – tienen su propio pasodoble, que se puede oír en todas las plazas de toros de España. Existen ‘Gallito’ y ‘Manolete’. ‘Marcial eres el más grande’ está dedicado al inventor del pase de la mariposa y ‘El Cordobés’ al único Manuel Benítez. Muchas veces se ha honrado a Ortega Cano, ‘Espartaco’ y Enrique Ponce. Pero hay más valencianos taurinos y distinguidos que tienen su propia música de honor, como el taurófilo don Antonio Fuentes y el fallero, pintor y escultor maestro Vicente Luna. Y en el año 2000 el compositor holandés Jan Bus me dedicó su pieza taurina ‘¡Oreja! ¡Escucha!’ que se estrenó en Buñol, interpretada por la magnífica ‘La Artística de Buñol’. 

Hay cerca de 400 pasodobles dedicados a la corrida. Sin duda los más conocidos son: ‘Pan y Toros’ (escrito por Francisco Asenjo Barbieri en 1864 como parte de una zarzuela con el mismo nombre), ‘España Cañí’ (1922), ‘Capote de Grana y Oro’ (hecho famoso – entre otros – por la terciopela voz de Juanita Reina), ‘Francisco Alegre’, ‘El Relicario’ y el mágico ‘Nerva’. ¡Escuche cuidadosamente y disfrute!. 

Valencia puede ser famosa por la paella y sus naranjas, pero también tiene una larga y excepcional tradición musical. Joaquín Rodrigo, el compositor del ‘Concierto de Aranjuez’, vino del valenciano pueblo Sagunto y es universalmente admitido que los mejores músicos españoles vienen de estas tierras. Pero los pasodobles no son la única forma de música adjunta al toreo. 

Frecuentemente hay gente que dice que las dos expresiones más propias de la cultura española son las corridas de toros y el flamenco. Ver a un grupo bailando una Sevillana o una bulería, con sus vestidos girando con las posturas carpadas de los bailarines, bien podría igualar a los movimientos de un torero en la plaza. Arriesgando, que puede sonar un poco pedante, esto lo llamaría flamenco-chico: divertido y algo comercial. Sin embargo, el cante jondo puro también se interconecta con el toreo. Curro Romero, por supuesto, fue elogiado ampliamente por Camarón de la Isla y para mí, el excelente temple romero – es decir, su capacidad mágica para ‘frenar el tiempo’ – podría ser mejor comparado con Camaron cantando por soleá. Además hay otros.

Cuando fue capaz de demostrar su arte en la forma más pura, las actuaciones de Rafael de Paula estuvieron más cerca de un cante jondo perfecto. Su toreo, que el escritor José Bergamín describe como ‘música callada’, mostraría las ‘sombras negras de la tauromaquia’. En términos flamencos, lo compararía con un martinete que tiene referencias a la persecución, a la soledad y a la muerte. Es un tipo de flamenco tan inquietante que cuando es cantado en público, se dice que gitanos han sido vistos saliendo de la sala, ya que la música le hace un hechizo. En ese sentido viendo a José Antonio Morante de la Puebla en la plaza de toros se le acerca. Siempre he comparado su toreo a una seguirilla como era cantada por la magnífica Carmen Linares. Las seguirillas a menudo se describen como ‘canciones sombrías y trágicas que encierran los valores básicos de lo que hoy se conoce como profundo y más cercano al flamenco original’. El arte jondo de José Antonio, en el que parece envolverse a sí mismo, casi para sí quiere apagarse desde el mundo exterior, evoca la misma sensación, como de hecho lo hizo el encanto de José Miguel Arroyo Joselito.

Hay muchos toreros, así como cantaores, bailaores y guitarristas que pueden tocar una bulería, pero hay pocos que pueden alcanzar la esencia, que es llegar al alma.

Crónica de Pieter Hildering

Fotografias Archivo de Mateo . Tauroimagenplus