MIGUELITO, NO. MIGUEL

Hace ahora cinco años conocí a Miguelito, un chaval de aspecto aniñado que aún no había cumplido los catorce, pero que aún aparentaba menos edad de la que tenía. A día de hoy, Miguel ha sobrepasado el metro setenta y se acerca a los diecinueve años. Aquel niño que manejaba sus pequeños trastos de torear con gracia y desparpajo, encara su último verano como novillero sin caballos y da reparo llamarle “Miguelito” (¡ni que fuera uno de esos pastelitos de crema y hojaldre de La Roda!).

Miguelito se aficionó a los toros desde bien pequeño, acompañando a su padre a la plaza de toros de Valencia y, al cumplir los nueve años, pidió en casa que lo apuntaran a la Escuela Taurina de Valencia. Aquello debió de causar tal conmoción en la familia que lo apuntaron a un equipo de fútbol, a ver si al chavalito se le iba la idea… Pero el plan no funcionó, la carrera del futbolista duró un año y con sus diez añitos recién estrenados entró en la Escuela Taurina de Valencia. Sus padres aceptaron porque para permanecer en esta Escuela es requisito imprescindible “ir bien en el Colegio”.

Miguel habla con mucho respeto de la Escuela Taurina, de la educación taurina y de la vida que allí ha adquirido. De la otra Escuela habla con resignación, recuerda la de veces que ha ido a las Escuelas San José (Jesuitas) llorando. Realmente, no había ningún motivo, sólo que no le gustaba ir al Colegio. Lidiaba las asignaturas como podía, salvo Educación Física, Valenciano y Geografía, pero terminó la Educación Secundaria Obligatoria. En su memoria está grabada perfectamente la primera vez que se puso delante de una becerra, al mes de ingresar en la Escuela Taurina, con el consiguiente revolcón, fruto de la inexperiencia y carencia de técnica.

Es un tópico que los chavales que quieren ser toreros maduran antes que los demás, pero no es un tópico, es una realidad. Casi siempre están rodeados de gente mayor que ellos y aprenden que el objetivo que se han marcado en la vida, ser matadores de toros, conlleva mucho trabajo y sacrificio. Miguel considera que la juventud actual está demasiado protegida por su entorno. Le gustaría hacer un breve viaje en el tiempo y trasladarse por unos días a los años 50 y 60, vivir como un maletilla buscándose la vida y los tentaderos, experimentar la sensación de pasar hambre y frío. Reconoce las penurias que pasaban los toreros de aquella época, aunque cree que, después, los toreros eran mejor valorados que hoy.

De tiempos pretéritos, pero que en el toreo nunca son pasado, ha visto vídeos de José Gómez Ortega “Gallito”, Juan Belmonte, Manolete, Antonio Bienvenida, etc. De ellos dice que son: la torería, el toreo, el valor yla clase, respectivamente. Hablando de esa torería innata que todo torero debe tener, opina que se ha perdido en gran medida, y que lo primero es que “un torero debe parecer un torero”. Él intenta parecer un torero, pero no forzando una pose, sino siendo como él es, dejando que salga hacia el exterior lo que le nace dedentro, “porque si no, parece antinatural”

 

Miguel reconoce que no es un gran lector, pero sí le gusta leer sobre la vida de otros toreros, y destaca los libros que cuentan la vida de José Miguel Arroyo “Joselito” e Iván Fandiño.

Hablamos de lo importante que es el entorno, de esas plazas que le hacen a un torero sentirse más torero todavía, de esas plazas con una luz especial y donde la música suena como en el mejor de los teatros. Y también de las supersticiones, de esas “manías” que suelen tener los artistas, en su caso, cabe destacar tres: vestirse tanto de torero como de paisano empezando siempre por el lado derecho, ni ver el color amarillo y la montera nunca encima de la cama.

Volviendo a la breve historia taurina de Miguel, repasamos los nombres de algunas personas que han sido fundamentales en su trayectoria, aparte de los profesores de la Escuela Taurina de Valencia. Durante un par de años, las clases de la Escuela las completaba entrenando los sábados por la mañana con Juan Antonio “el Gateras” (“una excelente persona a la que le debo mucho”, en sus palabras). Así conoció a Ramón, un aficionado al toreo de salón que se fue convirtiendo en su persona de confianza, siendo su actual mozo de espadas. En torno a 2015, el banderillero Sergio Pérez le propuso entrenar con él y permitirle buscar festejos, aparte de los organizados por la Escuela Taurina. Dice Miguel que “Sergio me ha aportado madurez, confianza, aprender de toros, etc. y siempre me ha puesto las cosas claras, diciéndome la verdad”. Otra persona importante para Miguel es el joven matador de toros valenciano Jesús Duque, el cual le ha abierto la puerta de muchas ganaderías, llevándole a tentar con él.

Miguel se crió y vive en el barrio de Campanar, uno de esos pocos barrios de la ciudad de Valencia que conservan la esencia de barrio. Y ahí en Campanar está su peña, que surgió como un grupo de vecinos que intentaban acompañarle cuando toreaba, y en junio de 2016 se presentó en público, una vez constituida legalmente. La Peña Taurina Miguel Senent “Miguelito”, además del apoyo moral a su torero, intenta ayudarle económicamente, a través de las cuotas de sus socios y la venta de lotería de Navidad, para comprar ropa para torear, capotes, muletas.

En la carrera taurina de Miguel está marcada como fecha importante el 10 de marzo de 2017, día en el que pisó por primera vez, vestido de luces el ruedo que tantas veces le ha visto entrenar, el de la plaza de toros de Valencia. Fue uno de esos días de recuerdo imborrable, de sensaciones como vestirse en un hotel, estrenando vestido color coral comprado con la ayuda de su peña y capote de paseo bordado por su madre.y una amiga de ella.

El sábado día 30 de junio, Miguel tiene una cita importante: la final del prestigioso certamen de novilladas sin caballos “Alfarero de Plata” en Villaseca de la Sagra (Toledo). Antes, toreará en Albacete (24 de junio) y, después le esperan La Rioja (1 de julio), Valencia (14 de julio), Manzanares (15 de julio) y otras fechas que irán surgiendo.

Mi deseo que a Miguel le rueden las cosas este verano, para estar preparado para dar otro pasito más, el del debut con caballos y que siga avanzando hacia esa alternativa soñada, con el Maestro Enrique Ponce (al que Miguel define como “un referente para mí”) como padrino y Jesús Duque como testigo.

Cronica de Mercedes Rodriguez

Fotografias de Mercedes Rodriguez