MIGUELITO Y BORJA COLLADO TRIUNFAN EN SU DEBUT EN ALGEMESI

Sábado 22 de septiembre de 2018. Plaza de toros de Algemesí. Primera de feria. Lleno en un tarde calurosa. Novillos de Daniel Ramos y Cebada Gago, este para rejones, desiguales de presentación y juego. El rejoneador José Rocamora, oreja tras aviso. Miguel Senent Miguelito (grana y oro), oreja y oreja. Borja Collado (corinto y oro), oreja y dos orejas. Actuó como sobresaliente Sedano Vázquez (grana y oro). Presidió la alcaldesa de la ciudad Marta Trenzano. Entre las cuadrillas destacó El Puchano picando al segundo y José Arévalo saludo tras banderillear al quinto.

Un año más, cuando las manecillas del reloj de la Basílica de San Jaime de Algemesí marcaron las cinco y media de la tarde, comenzó una nueva edición de la tradicional feria de novilladas de esta localidad ribereña. Un ciclo de gran tradición, que resiste pujante y supone toda una bocanada de aire fresco en la promoción de la fiesta, en estos tiempos de crisis y ridículo antitaurinismo animalista.
Los festejos se desarrollan en el incomparable marco que, en la plaza mayor de la ciudad, conforma un palenque de madera compuesto por las citadas peñas cadafaleras. Todo un inverosímil prodigio arquitectónico.
Un recinto que se volvió a llenar de un público entusiasta, festivo y con enormes deseos de pasarlo bien. Hasta el amplio tendido de los sastres, conformado por los balcones de los edificios de viviendas que existen en la plaza mayor, se vio repleto de público.
Los antitaurinos, cómo no, volvieron a hacer acto de presencia, para tratar de entorpecer la celebración de una fiesta en la que toma parte toda la población en pleno, de todas las edades y estratos sociales. Con todo, la plaza se llenó. Y no solo la plaza, sino las calles de la ciudad eran un hervidero de peñistas, aficionados y público llegado desde diversas partes de la provincia. El parque Salvador Castell, que alberga todas las peñas, mostraba un ambiente extraordinario. Y la calle Muntaya y sus establecimientos atestados de gente. No cabía un alfiler.
El cartel inaugural de la setmana de bous tenía un atractivo especial. Un cartel eminentemente valenciano en los actuantes y en la ganadería. Y en el que hacían su debut con picadores dos destacados alumnos de la escuela de tauromaquia de Valencia como Miguelito y Borja Collado. Con el aditamento del rejoneador alicantino José Rocamora.
Los astados del ganadero castellonense Daniel Ramos, quien también hacía su presentación el festejo picado en esta plaza, compusieron un lote de disparejas hechuras.
Abrió plaza un ejemplar terciado, castaño, lombardo y bociblanco, de nombre Recatado, que manseó de salida. Se salió suelto del caballo y soportó una más que laboriosa lidia. Luego embistió a la muleta falto de entrega y quedándose corto, aunque al final resultase manejable.
El segundo, negro listón, Polaco de nombre, recibió un buen puyazo.También costó un mundo su lidia. En el tercio final fue y vino, noblón aunque escaso de raza, punteando los engaños y sin terminar de emplearse.
El de rejones, de Cebada Gago, fue un ejemplar castaño ojiblanco y bociblanco, que dio un excelente juego. No se cansó de perseguir a las cabalgaduras con celo y fijeza, a pesar de que le colocaron dos rejones de castigo.
Mucho cuajo tenía el negro cuarto, que enpujó metiendo los riñones en varas y se dejó pegar. También le dieron un montón de capotazos en su lidia en el tercio de banderillas y, a pesar de ello, llegó el tercio final embistiendo con calidad y fijeza por los dos pitones. Metió siempre la cara por abajo y duró. Un muy buen novillo.
Y al castaño que cerró plaza, le faltaban hechuras y remate. Corneó el peto, saliéndose suelto del caballo. Luego tuvo movilidad y se desplazó, aunque algo a la defensiva y soltando la cara.
Miguelito brindó la muerte del novillo del debut a los profesores de la escuela. Se mostró como un torero enterado, con conocimiento de la profesión y de los terrenos. Echó mano de recursos para solventar la papeleta y mató de una buena estocada.
Firmó una faena entonada al cuarto, al que toreó con buen concepto y soltura por los dos pitones. Y volvió a manejar los aceros con contundencia.
Borja Collado recibió con una larga de rodillas al del debut. Lo brindó al público, y luego lo muleteó con buen aire. Siempre en la línea de la ortodoxia y la compostura, queriendo hacer las cosas bien en todo momento. Mató de una estocada algo caída de efectos fulminantes.
Al quinto lo saludó con faroles de rodillas. Luego, muy espoleado, lo toreó con expresión y emotividad en un trabajo enrazado y que comenzó de hinojos. Y en el que siempre quiso. Muy en novillero, se pegó un arrimón en el epílogo de la faena, que cerró también de forma genuflexa y volvió a matar de una estocada.
El rejoneador José Rocamora, a pesar de su escaso bagaje, lució por su templada monta. Dejó llegar mucho al novillo, tanto que le tropezaron las cabalgaduras en diversas ocasiones. Con todo, tuvo la virtud de templar y clavó con reunión en una actuación más que aceptable. Muy enfibrado, apasionado y comunicativo, cumplió con creces.
Cronica de E.Amat
Fotografias de Mateo.Tauroimagenplus.com