Algemesí, 28 de septiembre. Octava de feria. Lleno.

Cuatro novillos de Talavante, desiguales de presentación y juego. El segundo fue premiado con la vuelta al ruedo.

Miguelito (de rosa y oro), bajonazo y entera, ovación; estocada y descabello,  silencio.
Miguel Polope (de blanco y oro), entera, dos orejas; pinchazo y estocada, silencio.

De las cuadrillas destacaron Donaire y Arévalo. Sergio Pérez fue cogido por el tercero, sufriendo una cornada en el muslo derecho.

 

La tarde pintaba bien, muy bien, y Miguel Polope, la gran esperanza de la afición valenciana, ya había cortado las dos orejas de su primero, un gran novillo de Talavante premiado con la vuelta al ruedo. También Miguelito había perdido una oreja del que abrió plaza por matar mal pese a estar bien.

Después del parón para la merienda, el tercero salió engallado y haciendo cosas raras. Como si estuviese reparado de la vista. Arrolló a Miguelito y poco después se llevó por delante a su peón de confianza, Sergio Pérez, que sufrió una cornada en el muslo derecho.
La lidia era caótica y el público tomo partido por los toreros, pidiendo que se devolviese el novillo a los corrales. Tras unos minutos de bronca e incertidumbre, finalmente, y con el primer tercio cumplido, el palco sacó el pañuelo verde y los mansos saltaron a la arena. Y aquí comenzó todo. El novillo arremetió con violencia contra los cabestros una, otra y varias veces, hasta hiriendo a uno de ellos. Contra otro topó de manera espectacular y ambos fueron al suelo. Más carreras hasta que la tropa, por fin, enfila la puerta de chiqueros, pero en la manga que lleva a los corrales, el novillo de Talavante consigue reventar una puerta y -hay que recordar que el coso de Algemesí, hecho totalmente de madera y desmontable, está instalado en la antigua Plaza del Ayuntamiento y no está cerrado- y el animal, junto a un manso, escapa. Cunde el pánico en los bajos de la plaza, puesto que mucha gente aún no habla subido a los tendidos tras la merienda, mientras que el astado huye por las calles de la ciudad. En su carrera llega hasta el parque y los límites de la ciudad, hiriendo a una señora que encuentra a su paso. En la plaza, mientas, se hace un llamamiento al público para que nadie abandone los tendidos y permanezca en su localidad hasta que se resuelva la situación. Finalmente, agentes de la policía local abaten al novillo a tiros y logran reducir y sujetar al manso. La pesadilla ha terminado y lo que queda en anécdota podría haber sido una tragedia.  Y la novillada de feria, la octava función del abono, al garete.
Lo que sucedió luego ya no tuvo mayor trascendencia y nadie le echó cuentas. Otra pena

Miguel Polope firmó lo más destacado de la octava función del abono algemesinense. Se lució al torear de capa, con variedad y gusto y, con la muleta, mostró tanta disposición como templanza, ligando los muletazos en series largas y limpias, sin permitir ni siquiera que el novillo, incansable, le rozase la tela, haciendo un toreo vertical y mayestático que caló pronto y le valió las dos orejas.

Antes, con el que abrió plaza, Miguelito, dejó una faena mandona aunque intermitente ante un novillo que no acabó de romper y al que mató mal.
Luego llegó el lío con el novillo devuelto y su fuga y la gente ya no prestó atención a lo que sucedió en el ruedo- Miguelito estuvo muy valiente, técnico y seguro con el tercero, un auténtico toro, y Polope poco pudo hacer ante un oponente que renunció pronto a la pelea y con un público que ya no estaba pendiente de lo que hacía el de Torrente.

Crónica de Paco Delgado  de Avance Taurino

Fotografias de Mateo,Tauroimagenplus