EL MEXICANO SANROMÁN SE ABRE UN CRÉDITO EN SU DEBUT

Domingo, 22 de julio de 2018. Plaza de toros de Valencia. Media entrada en tarde soleada. Novillos de Zacarías Moreno,  bien presentados y de buen juego. Jesús Chover (azul y oro), silencio tras petición y silencio tras aviso. Toñete (verde y oro), saludos tras petición y aplausos. Diego Sanromán (malva y oro), saludos y oreja. Entre las cuadrillas Jaime Soro picó con sabiduría el primero, y José Vicente Sanz hizo lo propio en el cuarto. Miguel Angel Martín se lució al banderillear al segundo Y José Arévalo lidió con soltura al que abrió plaza.  Presidió Pedro Valero. Pesos de los novillos por orden de lidia: 472, 488, 410, 508, 510, 490 (5 bis) y 511 kilos.

Tras el más que interesante aperitivo que ha supuesto el II Concurso Internacional de Escuelas Taurinas, echó a andar el abono de la feria taurina de San Jaime con la celebración de la novillada picada anunciada.
Este año el planteamiento de la empresa ha sido el de, en lugar de ofrecer un ciclo con festejos todos seguidos, programar tres fines de semana de toros. Una iniciativa que no es desdeñable, y que se puede pensar que permite que más aficionados en principio puedan ir a la plaza, porque durante la semana no hay ningún día festivo.
Se lidió un encierro de Zacarías Moreno. Compusieron un lote de utreros de una buena presentación, compraste suficiente y en general bien armados, salvo el escurrido ejemplar lidiado en tercer lugar.
El negro y girón primero se dejó pegar en varas. Luego llegó a la muleta embistiendo con son y buen aire por el pitón derecho aunque, muy obligado, acabó por rajarse, quedarse corto y soltar algo la cara. El segundo, bien presentado, fue y vino pero le faltó remate y un tanto así de clase. Dijo poco. Justo de presencia el tercero, que se fue con alegría al caballo. Y luego, ante la muleta, también galopó, metió la cara humillando y repitiendo sus embestidas. Un notable ejemplar.
Más cuajo tuvo el bien armado cuarto, que se fue con alegría al caballo y metió los riñones en
varas. Luego tuvo transmisión y tranco al comienzo de la faena, aunque acabó yendo a menos. El quinto fue devuelto por su escasez de fuerzas, y en su lugar salió un sobrero de Los Chospes, Un ejemplar muy feo de hechuras que renegó ante el picador de tanda.  Y tomó las telas desabrido, soltando la cara, repartiendo hachazos y a la defensiva. Y el sexto, con cuajo y amplio de sienes, también se dejó pegar en el caballo y se fue a las telas con prontitud, trancó, bravura y alegría. Con todo, tuvo el defecto de amagar con salirse suelto y de perder las manos varias ocasiones.
Encabezaba el terceto el valenciano Jesús Chover. Tras su triunfo el pasado ciclo fallero, parece que su carrera ha cogido un cierto vuelo. Está anunciado dos tardes en Valencia, toreó a principios de este mes en Madrid, y actuará en algunas ferias de novilladas, aunque se le ha dejado fuera de la de Algemesí, donde no hubiera caído mal su inclusión.
Jesús se mostró en su línea de novillero hambriento de contratos, enfibrado y pasional. Se fue la puerta de chiqueros a saludar a portagayola a su primero, al que luego le firmó un emotivo quite por faroles  de rodillas en el platillo. Toda la tarde anduvo variado  con el capote, espectacular en banderillas y tesonero en el manejo de las telas. Así lo hizo ante di primero, en una faena con ligazón que no terminó de coger vuelo. Y al cuarto también le echó la rodillas en tierra con el capote y en banderillas volvió a clavar con espectacularidad y exposición. Y no se cansó de intentarlo con la muleta, en una labor que comenzó de hinojos en tablas, afanosa y tesorera pero que tampoco alcanzó mayor relieve.
Toñete, torero de alta alcurnia, se nota que está muy toreado. Está actuando con mucha frecuencia, y no le faltan toros en el campo. Eso le ha proporcionado un sólido oficio y seguridad en la cara de los estados. A su primero lo muleteó con profesionalidad y soltura, muy sobrado y con sentido de la ligazón. Tuvo la virtud de robar los muletazos a su antagonista, con aplomo y recursos, si bien a su fácil trasteo le faltaron apreturas.
Y trasteó al quinto con seguridad y voluntad, en el marco de un trabajo de borrosa firma en el que, siempre perfilero, tampoco se fue en ningún momento al pitón contrario ante un novillo que, eso sí, le dio pocas opciones.
En cuanto al mexicano Diego Sanromán, quien debutaba con picadores por estos lares, se le vio como un espada que tiene una concepción de la tauromaquia más que interesante. Abrió la faena a su primero con derechazos con las dos rodillas en tierra y luego, ya de pie, manejó los trastos con verticalidad y un sello muy personal. A pesar de su bisoñez, siempre trató de torear  bajando la mano y sometiendo a su antagonista.
Y mucha impronta tuvo la apertura de su labor al sexto, con pases cambiados en el platillo. Luego, siguiendo la misma boca de riego, toreó al natural con templanza, compás, ligazón, mano baja y sometimiento, en todo momento con la muleta puesta. Muy firme y asentado, enganchó al novillo por delante y con gran pulso y suavidad en los toques. Un más que convincente debut que le abrió un amplio crédito.
Cronica de Enrique Amat

Fotografia de Mateo  Tauroimagenplus