Viernes, 8 de marzo de 2024.  Plaza de toros de Castellón. Lleno sin apreturas en tarde agradable.  Toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación, desfondados, noblones, pero sin ninguna raza. Manzanares (corinto y oro)  silencio y silencio. Roca Rey (blanco y plata), oreja y oreja tras aviso. Tomás Rufo (ceniza y oro), dos orejas y oreja.Entre las cuadrillas destacó con los palos Fernando Sánchez. Presidió Vicente Oliver, con cierta prodigalidad.Pesos de los toros por orden de lidia: 516, 524, 519, 539, 541 y 509 kilos. 

Enrique Amat, Castellón

 El anuncio en Castellón del que, sin lugar a dudas, es gran estrella del escalafón, polémicas aparte, como el peruano Roca Rey, hizo que los tendidos del coso  castellonense registrasen una buena entrada.

Pero no solo se concentra en los toros la feria de la Magdalena. Uno tuvo el placer y el privilegio de visitar la librería Argos de Castellón. Luego ir al Casino Antiguo para disfrutar con la exposición de pintura taurina de Manuel Franch  y saludar al ganadero Manolo Beltrán. De ahí al Hotel Mindoro a los aperitivos de la COPE, con el amigo Pedro Mileo ejerciendo de anfitrión y donde uno tuvo la ocasión de reencontrarse con el ilustre notario Ernesto Tarragón Albella con quien uno tuvo el privilegio de estudiar la carrera de derecho en Pamplona. De ahí, a La Guindilla, acompañado del consultor  y gran aficionado Amadeo Pitarch, el torero y abogado Manolo Carrion y su mujer. Y la ruta concluía en El Corte Inglés a compartir mesa  y mantel con Jose Antonio Gracia, el doctor Espinosa, Ricardo Villuendas y su hijo y respectivas familias. Un gozo disfrutar de la amistad con quienes aprecia. Y ya con el ánimo  suficientemente ambientado, al palco de la plaza de toros.

Y allí, bajó  el nivel de lo vivido por la mañana. Mucho ruido y pocas nueces, en una corrida que tuvo un resultado más espectacular en el marcador que lo que fue  en realidad el partido. Tanto es así, que las mayores ovaciones se las llevó a la banda de música y hasta un propio que se marcó una jota antes de que saliese el sexto de la tarde al ruedo.

Los toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación y de juego asimismo desigual, decepcionaron. Apenas un refilonazo tomó el colorado primero, apretadito de carnes, simpático por delante y con escaso fondo. Fue y vino, tan noble como obediente y rajado. Un ejemplar sin raza y sin sustancia.

Abanto de salida el castaño segundo, distraído y corretón. Escasamente armado, perdió ya las manos de salida en dos ocasiones. Dormido en el peto y sin apretar, en la muleta fue y vino, muy ayudado por su matador, pero ayuno de emoción, de raza y de clase. El también, colorado y terciadito tercero se empleó algo de salida. Huido, remiso, y sin ganas de pelea, salió despavorido y como alma que lleva el diablo de su encuentro en el caballo. Luego fue y vino, siempre eso sí, sin ton ni son. Noble, obediente pero dócil y aborregado hasta decir basta.

El también colorado cuarto, más apretado de carnes, largo, silleto y enmorrillado, tuvo cierta alegría en el capote. Luego no tuvo ningún gas y menos emoción. También aborregado, inofensivo, y desentendido, fue la antítesis del toro de lidia. Tampoco se empleó en el caballo el quinto, corretón y distraído. Ni quiso, ni pudo, ni le obligaron. Carne de matadero. Y el negro sexto, que cerró plaza, al menos tomó las telas con cierto poder, metiendo la cara humillando y repitiendo. Se salvó del naufragio general.

Manzanares, en la primera de sus dos comparecencias en el abono, muleteó con tanta compostura como vacío empaque a su relevante primero, en un trabajo de más estética que de fondo. Aquello no tuvo ni sustancia ni verdad. Y lo intentó en plan funcionarial, desangelado, reiterativo y aburrido ante el cuarto. Lo mejor que hizo fue despenarlo de una buena estocada.

Roca Rey firmó en el segundo una faena en la boca de riego, quedándose muy cerca de los pitones, pisando terrenos de compromiso y haciendo embestir  a un toro escasamente ofensivo. Cercanía de terrenos, valor, sometimiento, eso sí, pero escaso fondo y nula emoción. Pero hizo su papel y se justificó. Mató de una estocada trasera y caída.

Y firmó un trasteo desangelado , intermitente, irregular, deslucido y poco confiado ante el quinto. Ofuscado, a disgusto, escasamente fresco y poco lúcido. Hasta rodó dos veces por la arena donde cayó el solo. Su epílogo cangrejero y efectista, en los terrenos del sol, animó a la concurrencia. Mató de un bajonazo con derrame, pero el peso del ídolo propició el corte de trofeos

Tomás Rufo lanceó con vibración rematando con una media de hinojos. Luego firmó un trabajo de larguísimo metraje y escaso mensaje. Encimista, afanoso y tesonero, dio muchos muletazos, entregado y animoso, pero con escaso fondo y nula firma. Poco expresivo y escaso de relieve. Por momentos, los aficionados estaban más pendientes de la interpretación  del pasodoble Juan Pedro Domecq por parte del Ateneu Musical Schola Cantorum de la Vall d’Uixó que de la labor del espada.

Y a los sones de «La concha flamenca» de Perfecto Artola firmó ante el sexto una labor que en sus primeros compases resultó  maciza, ligada, muleteando con la mano baja, llevando muy toreado a su oponente y embebido en los vuelos de la muleta. 

Este lucido proemio de la faena, luego fue menos, ya que se prodigaron los enganchones y los desarmes. El trasteo no tuvo rotundidad en su conjunto. Y también volvieron a sonar más fuertes los aplausos para la banda que para el torero , todo un síntoma  Mató de un pinchazo y una estocadas caída.

Cronica de E. Amat

Fotografias de Mateo de Tauroimagen plus.com

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