MÁS OREJAS QUE EMOCIONES 

Jueves, 14 de marzo de 2019. Plaza de toros de Valencia. Menos de media entrada en tarde soleada y fresca. Toros de Zalduendo, desiguales de presencia y de buen juego en general, dentro de su escasez de fuerzas y justa raza. Destacaron segundo, tercero, quinto y sexto. Antonio Ferrera (azul noche y oro), saludos y silencio tras aviso. David Fandila El Fandi (verde manzana y oro) saludos tras aviso y oreja. Alberto López Simón (marino y oro), oreja y oreja tras aviso. Entre las cuadrillas destacó con las banderillas Fernando Sánchez. Presidió Pedro Valero. Pesos de los toros por orden de lidia: 532,568, 508, 532, 538 y 540 kilos.

Antes de la llegada de los festejos estrella del serial fallero, se anunciaba un cartel de toreros presentes en todas las ferias, quienes incluso han liderado el escalafón algunas temporadas, y que ayer ocupaban la cartelería de este día intermedio, en espera de la gran traca final del abono.

Los toros de Zalduendo estuvieron algo desigualmente presentados. No muy sobrados de fuerzas y tampoco de raza, con todo en general colaboraron con la torería andante. Otra cosa fue la emoción que transmitieron.

El burraco primero se salió suelto del caballo, escarbó más de la cuenta y perdió las manos durante el primer tercio. Sin mucha raza y claudicante, fue y vino por ahí sin ton ni son. El negro segundo se derrumbó en un quite tras el primer puyazo, y apenas le dieron un picotazo en la segunda entrada. Tuvo fijeza en la muleta, y embistió con mucho son y repitiendo con nobleza. Al irrelevante y poco hecho tercero apenas se le picó en el caballo. Claudicante y perdiendo las manos, a pesar de ello llegó al tercio final repetidor, con transmisión, movilidad y fijeza.

También se le picó muy poco al cuarto, un ejemplar desrazado, desentendido y escasísimo de casta y de raza. Apagado y embistiendo al tran-tran, fue la antítesis de lo que debe ser un toro de lidia.

Se movió más el quinto, que embistió con celo, encastado y repitiendo las embestidas incansable. Y tampoco se cansó de embestir el cierraplaza.

Antonio Ferrera sigue mostrando la evolución que ha experimentado su tauromaquia en esta última parte de su carrera. De un torero eléctrico, algo crispado, arrollador y todo corazón se ha pasado a un espada reposado, compuesto, con cadencia e incluso con gusto. A su primero le firmó una faena de larguísimo metraje, limpia, y compuesta, que no tuvo mayor trascendencia ante lo irrelevante de su oponente. Y por ahí anduvo ante el irrelevante cuarto, en un trabajo voluntarioso y tesorero pero de nulo relieve. Al final la gente se impacientó y con motivo. El toro no dio más opciones.

El que sigue por donde solía, y en su línea habitual es David Fandila. Como siempre recibió con largas cambiadas con el capote, lanceó y  quitó con vistosidad, banderilleó con un portentoso ejercicio de facultades y muleteó afanoso y tesorero. Nada nuevo bajo el sol. Llegó, fichó, se puso en la cadena de montaje e hizo lo que le tocaba en el guión.

Destacar que ante el quinto protagonizó un excepcional tercio de banderillas con cuatro pared.  Y tuvo importancia su apertura de faena de rodillas en el platillo. Luego plantó cara con decisión a su excelente quinto, en un trabajo abundante en el que dió muchos muletazos sin desmayo.

El madrileño Alberto López Simón llegó a liderar en su momento el escalafón de matadores de toros. Ahora parece estar pasando su particular travesía del desierto, valga la expresión. Ha pasado de estar presente en todas las ferias haberse relegado a puestos y festejos algo más secundarios. Ayer hizo el paseíllo con aires de Talavante. Engominado, imitándole en los andares y la postura. A su primero le instrumentó una faena de largo metraje, en la que siempre le buscó las vueltas a su oponente. Mató de una gran estocada. Y tuvo la virtud de dejar la muleta siempre puesta al sexto, al que ligó con facilidad y vistosidad en una labor también de larga duración y que coronó de otra buena estocada.

Cronica de Enrique Amat

Fotografia de Mateo.Tauroimagenplus