MARIO PALACIOS ABRE LA PRIMERA PUERTA GRANDE DE LA

Domingo, 24 de septiembre de 2017. Plaza de toros de Algemesí. Segunda de feria.Lleno en tarde de sol y calor.Novillos de Aída Jovani y uno de Prieto de la Cal para rejones, desiguales de presencia y juego variado. El rejoneador Raúl Martín Burgos, palmas. Mario Palacios (grana y oro), oreja y oreja. Carlos Ochoa  (rosa y azabache), silencio y silencio. Actúo como sobresaliente Víctor Manuel Rodado (lila y azabache), oportuno en quites. Entre las cuadrillas destacó Pedro  Lara. Presidió el presidente de la comisión taurina local Carlos Esquer.

La segunda novillada de la feria de Algemesí tenía como uno de sus alicientes la presentación de el hierro castellonense de Aida Jovani. La joven ganadera, quien ya ha lidiado encierros en novillada sin picadores en esta misma plaza, se anunciaba por primera vez una novillada picada. Muchos aficionados de la tierra se dieron cita en Algemesí para presenciar la efeméride, que sin resultar triunfal, dejó un crédito abierto y una puerta a la esperanza, y para que tanto Pedro como Aida sigan con el ilusionado esfuerzo que ponen en este romántico empeño.

Serio y con mucho cuajo el burraco primero, un ejemplar alto y bien armado. Echó las manos por delante en el capote, y luego se dejó pegar en varas. Echó un tanto la cara arriba en banderillas y ya en la muleta embistió con templanza y metiendo la cara por abajo. Le faltó algo de recorrido ya que pareció acusar el fuerte puyazo que sufrió, así como un tranquito más y le sobró soltar algo la cara. El también burraco y muy bizco segundo metió bien la cara en el capote. Luego renegó ante el caballo, del que salió suelto. Algo distraído y escaso de fuerza, se derrumbó varias veces. Resultó bondadoso y con un gran fondo de nobleza, aunque muy claudicante. El cuarto, negro, delantero de cuerna y de bonitas hechuras, peleó con bravura en el caballo. Tuvo tranco en banderillas y en la muleta exhibió ritmo, templanza, nobleza y la virtud añadida de alargar los viajes. Resultó excelente para el torero, si bien le faltó un tanto más de prontitud, celo y romper para adelante. Y el  cierraplaza, de un vistoso pelaje, tuvo mucho volumen. Metió bien la cara en el capote, recibió un muy fuerte puyazo y también tuvo tranco en banderillas. Con la muleta tuvo el defecto de gazapear en demasía, aunque metió la cara y siempre quiso coger las telas, si bien con la tendencia a salirse siempre suelto de los embroques y con la cara alta.

El de rejones, de Tomás Prieto de la Cal,  fue un ejemplar jabonero sucio, lustroso y bien presentado. Se dejó, aunque tuvo muy poca casta. Aplomado, se emplazó en los medios a verlas venir, y apenas dio algunos arreones cuando sintió los hierros.
El rejoneador madrileño Raúl Martín Burgos firmó una actuación presidida por la abundancia. Colocó dos rejones de castigo, banderilleó clavando reunido y arriba, sobresaliendo en dos pares al violín y en la colocación de la rosa, pero se pasó en la cantidad de hierros que clavó, algunos con suerte desigual. Tuvo que hacerlo él todo ante un asado que se emplazó. Mató de un rejón de muerte del que tardó su antagonista en doblar, teniendo que rematar con un descabello pie a tierra.
El novillero extremeño Mario Palacios, ya muy veterano, se mostró como un torero placeado y con oficio en su primero. Tiene conocimiento de la profesión y anda con seguridad por la plaza, aunque su firma no tiene demasiada expresión. Mató de una buena estocada. Al cuarto lo recibió con dos largas de rodillas. Y lo muleteó con templanza y buen oficio en una labor entornada, limpia y segura, aunque asimismo ayuna de una firma rutilante y expresiva. Pero cumplió con creces.
En cuanto a Carlos Ochoa, formado en las aulas de la Escuela de Tauromaquia de Madrid, recibió con largas cambiadas a su primero, al que lanceó  con variedad tanto en el saludo como en el posterior quite. Luego entendió la perfección en su oponente, al que supo darle tiempos, espacios, sitio y distancia, y, sobre todo, templarlo. Para terminar echó mano del repertorio de adornos y desplantes y remató su faena con una estocada desprendida y algo suelta y varios golpes de descabello. Y también anduvo afanoso y tesonero ante el quinto, en un trabajo que resultó algo encimista y amontonado, y que tampoco tuvo acertado remate con las armas toricidas.
Cronica de . Enrique Amat
Fotografia de .Mateo Tauroimagenplus