EL MARAVILLOSO ESPECTÁCULO DE LA BRAVURA

Domingo, 17 de marzo de 2019. Plaza de toros de Valencia. Tres cuartos de entrada en tarde soleada y ventosa. Toros de Jandilla y Vegahermosa (1º y 6º), desiguales de presencia y de juego en general deslucido. El 5º fue premiado con  la vuelta al ruedo. Diego Urdiales (verde y oro), saludos y silencio tras aviso. Sebastián Castella (pastel y oro), silencio tras dos avisos y dos orejas tras dos avisos. Cayetano (celeste y azabache), silencio y silencio. Entre las cuadrillas saludaron tras banderillear al quinto José Borrero y Fernando Pérez. Presidió Pedro Valero. Pesos de los toros por orden de lidia: 539, 530, 533, 535, 540 y 541 kilos.

Incidencias: el banderillero Javier Gómez Pascual, tercero de la cuadrilla de Cayetano, fue cogido durante la lidia del segundo de la tarde, cuando cortaba en el tercio de banderillas. Entró por su propio pie a la enfermería, donde fue atendido de una «cornada a nivel de la región paravertebral derecha a nivel de L4-L5, que secciona la piel en unos 6-7 cm. y penetra contundiendo la vértebra y rompiendo la fascia lumbar y músculo multifidus en una trayectoria de 3 cm. y otra lateral de 4 cm. que disecan periostio vertebral y rompe fibras musculares. Respeta la médula espinal y no penetra en el retro peritoneo. Es intervenido bajo anestesia local y sedación. Pronóstico reservado. Trasladado al Hospital Casa de la Salud«.

El maravilloso espectáculo de la bravura fue lo más destacado de la sexta corrida de toros de la feria fallera. Un espectáculo propiciado por el toro Horroroso, quinto de la tarde, con mejores hechuras y más cuajado que sus hermanos, acucharado de cuerna, que derribó dos veces en varas. El picador de tanda, Santiago Pérez, le señaló arriba, pero le hizo muy poca sangre. Tuvo fijeza y prontitud en banderillas, al igual que en la muleta. Se vino de largo a las telas con tanta raza como transmisión. Un gran toro, bravo, repetidor, que humilló por bajo siempre embebido en los vuelos de la muleta y sobrado de clase, sin cansarse de embestir, rebosante de una generosísima bravura.

La gente le pidió con fuerza el indulto, que le fuera perdonada a la vida. Una petición además espontánea, nacida del corazón de los aficionados. No como otros indultos de artificio, que se generan y vienen preconcebidos entre el ganadero, los taurinos, apoderados y toreros. Y luego se ponen en marcha en el callejón, entre bastidores.

Ayer no sucedió así. Al final el presidente decidió que no le fuera perdonaba la vida a Horroroso. Se podrá discutir por qué no se le perdonó está vida. Todo tiene matices y no hay verdades absolutas. Algunos apuntaban a que al toro apenas se le picó, aunque lo cierto es que derribó en las dos entradas al caballo. Pero luego su forma de tomar las telas, de embestir, su prontitud y su generosa exhibición de bravura hacían pensar que era todo un desperdicio no aprovechar la simiente de este astado para futuras generaciones. A final le dieron la vuelta al ruedo en medio de una atronadora ovación del público, que premió así su bravura.

Una corrida deslucida

Lo cierto es que la sexta corrida de toros del abono fallero ofrecía un cartel presidido por la diversidad. Con tres toreros de diferentes cortes y personalidades, quienes ocupan un relevante lugar en el escalafón, aunque no con la categoría de grandes figuras.

Los toros de Jandilla, con los dos hierros de la casa, compusieron un lote de astados  de muy desigual presencia y que, a salvo el oasis de Horroroso, dieron un muy escaso juego y resultaron muy deslucidos. Grandón y cuajado el que abrió plaza, que embistió al capote receloso y a la defensiva. Salió despavorido del primer encuentro con el caballo y en una segunda entrada se dejó pegar. Tuvo nobleza y siempre quiso embestir, aunque su escaso empuje le hizo aplomarse pronto y defenderse más de la cuenta.

Al segundo, protestado de salida, le picó el de tanda en la primera entrada haciendo la carioca. Y tomó bien una segunda. Luego en banderillas se llevó por delante al tercero de la cuadrilla de Cayetano y embistió con transmisión y su punto de casta,  exigente pero humillando, aunque al final acabó yendo a menos. Abanto de salida del tercero, que también se salió suelto y huyendo del caballo. Echó las manos por delante y la cara arriba sin emplear sin entregarse. Escarbó y se dolió en banderillas, Y no se empleó en la muleta. Incierto y a la defensiva, no sirvió. Muy estrecho y poco rematado el cuarto, que en el primer tercio fue y vino por ahí distraído y huyendo. Antes de ser picado ya llevaba la boca abierta y la lengua colgando. Con todo, empujó en el caballo y acabó derribando. A la muleta embistió al tran-tran, a la defensiva, sin clase, y soltando siempre la cara y echó la cara arriba a la hora de matar.  Y tras Horroroso, al cuajado y lustroso castaño que cerró plaza se le pegó con saña en el caballo. Luego tuvo la virtud de repetir las embestidas aunque escaso de fondo.

Torería, templanza y desconfianza

El balance de la terna fue muy desigual. La encabezaba el riojano Diego Urdiales. Un torero por el que siente especial predicamento Curro Romero, de quien mañana se cumple y el 60 aniversario de su alternativa en la plaza de toros de Valencia. Gregorio Sánchez y Jaime Ostos ejercieron de padrinos de una ceremonia en la que se le cedió la muerte de un toro del Conde de la Corte. Valencia tuvo así el privilegio de albergar la alternativa de uno de los toreros más importantes de la reciente historia de la tauromaquia.

Urdiales, como los buenos vinos riojanos, ha ido mejorando con el tiempo. Y con el paso de los años, ha ido evolucionando su tauromaquia hasta convertirla en un auténtico vino de reserva. Una tauromaquia presidida por el buen gusto, la ortodoxia, el poso y el sabor añejo. A pesar de ello, y lo que son las cosas del negocio taurino el año pasado apenas y toreó seis corridas de toros. Parafraseando a Los profesionales del vino, su toreo sorprende por su intensidad aromática. Tiene además un paso suave, y una estructura cadenciosa. No falta la rotundidad en la torería de sus matices, tan intemporal como intensa y elegante, de un largo regusto. Siempre expresivo y sentido.

Ayer firmó una torerísima apertura de faena a su noble pero apagado primero, abrochada con un precioso pase cambiado por bajo. Pausado y parsimonioso, muleteó con cadencia y ortodoxia, en un trabajo de buena colocación, empacado y sobrio, bien concebido aunque le faltó coger vuelo. Y coronado de una gran estocada. Y se perdió en un larguísimo trasteo, en el que hubo muchas probaturas pero no pudo coger argumento ante un toro a  contra estilo. Y encima, mató a la última.

Tuvo impronta e intensidad el prólogo de la faena de Sebastián Castella al segundo, que comenzó cogido a las tablas del tendido siete, con pases por alto y un sensacional cambio de mano. Luego, ya fuera de la rayas, le firmó una labor tesonera, en la que faltó cruzarse con su oponente. Le pegó muchos pases, aunque el trabajo no mantuvo el tono y fue más extenso que logrado.

Y también emoción intensidad tuvo su apertura de faena al excelente quinto, con ajustadísimos pases cambiados en el platillo de la plaza. Luego muleteó con ligazón, vibración, templanza, mano baja y sometimiento en series largas en una faena  trabajo que tuvo algunos dientes de sierra. Al final mató de una buena estocada y tres descabellos.

Cerraba el terceto Cayetano. No terminó de estar a gusto frente al tercero, al que se enfrentó desconfiado, en una labor despegada e insegura, en la que además se vio muy  molestado por el viento. Lo mató, eso sí, de una buena estocada y tres golpes de verduguillo. Y tuvo el gesto de echarle a las dos rodillas en tierra en el inicio de faena sexto, que había brindado al público. Pero una vez puesto de pie, y molestado otra vez por el viento, no pasó nada. Todo quedó en un desconfiado quiero y no puedo en medio de la nada.

Cronica de Enrique Amat

Fotografias de Mateo.Tauroimagenplus