MAESTRÍA, ABULIA Y ÉPICA

Sábado, 17 de marzo de 2018. Plaza de toros de Valencia.
Lleno en tarde nublada. Toros de Domingo Hernández (1, 2 y 6) y Garcigrande, de desigual presentación y juego. Enrique Ponce (tabaco y oro), vuelta tras petición y aviso y dos orejas tras aviso. Alejandro Talavante (rojo y oro), silencio y silencio tras aviso. Paco Ureña (blanco y oro) saludos tras aviso y oreja. Entre las cuadrillas destacó Valentín Luján. Presidió Jesús Merenciano, intentando poner orden al entusiasmo popular. Pesos de los toros por orden de lidia: 539, 534,534,540, 545, 553 kilos.
Ureña fue atendido de una contusión torácica y en región cervical posterior que produce contractura muscular. Varetazo ocurrido en región gemelar del miembro inferior derecho. Erosiones en miembro inferior izquierdo. Pronóstico reservado.
El público valenciano, que es pródigo y hasta franciscano en su entusiasmo y generosidad, obligó a Enrique Ponce a salir al tercio una vez se deshizo el paseíllo. Enrique, con generosidad, invitó a sus dos compañeros de terna para que recogiesen las ovaciones de unos aficionados que acudieron a la plaza con la mejor disposición para disfrutar de una tarde de toros.
Nada más salir el primero al ruedo, las cañas ya se tornaron lanzas. El toro salió pensándoselo, quedándose corto, manseando. Y el público empezó a protestar. Aunque luego, al rato, aplaudían otra vez. Y luego volvían por momentos a protestar. Y de nuevo a aplaudir.
Otra corrida con figuras en el cartel, y otra corrida con problemas en los toros en corrales para ser lidiados por la tarde en la plaza. Luego vienen los pucheritos, las cucamonas, las caras de asombro, de como si la cosa no fuera con ellos, de algunos de los matadores actuantes y sus mentores, que son quienes en realidad han elegido los encierros a lidiar. Como ayer pasó con alguno de los coletudos anunciados.

Los astados del recientemente desaparecido criador de toros bravos salmantino Domingo Hernández, que lucieron divisa negra de luto, exhibieron una justa presentación.

Terciado y falto de remate el lucero primero, al que tuvieron que darle el primer puyazo en el caballo que guardaba la puerta. Luego, llegó al tercio final repitiendo incansable sus embestidas, con fijeza y humillando una enormidad.

Muy agarrado al piso, sin fuerza ninguna y muy aplomado el segundo, que no dio opciones a su matador.
Se protestó de salida al tercero, un ejemplar de escaso trapío y renqueante, que tomó las telas siempre rebrincadito, al tran-tran, echando la cara arriba, soltando tornillazos y a la defensiva.
El cuarto se desplazó por los dos pitones y, a pesar de que no tenía excesiva raza, de no parar de escarbar durante su lidia y de no dejar de recular, sirvió a su matador.
Se movió y desplazó el castaño quinto, un ejemplar de bonitas hechuras, pero ayuno de emoción, manso y desentendido. Y el sexto se salió suelto del caballo, se repuchó y no tuvo ni raza ni clase. Llegó al tercio final a la defensiva, cortando los viajes, y soltando la cara. Un morucho.
Encabezaba la terna Enrique Ponce,  quien aprovechó las bondades del primero para muletear relajado, fácil, con su clásico estilismo y sabiendo exprimir las embestidas de su oponente sin molestarlo, siempre en línea recta  y con gran pulso y maestría. Como en el toreo la división de opiniones es siempre bienvenida,  unos en el tendido hablaban de que estuvo algo superficial, previsible y ligero. Para otros, se inventó el toro. Y para algunos más, estuvo “de categoría”. Que cada cual elija.
Mató de un bajonazo y, pesar de ello,  el público le pidió con fuerza los trofeos, que el presidente no concedió en medio de una gran bronca.
Salió muy espoleado y dispuesto ante el cuarto. Brindó al público y ese mero gesto puso en la plaza del pie, lo que reveló el cariño y el afecto que le tiene el público de Valencia al torero más importante que ha dado esta tierra en la historia del toreo. Otra cosa es que en los últimos años no haya tenido el gesto de responder a ese cariño, anunciándose con alguna corrida de mayor entidad de las que ha matado.
Fuera de la rayas, volvió a muletear con maestría, oficio, ambición, limpieza, seguridad, facilidad y clarividencia a un toro que repitió las embestidas, al que firmó un trabajo de larguísimo metraje que llegó mucho a los aficionados. Mató de un pinchazo y una estocada desprendida y se desataron de nuevo las pasiones.
La gente, enardecida, se puso en pie al grito de torero torero. Al final le premiaron con dos orejas, con las que dio una vuelta al ruedo de forma apoteósica. Y luego en el centro del platillo la gente seguía gritándole torero torero. No se puede pedir más.
Alejandro Talavante no consiguió poner de manifiesto esa su concepción de la tauromaquia por la vía de la originalidad, de lo distinto, del sentido de la improvisación y lo entre místico y telúrico.

 

y es que apenas pudo ponerse delante de su comatoso y moribundo primero, ante el que no tuvo ningún tipo de opción. Y tampoco tuvo  demasiadas opciones aunque, preso del desánimo y no exento de abulia, tampoco le buscó soluciones al quinto.
El murciano Paco Ureña se había ganado con su actuación de la pasada feria de julio la inclusión en un cartel de campanillas, con figuras del toreo y toros de los llamados comerciales.
Brindó la muerte del tercero a los componentes del equipo médico de la plaza de toros de Valencia. Interpretó una sincera y compuesta porfía ante un astado irrelevante. En el tramo final de la faena,acortó terrenos, apretó las distancias y a base de exponer y consentir exprimió las escasas posibilidades de su oponente. Serio, dispuesto, valiente y encajado, dio una gran medida.
Y se la jugó con tanta verdad como épica ante el amoruchado y complicado sexto, con el que lo intentó con sinceridad y ortodoxia, en una labor de mucho mérito. Al final del trasteo fue cogido, después de que le avisase repetidamente su oponente. Se la jugó de verdad, en plan de torero macho y puso emoción la tarde. Mató de un estoconazo Y con la oreja la mano se fue a la enfermería para que le curasen las lesiones que sufrió.
Cronica de Enrique Amat
Fotografia de Mateo ¿. Tauroimagenplus