LOS VALENCIANOS DESTACAN ANTE UN BUEN ENCIERRO DE LÓPEZ GIBAJA

Domingo 6 de octubre. Plaza de toros de Valencia. Un tercio de entrada en tarde calurosa. Erales de Antonio López Gibaja, correctos de presentación y en general de buen juego. Lucas Miñana, de la Escuela de Béziers (negro y plata) división al saludar tras dos avisos.  Mario Arruza, de Citar Guadalajara (coral y oro), vuelta. Borja Escudero, de la Escuela de Arles (burdeos y azabache) vuelta tras aviso. Juan Marín, de la Escuela de Valencia (grana y oro), vuelta tras aviso. Javi Camps, de la Escuela de Valencia, (azul noche y oro), oreja. Eric Oliveira, de la escuela taurina de Badajoz (rojo y oro), saludos tras aviso. Julian Garibay de la Escuela de Colmenar (negro y blanco), palmas tras aviso. Entre las cuadrillas se lucieron al parear Sergio Pérez, Raúl Blázquez y Diego Valladar. Presidió, con rigor, Jesús Merenciano.

Una más que loable iniciativa es esta de programar en los ciclos feriales novilladas de promoción con participación de alumnos de las escuelas de tauromaquia. En esta ocasión, se anunciaron hasta siete aspirantes, dos de ellos valencianos, quienes se ganaron su inclusión en este festejo por su triunfo en el certamen de novilladas de la feria de julio

Los tendidos de la plaza se vieron ocupados con un elevado número de aficionados. Y con presencia tanto de jóvenes como foráneos.

Para calibrar las  posibilidades de los jóvenes toreros, se lidiaron reses de la divisa de Antonio López Gibaja, ya conocida por estos lares, y un hierro que colabora  con la escuela de tauromaquia de Valencia. Los erales exhibieron una presentación más que suficiente para este tipo de festejos. Luego, su juego en general estuvo presidido por la nobleza y la calidad en sus embestidas, aunque algunos estuvieron ayunos de fuerza y les faltó poder.
El que abrió plaza tuvo una gran calidad y nobleza, así como  excelente fondo y  tranco, aunque no le sobró pujanza. Más brío tuvo el segundo, que además exhibió unas generosísimas dosis de casta. El tercero, que se dolió en banderillas, tuvo raza y se desplazó con buen son y calidad por los dos pitones. Tuvo  treinta arrancadas de ensueño el cuarto, si bien luego tendió a quererse ir.

Asimismo se comportó con nobleza  y embistió con templanza el quinto, que tuvo el defecto de una alarmante falta de fuerzas. El bizco sexto salió abanto de chiqueros. Se dolió en banderillas y berreó, y en la muleta, muy rajado, le costó. Y el que cerró plaza, castaño y bociblanco, tomó las telas con templanza y ritmo.

Encabezaba el cartel  Lucas Miñana, de la Escuela de Béziers, quien ocupaba el puesto de la anunciada Anaïs. Se fue a la puerta de chiqueros a saludar a su primero, al que lanceó movido, banderilleó con más voluntad que acierto y muleteó en un trasteo de larguísimo metraje y escaso mensaje, en el que dió muchos pases pero de poco contenido. Quiso componer la figura, pero se perdió en un trabajo esforzado en el que no acab de cogerle el sitio ni la distancia su oponente.

Mario Arruza, de Citar Guadalajara, se fue al boca del riego a comenzar su faena de muleta con las dos rodillas, con sendos pases cambiados. Luego, firmó una faena algo atolondrada y amontonada, en la que no acabó  de centrarse con su antagonista, que le desbordó el más de una ocasión.

Borja Escudero, de la Escuela de Arles, espigado coletudo quien lució un extrañísimo terno, fue aparatosamente volteado al hacer un quite en el segundo. Se le olvidó pedir permiso a la presidencia para matar al de turno, frente al que intentó torear  siempre por la línea de la compostura y la expresión, poniéndose en son apaulado, en un trabajo de más formas que remate.

Juan Marín, de la escuela de tauromaquia de Valencia, lanceó con apostura y personalidad. Brindó la muerte de su antagonista a Toni Gázquez, Director del Centro de Asuntos Taurinos. Su faena, presidida por el sello y el gusto, tuvo altibajos, pero firmó muletazos de extraordinaria estética, expresión y sentimiento. Labor de más firma que contenido, pero con detalles de gran interés.

Javier Camps, también de la Escuela de Valencia, lució en una faena presidida por la ligazón y el clasicismo, en la que dió muletazos, muy enfibrado, queriendo hacer siempre las cosas bien. Mató de una estocada de efectos fulminantes.

 Eric Oliveira, de la escuela taurina de Badajoz, se mostró como un torero enterado y con oficio. Tiene recursos y zarpas. Y supo buscar las vueltas a su complicado oponente ñ, en un trabajo de torero capaz.

Y Julian Garibay, de Escuela taurina de Colmenar Viejo, quien ocupó el puesto de David López de la misma escuela, brindó su faena a Vicente Ruiz El Soro. Y anduvo templado y compuesto aunque el trasteo tampoco acabó de coger vuelo. No acertó con los aceros.

Crónica de Enrique Amat

Fotografias de Mateo. Tauroimagenplus