LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA SE EXAMINAN EN CHELVA

Domingo, 26 de agosto de 2018. Plaza de toros de Chelva. Media entrada en tarde agradable. Novillos de Manuel Patón, con cuajo y exigencia. Alejandro Contreras, oreja tras aviso. Juan Vicente Sanchís, oreja. Joan Marín, saludos tras aviso. Javier Camps, oreja. Javier Suñer, palmas tras aviso. Presidió Salvador Zaballos. Entre las cuadrillas destacó en la lidia Andrés Alemany y Álvaro Cobo con la puntilla.
La Escuela de Tauromaquia de Valencia programó, en colaboración con la Nueva Peña Taurina de Chelva, una clase práctica con motivo de las fiestas patronales de la ciudad. Chelva cuenta con una de las plazas centenarias de la provincia de Valencia, un recinto entrañable y pleno de sabor. La subida a la plaza en su feria de la Virgen del Remedio es un placer para los aficionados. Como pasear por sus calles estos días festivos, y disfrutar de la ciudad, sus barrios y su entorno, de su gastronomía y de sus gentes.
Durante toda la jornada, y al margen de hacerse eco del vandalismo antitaurino que había tenido lugar la noche anterior en Requena, entre los aficionados se comentaba la actuación del día anterior de Diego Urdiales en Bilbao. Un torero al que las empresas y los taurinos han tratado de arrinconar por tratar de mantener la línea de la independencia y de defender lo que él cree que es justo en sus honorarios. En los despachos quizá puedan con él. Pero con la muleta y el estoque en la mano, y ante un toro, el riojano demostró una categoría profesional fuera de toda duda. Un ejemplo para los chavales que quieren ser toreros. La dignidad, el respeto, el espíritu de sacrificio, el estar siempre preparado son algunas de las lecciones que tienen que aprender.
Aprendizaje en el ruedo y aprendizaje en la calle. Durante estos días, uno ha tenido la oportunidad de ir encontrándose con antiguos alumnos de la escuela de tauromaquia, quienes hoy ocupan puestos de responsabilidad en distintos ámbitos profesionales. Toreros valencianos quienes tuvieron buen cartel en su momento, pero que nunca descuidaron la preparación, los estudios y el espíritu de trabajo. Y ahora, tras haber vivido la maravillosa aventura de intentar ser torero, triunfan en sus vidas laborales y profesionales. Es esta otra de las enseñanzas que deben aprender  los alumnos actuales de las escuelas. Entrenar con ilusión, eso sí, pero sin descuidar la preparación y los estudios. Porque, no ya ser figura del toreo, sino poder vivir de esta profesión es cada vez más difícil. Y hay que estar preparado para el porvenir. Por eso, una de las mayores alegrías que puede tener uno es ver que chavales que en su momento torearon, ahora triunfan en la vida. Y que se sientan en el tendido como aficionados, sin rencor, y con la satisfacción de haber sido toreros.
Las reses que se lidiaron ayer en Chelva, al igual que lo sucedido el día anterior en Bocairent, lucieron también El Hierro de Manuel Patón. Un conjunto de estados en general sobrados de cuajo plaza, que dieron juego aunque siempre por la línea de la exigencia, y no dejaron de resultar un dificultoso examen para los actuantes
Bien hecho el cuajado primero, que resultó manejable y bondadoso. Fue y vino y se dejó.
El castaño segundo dio un excelente juego por su calidad y nobleza. Embistió con rectitud y siempre dejándose. El tercero, un negro con muchísimo cuajo, se aplomó pronto y, muy agarrado al piso, le costó un mundo embestir. También tuvo mucho trabajo el cuarto, que resultó una dura prueba para su matador por su exigencia, su enrazada forma de tomar las telas y su volumen. Y el más terciado y bizco que cerró plaza se movió en plan añojo y fue y vino aunque con muy poca fijeza y de forma muy desgobernada.
El chivano Alejandro Contreras se mostró como un torero enterado y con oficio. Compuesto, suelto y profesional, firmó una actuación cumplidora, de torero con sitio, en la que rayó a buen nivel.
Juan Vicente Sanchis, de la escuela taurina de Castellón, anduvo voluntarioso en banderillas y también afanoso con la muleta, en una labor cumplidora en la que resultó cogido repetidas veces.
Joan Marin anduvo por la línea de la compostura y la voluntad ante su parado y rajado tercero, que no le dió muchas opciones de lucimiento.
Javier Camps se fajó con decisión con el exigente cuarto, ante el que al menos quiso dar la cara y plantearle batalla, si bien se vio desbordado en muchas ocasiones.
Y Javier Suñer mataba su segundo novillo. Todavía muy en agraz, con todo se movió por la cara de su novillo en son vistoso y voluntarioso, tratando de resolver la papeleta.
Cronica de Enrique Amat
Fotografia de Mateo.Tauroimagenplus