Lo que tiene romper un botijo

Albacete, 15 de septiembre. Octava de feria. Tres cuartos de entrada.

Cinco toros de Torrestrella y uno, primero, de El Ventorrillo, desiguales aunque serios y de poco juego. El mejor el segundo.

Andrés Palacios (de grana y oro), ovación y ovación.
Sergio Serrano (de verde botella y oro), ovación y vuelta al ruedo.
Diego Carretero (de blanco y plata), silencio tras aviso y oreja.

De las cuadrillas destacaron El Caco y Antonio Chacón.

 

Poco antes de iniciarse la octava función del abono albacetense, una aficionada que atajaba por el callejón camino a su localidad tropezó con el ayuda de unos de los diestros actuantes y le tiró al suelo el botijo que portaba, haciéndose añicos. Mal augurio y mal fario, dicen que conlleva este desastre los que entienden del tema. Y algo de razón llevan, porque la corrida no acabó de irse arriba.

La octava función del abono de la feria de Albacete se tramitó con la actuación de tres diestros de la tierra, tres toreros que han toreado muy poco -dos de ellos hacían su primer paseíllo de la temporada ene este festejo- pero que demostraron no sólo ganas, sino también unas condiciones, aptitud y actitud que deberían ser tenidas mucho más en cuenta.

Enfrente se les puso una muy seria corrida de Torrestrella, remendada con un ejemplar de El Ventorrillo, que en conjunto ni dio facilidades ni dejó apenas margen para el lucimiento de sus matadores. El primero, manso, se rajó enseguida. El segundo, el mejor, tuvo casta y chispa. El tercero fue muy a menso. El cuarto, parado y sin entrega. El quinto sólo rompió al final y el sexto no humilló y fue complicado.

Diego Carretero fue el único que pudo tocar pelo. Fue tras acabar con el sexto, que parecía tomar bien la muleta pero al tercer envite ya no pasaba. Se peleó el de Hellín buscando que humillara en un trasteo que fue a más y en el que logró varias tandas notables por ambos pitones en el tramo final de una trasteo en el que se llevó una voltereta tras dejar una estocada que bastó para llevarse esa oreja.
Su primero tampoco humilló y tuvo un final de embestida muy molesto. Trató de bajarle la mano para corregir esos defectos pero sin respuesta, apagándose pronto el animal.

También pudo, y mereció, premio Sergio Serrano, pero su tardanza en matar le privó incluso de salir a hombros. Muy dispuesto y entregado, se fue a porta gayola a esperar a sus dos toros, estuvo valentísimo y sacó dos faenas con ritmo, temple y mucho mando que debieron tener mayor recompensa. Se impuso al más encastado segundo, al que dejó una faena valiente, templada y limpia, aguantando firme las dudas finales del toro. Tras una muy deicida porfía, buscando encelar a su oponente, acabó disfrutando al hacer romper hacia adelante al quinto, con el que enardeció a la concurrencia con varias tandas de plantas clavadas a la arena y sin enmendarse, pasándose al toro por la barriga.

Andrés Palacios toreó primorosamente con el capote a su primero, manso y rajado, con el que dejó un ramillete de detalles de gran clase, de toreo caro. El cuarto tuvo muy poco fondo y con él sólo pudo estar voluntarioso.

 

Crónica de Paco Delgado de Avance Taurino

Fotografías de Mercedes Rodriguez