LESIÓN “FUTBOLÍSTICA” DE PONCE

Lunes, 18 de marzo de 2019. Plaza de toros de Valencia. Casi lleno en tarde soleada, ventosa y fría. Toros de Los Espartales para rejones, nobles y colaboradores, Olga Giménez y Parladé (3º), bien presentados y de juego desigual.  El rejoneador Diego Ventura, saludos y oreja. Enrique Ponce (blanco y azabache), oreja y cogido. Toñete (malva y oro), silencio, aviso estoquear al que cogió a Ponce y silencio. Actúo como sobresaliente Víctor Manuel Blázquez (marino y oro). Entre las cuadrillas lució en la brega del tercero Miguel Martín, quien también destacó al parear al sexto. Presidió Jesús Merenciano. Pesos de los toros por orden de lidia: 540, 534, 532, 555, 532 y 536 kilos.

Enrique Ponce fue cogido por el quinto, y en la enfermería fue intervenido de una “cornada en región proximal del muslo izquierdo, infraglútea, que interesa piel, tejido celular subcutáneo, fascia superficial, seccionando el glúteo mayor con una trayectoria ascendente de unos 12 cm. y otra descendente de unos 5 cm. Alcanza el isquion. Se practica Friedrich, lavado, sutura, drenaje y profilaxis antibiótica. Tras la exploración de la rodilla izquierda se diagnostica asimismo rotura del ligamento lateral interno, rotura del ligamento cruzado y hemartros a tensión. Pronóstico grave.  Se le inmovilizó con una ortesis estabilizadora de la rodilla en extensión y fue trasladado a la Casa de Salud para estudio de imagen.

Enrique Ponce hizo un guiño al valencianismo y lució un precioso terno blanco y azabache. Los colores del Valencia Club de Fútbol, que ayer celebraba su aniversario. El centenario de su fundación. Día grande para el Valencia, día grande para el valencianismo y día grande para Valencia. Cien años de historia, De triunfos y también de sinsabores. Y de ilusiones de un equipo en ocasiones ciclotímico, al igual que su fiel aunque en muchas ocasiones caprichosa, voluble y levantisca afición.

Y levantisca se tornó la tarde, que se torció con el grave percance sufrido por Enrique Ponce cuando muleteaba al quinto del festejo. Le cogió por detrás y le levantó del suelo a una notable altura. El de Chiva Se torció la rodilla al caer, y en el suelo el toro le volvió buscar con saña. El torero a levantarse no pudo apoyar la pierna y se lo llevaron en volandas a la enfermería, donde se le apreció una cornada en la zona glútea en el muslo izquierdo y una grave lesión en la rodilla. Una lesión cuyo parte es más propio de las lesiones de un futbolista que de un torero. Las cosas curiosas de la vida

La penúltima corrida de toros de la feria fallera se planteó como un festejo mixto. Lo cierto es que este invento de las corridas mixtas puede venir muy bien a algunos. Pero no deja de ser algo postizo, incluso morganático. Otrora, antes de que se celebrasen corridas de rejones, se echaba por delante un rejoneador para abrir plaza, y luego los matadores ya seguían la corrida con normalidad.  Ahora parece que se estila más esto de hacer una terna con un rejoneador y dos matadores. Pues bueno.

Ayer, tras el habitual y consabido baile de corrales, algo que se ha producido prácticamente todos los días, al final la corrida a pie quedó conformada por toros de dos hierros. Menos mal que ayer solo se necesitaban cuatro toros para lidia ordinaria, ya que los dos de rejones de Diego Ventura no entraban en el juego.

El primer astado de Los Espartales manseó algo de salida, pero luego no dejó de perseguir las cabalgaduras con fijeza. Y el voluminoso y apretado segundo de rejones también embistió y persiguió las cabalgaduras. Éste quizá con algo de menos celo, ya que le pusieron dos rejones de castigo y los acusó.

En cuanto a los de lidia a pie, de Olga Giménez, el primero de Ponce castaño, escurrido, caríavacado y descaradito de pitones, renegó en el caballo, y luego tomó las telas al tran-tran, sin clase  ni raza, tan noble como aborregado. El gironcito tercero, este de Parladé, recibió un fuerte castigo en el caballo. Luego, se desplazó aunque soltando la cara, siempre queriéndose quitar el engaño y se paró muy pronto. Tuvo más cara que remate el segundo de Ponce. Se le picó muy mal en el caballo aunque tuvo tranco en banderillas. Luego fue y vino por ahí. Se dejó aunque también cabeceó y soltó mucho la cara. Y el voluminoso sexto se dejó pegar en varas. Embistió con cierto son, sobre todo por el pitón izquierdo, dejando estar aunque escaso de fondo.

El rejoneador Diego Ventura, uno de los más destacados y sobresalientes del escalafón, recibió a su primero con Lambrusco, con el que paró y templó de salida. A lomos de Nazarí cabalgó a dos pistas, dejando llegar una enormidad y luego clavando banderillas reunido y arriba. Montando a Lío quebró en la cara en un palmo de terreno y abrochó poniendo cortas al violín con Remate. Mató de cinco pinchazos y un rejonazo seguido de dos golpes de verduguillo.

Dos rejones le puso al lustroso segundo, al que luego clavó de frente y al quiebro con Sueño. Volvió a sacar al ruedo a Nazarí, con el que anduvo algo más errático. Luego,  a lomos de Sueño,logró el momento más emotivo de su actuación, a clavar banderillas a dos manos tras haber soltado las bridas y la embocadura del caballo. Mató de un pinchazo, un rejonazo y un golpe de descabello.

Enrique Ponce, en la segunda de sus dos comparecencias en la feria, al primero le firmó una faena los terrenos de sol, compuesta, siempre a media altura, sin molestar a su antagonista y plena de facilidad, pulcritud y recursos. Un trasteo rematado de una estocada baja. Le premiaron con una oreja.

Y firmaba una labor expresiva y ligada ante el quinto, desarrollada asimismo en los terrenos de la solanera. Pero,en el epílogo del trasteo, que tuvo sus mejores momentos por el pitón derecho, el toro le levantó los pies del suelo espectacularmente, y tuvo que pasar a la enfermería con cornada en el muslo izquierdo y una grave lesión en la rodilla.

Se presentaba en Valencia como matador de toros Antonio Catalán Toñete, quien reaparecía con los puntos puestos de la cornada sufrida hace unos días en Olivenza. Espada, que a pesar de su desahogadísima posición económica, ha decidido intentar con todas las consecuencias  la aventura de ser torero.

Todavía muy en agraz, en su primero se le vio inseguro y dubitativo, falto de confianza y oficio, en una labor en la que le tropezaron en exceso los engaños. Muy dispuesto, eso sí, al final se pegó un gran arrimón para cerrar la faena.

Y tuvo torería su genuflexa apertura de faena al cierra plaza, al que muleteó fuera de las rayas, casi siempre al hilo y fuera de cacho. Con todo, estuvo mejor y más afianzado que con el toro del debut, ligando muletazos y dejando la muleta puesta. Su caligrafía es más sincera que rutilante. Falló con el descabello.

 

Cronica de Enrique Amat

 Fotografias de Mateo. Tauroimagenplus