EL LEGADO DE MIGUEL LÁZARO 

La noticia de la desaparición, y luego el hallazgo del cadáver de Miguel Lazaro ha caído como un mazazo entre todos los aficionados valencianos.

Tristeza y pesar. Dolor y sobrecogimiento. Parafraseando a Miguel Hernández, un hachazo invisible y homicida que ha caído sobre la familia taurina valenciana.
Miguel Lazaro era, ante todo, un gran aficionado, y una mejor persona. Presidente del Club Taurino de Foios, sin él no se entendería la carrera taurina de Vicente Ruiz el Soro. Ni se podría explicar ese fenómeno sociológico y taurino que es el sorismo, que se extendió a lo largo y ancho de toda la geografía taurina mundial. Ni esas semanas culturales del Club Taurino de Foios, que servían para poner broche de oro a la temporada taurina en la provincia de Valencia. Por ella pasaron grandísimas figuras del toreo, y relevantes personalidades relacionados con el mundo de los toros.
Vicente Ruiz El Soro se crió en lo taurino de la mano de Miguel, quien fue como su segundo padre. Junto a él se desarrolló toda su carrera. Y no sólo en lo taurino, si no también en el plano personal. En palabras del propio Vicente, Miguel hoy en día seguía siendo un gran apoyo para él. Un consejero, un asesor, alguien en quien apoyarse y que le ayudaba a ver las cosas con más claridad y mejor horizonte.
Pero además, Miguel era sobre todo un gran aficionado. No sólo pisando muchas plazas, sino que también era un habitual de todos los eventos taurinos que se organizaban: conferencias, mesas redondas, exposiciones…
Y, sobre todo, era una excelente persona. Dentro de su pequeña estatura se escondía un grandísimo corazón. Siempre con una sonrisa en la boca, siempre con amabilidad, y siempre con el talante, la tolerancia y la comprensión por bandera. Nunca dijo una palabra más alta que otra, y nadie le escuchó una crítica sangrante y malintencionada.
Miguel miraba  la vida de frente y por derecho. Con la sencillez los grandes, y la modestia de los todavía más grandes. Sin darse pisto ni ronear. Una maravillosa excepción en este mundillo en el que tanto proliferan las maledicencias y los figurantes.
Miguel era todo corazón, y todo afabilidad. De ahí esa expresión que tanto utilizó y que tanto le define. Y que merece, como sucinto resumen de lo que ha sido su vida: Moooooolt bé, Miguel.
Su desaparición ha dejado un vacío que será imposible de llenar. Pero su legado ahí queda.
Desde el otro lado del estrecho, cuando uno tiene el corazón roto por no poderle despedir en su último viaje, tiene el consuelo de que siempre estará en el recuerdo y en el corazón. Y el día de la Virgen, desde su delantera de grada del cielo, junto a tantos y tantos amigos, se estremecerá cuando oiga ese pasodoble, Tercio de quites, que tantas veces escuchó junto a su amigo Paco Ibáñez en su barrera  de sol de la plaza de toros de Valencia.
Valgan estas apresuradas líneas para rendir un modesto homenaje al bueno de Miguel. Lo dicho: “Molt bé, amigo”. Hasta siempre.
Cronica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo.Tauroimagenplus