Fernando Adrián abrió la puerta grande tras una actuación seria y solvente ante toros de Matilla de gran juego.

Castellón, 7 de marzo.
Tercera de feria. Un tercio de entrada.

Toros de Hermanos García Jiménez, desiguales de presentación, cómodos y de excelente juego.

El Fandi (de azul noche y oro), silencio tras aviso y vuelta al ruedo.
Fernando Adrián (de blanco y oro), oreja con aviso y  oreja.
Ginés Marín (de carmelita y oro), ovación tras aviso y oreja con aviso.

Se destocó tras parear al segundo Jesús Nicolás.


Paco Delgado

Fotos: Mateo

Tras dos jornadas dedicadas a la cantera y al futuro que cultivan las escuelas taurinas, La Magdalena volvió a la senda de los festejos mayores con la segunda corrida de su abono. Un festejo que fue el de más floja entrada hasta ahora en lo que va de feria, demostrando que una cosa es lo que las empresas piensen y crean oportuno anunciar y otra, bien distinta, mientras no se cambie de estrategia y se normalice la información y comunicación, lo que la gente quiere ver: figuras, carteles con nombres famosos, combinaciones de relumbrón y con atractivo.

El Fandi, por ejemplo, hizo su enésimo paseíllo en el coso del parque de Ribalta y volvió a entusiasmar con su mismo repertorio de tantos años, sobre todo en los dos primeros tercios: variedad capotera y derroche de facultades para banderillear. Luego ligó dos series de derechazos rodilla en tierra con no poco temple a un toro repetidor y con fijeza. Ya en pie siguió en ese mismo son, aunque al natural no hubo tanta limpieza ni poso. Tiró de alardes y desplantes en el tramo final de su labor pero se le fue la espada muy abajo y no hubo manifestaciones especiales para él.
Con el cuarto, de más remate y poder, no cambió de guión ni varió la estructura de su actuación, dando mucha fiesta a la gente, buscando más la cantidad y el llegar pronto al tendido. Como ese presentador de un concurso de televisión que lleva en antena muchísimo tiempo, por El Fandi tampoco pasan los años.

El primer toro de Fernando Adrián se durmió en el caballo y zarandeó al torero en el suelo en el inicio de su faena. No hubo daño y trató de aprovechar la acometividad de su oponnte pero no terminó de acoplarse ni macizar un trasteo que tuvo muchos altibajos y enganchones y al que faltó un punto de reposo. El arrimón final y su contundencia estoqueadora facilitaron la obtención de su primera oreja en esta plaza.
El quinto peleó con ganas en el peto y fue pronto en la muleta. Adrián se encajó pronto con él, vaciando el interminable oleaje embestidor con solvencia y firmeza en un quehacer asentado y concienzudo, demostrando que sus triunfos de Madrid no fueron por casualidad. Como tampoco el logrado ahora en La Plana.

Ginés Marín, que reaparecía tras el percance sufrido en Jalostotitlán, en cuya feria de Carnaval sufrió la fractura del cuarto metacarpiano de la mano izquierda, se las vio con un primer toro distraido y de más corto recorrido con el que sólo conectó en el tramo final de su lidia.
Lanceó con suave cadencia al sexto, más blando y flojo que el resto. Con todo supo mantenerlo en pie para sacar todo lo que tuvo a base de mucho temple y evitar brusquedades. Pero, entre que el toro no tuvo emoción, el frío y que la gente ya pensaba más en ir a por un chocolate con buñuelos que en otra cosa, la larga y voluntariosa faena dl extremeño no dio para acompañar a Adrián por la puerta grande.

Cronica de Paco Delgado

Fotografias de Mateo de Tauroimaenplus.com