LA TORERÍA DE PABLO AGUADO

Miércoles, 13 de marzo de 2019. Plaza de toros de Valencia. Cerca de media entrada en tarde soleada y fresca. Toros  de Alcurrucén, bien aunque algo desigualmente presentados, y que no terminaron de romper. Álvaro Lorenzo (grana y oro), saludos y saludos tras aviso. Luis David Adame (blanco y plata), vuelta al ruedo y saludos tras aviso. Pablo Aguado (barquillo y oro), oreja y palmas. Entre las cuadrillas lució con los palos Miguel Martín. Presidió Luis Maicas. Pesos de los toros por orden de lidia: 544, 538, 547, 540, 538 y 620 kilos.

Se guardó un minuto de silencio en memoria de Antonio de la Torre, mozo de espadas durante toda la carrera de Vicente Barrera.

La segunda corrida de toros del abono fallero tenía el argumento de la juventud. Tres toreros ya con estimable currículum y actuaciones en plazas importantes pero todavía con mucha proyección. Uno de ellos debutantes como matador de toros en esta plaza y los tres con el ansia de ser la renovación en el escalafón. Y para calibrar sus posibilidades, un encierro de Alcurrucén, con repetidos triunfos en esta plaza y una garantía en cuanto a su posible juego. No era mala la receta del menú que ofrecía la empresa.
Los toros de los hermanos Lozano, con el hierro de Alcurrucén, lucieron con una vistosa presentación. Con el trapío suficiente aunque algo desiguales en sus hechuras y de variados y espectaculares pelajes, su comportamiento estuvo presidido por
una cierta desigualdad. Todos quisieron más que pudieron, y tuvieron más fondo de calidad que raza.
El lustroso primero apenas recibió dos refilonazos en el caballo, uno de ellos del que hacía la puerta. Se salió suelto de sus dos encuentros con las plazas montadas. Tuvo un gran fondo de clase y humilló con buenas formas, pero siempre quiso más que pudo debido a su falta de fuerzas. El colorado segundo blandeó de salida. Entró al caballo al relance y también se salió  suelto de los tres encuentros. Luego en la muleta tuvo su punto de bravura aunque, blando por detrás, no pudo empujar mucho. Al final acabó cantando espectacularmente la gallina.
El tercero salió muy resentido de los chiqueros, y aún así en la muleta fue y vino con son aunque escaso de poder. El muy cuajado cuarto se dejó pegar en el caballo metiendo los riñones. Luego embistió dejándose mucho. Largo y silleto el quinto, que se dejó pegar en el caballo, si bien luego se salió suelto de las dos entradas. Luego en el tercio final tuvo muchísima fijeza, y embistió con su punto de bravura y siempre obedeciendo los toques.
Y el cuajadisimo y lustroso sexto, precioso aunque algo atacado de kilos,  colorado, girón y bragado, se quiso quitar el palo en el caballo, si bien también se dejó pegar aunque  se salió suelto como  sus hermanos. Se repuchó y se quitó el palo en la segunda entrada. Esperó en banderillas y tuvo viajes cortos en la muleta. Rajado, prodigó las medias arrancadas, y soltó siempre la cara sin humillar en ningún momento.
Álvaro Lorenzo volvió mostrarse como un torero de buen concepto. Manejó las telas con templanza y cadencia ante el que abrió plaza, en una labor que estuvo bien concebida, aunque falta de emoción y que no pudo coger vuelo ante el escaso  fondo de su antagonista. Mató de una estocada en el rincón de efectos fulminantes.
Y firmó una labor  de largo metraje, de buen oficio y compostura ante el cuarto, si bien con escaso mensaje. Mató de un espadazo muy trasero.
El mejicano Luis David Adame comenzó su faena con pases invertidos en el platillo de la plaza. Anduvo suelto, fácil y sobrado de recursos ante su oponente. El epílogo de la faena fue a base de circulantes invertidos que calentaron el ambiente y mató de una estocada volcándose, aunque cayó tendida.
Y se le volvió a ver también muy suelto y con desparpajo ante el quinto, en un trabajo vibrante y vistoso,  muy de cara a la galería y en el que pisó terrenos de cercanías, pecando de algo encimista y buscándole las vueltas a su oponente.
Existía interés por el debut como matador de toros en esta plaza del sevillano Pablo Aguado. Un torero todavía de escasa trayectoria en el escalafón superior,  pero quien el año pasado dejó una notable carta de presentación de sus actuaciones en Sevilla y en Madrid.
Se trata de todo un licenciado en Derecho, al que se le vio como un coletudo cuyo toreo está presidido por la naturalidad, la ortodoxia, el gusto, la cadencia y el sabor. Anduvo con torería y aplomo por la plaza, firmando ante el tercero un trasteo de gran expresión y excelente concepto. Sin demasiadas aperturas, eso sí,  pero con muletazos de gran expresión. Una faena sabrosa, medida y torera. Fue, de largo, lo más destacado de la tarde. Mató una estocada entrando muy recto y derecho. Y fue capaz de plantar cara con aplomo y buenas formas frente al zambombo sexto. No pudo rematar su tarde, pero daba igual. Sobre el albero valenciano dejó derramadas gotas  y aromas de gran torería.
Cronica de Enrique Amat
Fotografia de Mateo. Tauroimagenplus