Con la sexta llegó la séptima

Albacete, 16 de septiembre. Novena de feria. Más de media entrada.

Toros de La Quinta, bien presentados y de buen juego en conjunto.

Andrés Palacios (de negro y oro), ovación y ovación con aviso.
Rubén Pinar (de azul pavo y oro), oreja y oreja.
José Garrido (de verde botella y oro), ovación y ovación.

De las cuadrillas destacaron Candela, Ángel Otero y Amores.

Había expectación entre los aficionados, sobre todos los albaceteños, por ver si Rubén Pinar lograba la media docena de salidas consecutivas por la puerta grande. Y lo consiguió. Pudo haberla obtenido ya al acabar con su primero, al que recibió de capa con tanta elegancia como eficacia y gustaron mucho las chicuelinas con que quitó. El toro puso en serios apuros al peonaje en banderillas, llegando a derribar, incluso, a Víctor Manuel Martínez a la salida de un par, aunque la cosa quedó sólo en susto. Pinar, con gran seguridad y suficiencia, embarcó con temple y mando las embestidas de su oponente, que sin humillar, tuvo fijeza y recorrido. Le entendió perfectamente, dejándole la muleta en la cara y llevándole como en un carrusel de muletazos. Mató, además, recibiendo y agarró una estocada un pelín desprendida, suficiente pero puede que también ello ayudase a que desde el palco sacaran un único pañuelo blanco. Habría que esperar al quinto.
Tuvo este segundo toro de su lote más picante y se quedó algo corto. Pero el de Tobarra se mostró como el gran lidiador que es y tiró de oficio y recursos para ir reduciendo a su antagonista en una labor no tan florida ni festiva pero sumamente eficaz y práctica que remató con una estocada en todo lo alto que no fue suficiente. La sexta estaba en el aire y echó mano del verduguillo para finiquitar al de La Quinta y cuando parecía que marraba -y se desvanecía la posibilidad de su récord- el toro trastabilló y cayó rodado. Una explosión de júbilo estalló en los tendidos a la vez que se teñían d blanco. Oreja. Y la sexta. Y la séptima, puesto que con este nuevo triunfo de Pinar la feria sumaba su séptima salida a hombros en los que va de serial. No está mal la marca…

También había interés por ver el juego dado por los toros de La Quinta, ganadería que lleva tres años consecutivos lidiados en esta feria y que tampoco ahora defraudaron. Se jugó un encierro bien presentado –todos fueron ovacionados de salida-, con seriedad y pitones astifinos y poder pero que no se comieron nadie. Ninguno se orientó ni creó más problemas que los pueda presentar un toro bravo.

Otro que volvió a gustar fue Andrés Palacios, diestro de Albacete que ocupó el puesto del lesionado Fortes y con el que se hacía justicia ya que en la edición del año pasado cuajó una buena actuación ante toros, precisamente, de La Quinta. No logró un triunfo rotundo -ni siquiera un triunfo…- pero dejó de nuevo claro que sabe torear y que lo hace muy bien. Le correspondió en primer lugar un toro alto y con la cara arriba con el que gustó al torear de capa y al que muleteó tesonero y entregado, sacando todo lo que tuvo el animal en una labor paciente e insistente. Se encajó de nuevo a la perfección al torear con el capote al cuarto, dejando ahora un trasteo más irregular y con altibajos pero lleno de detalles de buen gusto y clase.

No se quedó atrás José Garrido en cuanto a nivel capotero, dejando unas muy bonitas verónicas rodilla en tierra al recibir a su primero. También de rodillas inició su faena, aunque el brío inicial del astado se fue apagando poco a poco hasta pararse y dejando a medias el trabajo del torero extremeño, que se hizo ovacionar con unas verónicas amorantadas y con las que interpretó -rematadas con una media interminable- al quitar tras un gran puyazo de Óscar Bernal. El toro tuvo celo en la primera aparte de su lidia y cuando se le acabó el gas Garrido tiró de él  en un quehacer de más a menos y que no prolongó innecesariamente.

Cronica de Paco Delgado de Avance Taurino

Fotografias de Mercedes Rodriguez