La oreja de Van Gogh

Es un hecho bien conocido que los artistas siempre se han sentido atraídos por la corrida. Desde las cuevas de Altamira, donde el hombre prehistórico nos ha dejado su encanto por el toro salvaje, hasta pintores y escultores de hoy en día; todos han encontrado inspiración en este misterioso y colorido espectáculo.

Por mencionar sólo algunos, todos conocemos ‘La Tauromaquia’ de Francisco Goya, la serie de aguafuertes que publicó a principios del siglo XIX. Edouard Manet, el impresionista francés, viajó a España para pintar muchas escenas de toros. El artista alemán Willy Geiger (1878-1971) visitó las plazas de toros de Sevilla y Madrid. Sin duda el más prolífico de todos es Pablo Picasso con sus pinturas, grabados, esculturas y cerámicas que representan los toros y las corridas. Menos conocido es que el famoso pintor anglo-irlandés Francis Bacon produjo tres maravillosas piezas llamadas ‘Estudio de una corrida de toros’.

En 1888 el pintór holandés Vincent van Gogh viajó a Arles, en el sur de Francia, en busca de una clima más agradable. Allí sólo permaneció un año, pero en ese corto espacio de tiempo también presenció una corrida de toros en el anfiteatro romano local y pintó lo que vio. A pesar de que en su obra aparece un toro y algunos hombres vagamente bosquejados en la esquina superior derecha, está claro que a Van Gogh no le interesó al espectáculo que se desarolló en el redondel debajo de él. La pintura es una imagen vibrante de gente y de la vida en las gradas. Muestra a parte del público animando el matador, algunos han traído sombrillas para la protección contra el sol de aquella brillante tarde.Vemos un par de mujeres que mantienen una animada conversación, mientras que otros ya salen de la plaza. Poco después, la salud mental del pintor empeoró y en un ataque de rabia se cortó el lóbulo de su oreja izquierda. Se rumorea que la corrida le inspiró a hacerlo… conver tirse así en el primer (y ultimo) holandés que cortó una oreja en Arles…

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