La identidad cultural de España y la mentira

Por Pieter Hildering,

Una vez más, se ha puesto en marcha un intento de abolir el toreo en España. Aunque este no es un fenómeno nuevo, ésta vez la situación se antoja de mucha gravedad.

La tauromaquia siempre ha sido relativamente autónoma e intocable y se considera parte integral de la cultura española. Sin embargo, la oposición no es un fenómeno que se haya producido en los últimos años.  Para ello, tenemos que retroceder un largo camino. Muchas voces han clamado en contra de lo que afirmaban era: “el más cruel de todos los deportes”. Voces de todas las clases sociales, tanto de plebeyos como de reyes y clérigos.

El primer monarca en publicar un decreto contra la corrida fue Alfonso X ‘El Sabio’, rey de Castilla desde 1252 hasta 1284. Prohibió a su pueblo participar asegurando: “El que gana dinero luchando contra los animales salvajes es un ser humano vil”. Pero quizá la oposición más famosa de todas se produjo en el siglo XVI. En 1567, durante el reinado de Felipe II, el Papa en Roma amenazó con excomulgar a cualquier católico que matara un toro en público. Aquello duró 33 años y abarcó el reinado de cinco papas, hasta que finalmente el sexto cedió y retiró la miserable prohibición.

Hace ocho años y medio, la corrida de toros “fue prohibida en la región autónoma española de Cataluña por un voto del Parlamento catalán en julio de 2010. Entró en vigor el 1 de enero de 2012. La última corrida de toros en la región tuvo lugar en Barcelona en 2011. La prohibición, que puso fin a una tradición centenaria en la región, fue apoyada por activistas de los derechos de los animales, pero algunos se opusieron, ya que la consideraron motivada por el nacionalismo político y no por el bienestar animal. La prohibición fue anulada oficialmente por ser inconstitucional por el tribunal más alto de España el 5 de octubre de 2016”. (Fuente: Wikipedia)

Fortalecido por la decisión catalana de prohibir las corridas de toros, el nuevo partido político español Podemos, como parte integrante del gobierno de coalición recientemente formado con el PSOE, y utilizando la pandemia del COVID 19 como excusa, nuevamente está pidiendo una prohibición de las corridas de toros, aunque ahora a escala nacional. Podemos asegura que su política se basa en los derechos de los animales y en el hecho de que España es ahora un país moderno con una identidad cultural que no tiene lugar para pasatiempos tan ‘crueles’. (Parece que están respaldados por el movimiento internacional antitaurino, que a su vez está patrocinado por la industria de alimentos para mascotas).

Aclaremos una cosa: estamos hablando de política. No están hablando de la identidad cultural de España. No tienen tiempo para pensar en cómo la tauromaquia ha dado sentido a la vida española. Niegan el trabajo de pintores como Goya, Picasso, Zuloaga, Botero, Ruano Llopis y todos los demás que se han inspirado en el mundo de los toros. Aseguran que todos los escritores que España ha producido que sus obras sobre los toros ya no son parte de la identidad cultural de su nación. Según ellos, Ortega y Gasset, Blasco Ibáñez, Camilo José Cela o Ernest Hemingway (ambos Premios Nobel) nunca escribieron novelas clásicas sobre los toros. La poesía taurina de Luis de Góngora, Antonio y Manuel Machado, Jorge Guillén y Rafael Alberti nunca existió. Afirman que ‘Llanto por Sanchez Mejías’ de Federico García Lorca es irrelevante, aunque todavía es aclamado como uno de los poemas más importantes de la poética española, todavía 84 años después de su fusilamiento, cuando fue ejecutado por fuerzas políticas que lo consideraban inadecuado para formar parte de la cultura fascista del país.

Estos antitaurinos están haciendo oídos sordos a España Cañi, el pasodoble compuesto por Pascual Marquina Narro, o Nerva ya no existe y Suspiros de España se ha convertido en humo. Camarón de la Isla, uno de los mejores cantaores de flamenco, nunca hubiera alabado el Arte y Majestad de Curro Romero. ¿Habría filmado Carlos Saura sus películas si los toros no hubieran formado parte de su identidad cultural? ¿Buñuel lo habría hecho? O Almodóvar, una de cuyas películas, de temática taurina como Hable con ella, fue premiada con un Oscar?

Es profundamente triste notar que la diversidad de culturas (tanto española como internacional) se está posicionando gradualmente por la alineación cada vez más avanzada de normas y valores, sin espacio para una identidad cultural orgullosa de lo suyo.

Esta globalización conduce a una sociedad de igualación y uniformidad en la que se suprime lo no identitario y políticamente correcto. Todo lo que ocurre fuera de los límites de esta igualación es rechazado por razones éticas, con lo cual uno intenta demostrar con todo el poder que en una sociedad correcta y regulada como la nuestra (la suya, la mía y la española) no puede haber lugar para algo bárbaro como la corrida de toros. Y negando que las corridas de toros hayan sido esenciales para la definición cultural desde que el antiguo poblador de Iberia  tomó una lanza para cazar al toro salvaje.

La identidad cultural de esta sociedad globalizada solo reconoce animales que se han convertido en parte de una irrealidad antropomórfica y Disneyficada. La leche viene en cartones y las vacas son ciudadas de forma terapéutica en blanco y negro en granjas de salud pseudo-espirituales, donde la clase media aburrida puede recuperar su contacto con la naturaleza. Los patos hablan, los ratones usan abrigos y los Bambies lloran. Nuestro mundo moderno, americanizado y de teflón quiere que compremos atuendos de diseñador para perros y bolsos de tamaño reducido para llevarlos. Vivimos en un mundo parpadeante en el que nos hemos asustado tanto de los animales, que tenemos que humanizarlos para controlarlos.

Al otro lado se encuentra el toro bravo español, un animal semi-domesticado, seleccionado por su valentía, elegido por su majestad, concebido y nacido al aire libre. Pasta en vastos campos, encuentra pozos de agua lejanos y solo de vez en cuando hombres a caballo le molestan. En sus primeros cuatro años, el toro afila sus cuernos y aprende a usar sus instintos. Se mantiene firme en disputas territoriales a veces sangrientas o se convierte en dueño de un pequeño rebaño de vacas. Pero es su destino el de morir en la plaza y es aquí, en los últimos veinte minutos de su existencia, de un total de 2.096.640 minutos de vida, donde debe mostrar su bravura y valentía natural. Mientras embiste al caballo, soporta el dolor y embiste al engaño, y que incluso podría cambiar ese destino con un comportamiento de gran bravura. Una corrida se trata de la forma en que muere un toro. No de forma anónima en un matadero o en apuntillado por una cuchilla traicionera, sino con dignidad y respeto, y en presencia de miles de personas.

Después de que Pablo Iglesias, segundo vicepresidente del gobierno español y Secretario General de Podemos, hablara en el parlamento de su renuencia a apoyar las corridas de toros, Victorino Martín García, criador de toros y presidente de la Fundación del Toro de Lidia, una fundación creada para venir a la ayuda del asediado mundo de los toros, escribió una carta mordaz en respuesta. En este escrito afirmó:

 “Estimado vicepresidente segundo del Gobierno.

Vemos consternados que una vez más vuelve a amenazar con la censura cultural a los toros. Lo ha hecho muchas veces, es verdad. Pero esta vez lo hace como miembro del Gobierno de España y además en sede parlamentaria. El ataque, sin duda, sube de nivel. Dice que le ‘incomoda enormemente que se reivindique como una práctica cultural a proteger’.

Estimado señor Iglesias, nosotros no reivindicamos que seamos una práctica cultural. Nosotros somos una práctica cultural. Punto.”

Y la carta continua:

“Son los pueblos, y exclusivamente los pueblos, quienes determinan libremente qué es cultura y qué no es cultura para ellos. Solo los regímenes totalitarios se atreven a decidir, modificar, ‘mejorar’ o suprimir la cultura de un pueblo. Mire por favor la definición que hace la RAE de cultura popular, como ‘conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo. Salvo que no nos considere pueblo, sujetos de derecho, a los millones de personas para los que la tauromaquia, ya sea en la plaza o como festejo popular, es la manifestación más importante de nuestra cultura. La propia Unesco, en su Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, establece ‘el reconocimiento de la igual dignidad de todas las culturas y el respeto de ellas, comprendiendo las culturas pertenecientes a minorías y las de los pueblos autóctonos’, con el único límite del respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales.”

Debido a la pandemia, todas las reuniones de taurinas, todas las ferias fueron canceladas. El primero en ir fue Castellón en marzo, seguido de Fallas en Valencia. Sevilla canceló su feria de abril, mientras que San Isidro, la gran reunión internacional de taurinas en Madrid, fue detenida. No habrá corridas en junio y julio y también se suspendieron las ferias de agosto de Almería, Málaga y Bilbao.
Los cientos de toros que ya habían sido vendidos a los organizadores de la feria no pudieron abandonar el campo y tuvieron que sacrificarse en los mataderos, dejando a los criadores con una pérdida financiera de miles de euros. Fuente Ymbro, una de las ganaderías más exitosas de España, tuvo que matar 700 cabezas de ganado para combatir la situación. Muchos criadores más pobres en el país enfrentan la ruina y la bancarrota.

Pero no solo los criadores de toros fueron víctimas. El 14 de mayo, el periódico nacional El Mundo publicó: “que los toreros han sido excluidos del beneficio especial de desempleo aprobado la semana pasada para los trabajadores del sector cultural. Muchos novilleros, banderilleros, picadores (y matadores) modestos no habrán recibido ingresos desde la temporada pasada y ahora no recibirán beneficios. Parece que la política del gobierno central español es limitar todo el apoyo al mundo taurino durante esta crisis de coronavirus, a cero”.

El poeta Lucebert escribió: “Todo lo que tiene valor es indefenso”. Cuando esta terrible sombra que ha cubierto la tierra haya pasado, la faz del mundo taurino sin duda habrá cambiado para siempre. Utilizando la situación catalana como punto de referencia, el gobierno español bien podría llevar a cabo su limpieza cultural y, aunque llevará tiempo implementarlo, me temo que el futuro del planeta de los toros parece sombrío. Puede haber superado muchos obstáculos serios en el pasado, pero solo una fuerte contracorriente podría salvarlo ahora. La comunidad nacional e internacional de peñas taurinas, así como los aficionados de renombre, tienen un papel importante que desempeñar en esto. Pero como dije antes, el mundo de las corridas de toros es un extraño para el mundo de la política. Me entristece, por supuesto, pero espero estar equivocado.

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

(de: ‘Llanto por Sánchez Mejías’ de Federíco García Lorca)

Crónica de Pieter Hildering

Fotografías del   Archivo tauroimaenplus y Mateo