La escuela de tauromaquia de Valencia protagonizó el pistoletazo de salida de la feria de fallas 2018

Sábado, 10 de marzo de 2018. Plaza de toros de Valencia. Media entrada en tarde de lluvia. Novillos de Nazario Ibañez, bien presentados y de buen juego. José Antonio Valencia ( azul y oro), saludos y silencio.  Arturo Gilio (corinto y oro), silencio y palmas tras aviso.Borja Collado (nazareno y oro), oreja y oreja. Presidió con acierto Pedro Valero Fernández. Entre las cuadrillas destacaron con los palos Miguel Angel García y José Arévalo.
Una novillada de la escuela de tauromaquia de Valencia protagonizó el pistoletazo de salida de la feria de fallas 2018. Con buen criterio, la empresa y la Diputación de Valencia continúan apostando en las grandes ferias por este tipo de festejos, de cara a dar oportunidad de ver las evoluciones de los más jóvenes valores del toreo.
Y a pesar de que la tarde era infernal, con fuerte lluvia, se decidió tirar para delante con el festejo. Un espectáculo al que no faltó el empresario Javier de Tomás,  acompañado de hasta siete nietos: Rosario, Lucía, Elena, Soledad, Irene, Javier y Rafa. Todo un ejemplo de afición y de fomentar la fiesta entre los más pequeños a pesar de las adversidades climatológicas. Aficionados como él ayudan a engrandecer la fiesta de los toros.
Los novillos de la ganadería murciana de Nazario Ibàñez  exhibieron una presentación adecuada para este tipo de festejos.
El castaño primero repitió incansable sus embestidas. Pronto, codicioso y repetidor, dió un excelente juego. El también castaño segundo sirvió, aunque le costó un poquito más embestir. El tercero, abanto de salida, llegó a la muleta encastado y repetidor, aunque luego terminó por rajarse.
El colorado cuarto también se movió incansable, al igual que el negro quinto, que fue divino encastado y con movilidad. Y el colorado, girón y bragado sexto también se movió y buscó las telas con celo
Encabezaba el terceto José Antonio Valencia, de la escuela taurina de Arles. Banderilleó con soltura a su primero, al que luego muleteó con buen oficio en un trasteo cumplidor que remató con contundencia con los aceros.
Banderilleó al cuarto con desigual acierto, aunque tuvo el mérito de poner un par al quiebro sentado en una silla. Luego anduvo por la línea del tesón y la compostura, en un trabajo que no terminó de coger vuelo, aunque lo despenó de una buena estocada.
Por su parte, el mejicano Arturo Gilio lanceó con vibración, y remató con una media de rodillas. Con la muleta se le vio dispuesto, solvente y suficiente sobrado de oficio, en una faena de torero cuajado y hecho. Mató de media estocada delantera y defectuosa. Y también plantó cara con soltura y disposición al quinto, en una labor de torero con recursos a los sones del pasodoble Martín Agüero.
El valenciano Borja Collado firmó una buena carta de presentación con un quite al segundo. Se mostró como un torero enterado y muy puesto.  No tuvo empacho a irse a la puerta de chiqueros para saludar a su primero, al que toreó con ligazón y buen corte, en un trasteo revelador de un torero que va a más. Tuvo que acortar las distancias cuando su antagonista pidió los adentros y, muy enfibrado, solucionó la papeleta. Resulto cogido al entrar a matar.
Brindó la muerte del cierra plaza el ganadero Antonio Lopez Gibaja. Toreó con solvencia, despaciosidad, colocación y sentido de la ligazón. Mato con presteza y consiguió un triunfo de ley.
Cronica Enrique Amat
 Fotos  de Mercedes Rodriguez