JUAN MARÍN DIBUJA EL TOREO

Sábado, 20 de julio de 2019. Plaza de toros de Valencia. Un tercio de entrada en tarde calurosa y algo ventosa. Novillos de José Cruz, bien presentados y de juego desigual. Al quinto se le premió con la vuelta al ruedo. Marcos del Rincón  (Escuela Taurina José Cubero Yiyo), vuelta al ruedo.   Isaac Fonseca (Escuela Taurina de Colmenar Viejo), oreja. Rafael Ponce de León (Escuela Taurina de Nimes), saludos. Clemente Jaime (Escuela taurina de Guadalajara), saludos. Juan Marín (Escuela Taurina de Valencia), dos orejas. Duarte Silva (Escuela Taurina de Vilafranca de Xira), oreja.  Presidió Pedro Madrigal. Clemente  Juan fue atendido a la enfermería de una herida en el dedo índice de la mano derecha y otra en la ceja izquierda, de pronóstico leve.

Se celebró la tercera y última novillada enmarcada dentro del III Certamen de escuelas taurinas en la modalidad de las clases prácticas de esta feria de julio 2019.
Un evento que ha alcanzado su tercera edición. Y un formato que, visto lo visto, ha dado excelentes resultados. Tanto por la más que destacable asistencia de espectadores a la plaza, como por las posibilidades que se han detectado en varios de los dieciocho actuantes en el mismo.
Se conmemoraba ayer el cincuenta aniversario de la llegada del hombre a la luna. El 20 de julio de 1969 el astronauta Amstrong pisaba por primera vez el suelo lunar. Todo un hito para el mundo de la ciencia y que pudo ser presenciado por 600 millones de telespectadores.
Ha pasado medio siglo y el mundo sigue en constante evolución. Una evolución que no se ha detectado con tanta intensidad en la fiesta de los toros. Para unos para bien, para otros para mal. Pero lo que se mantiene invariable, por fortuna, son algunas de las enseñanzas que genera esta profesión. Como son el respeto a la liturgia, el cuidado  en las formas, la educación, la admiración por los profesionales que fueron, el cultivo de valores como el esfuerzo y el espíritu de sacrificio. En definitiva, lo que se intenta transmitir en las escuelas de tauromaquia. Una profesión tan bonita como dura. Una dureza que experimentó el banderillero Rafael Cañada, gravemente herido el pasado mes de mayo en la plaza de toros de Valencia y que ayer presenció el festejo en una silla de ruedas desde la meseta de toriles.
Y es que los que quieren ser toreros no pretenden llegar a la luna. Su luna particular es abrirse un camino, labrarse un futuro. Si es posible, por qué no, convertirse en figuras. Y también otros objetivos, cuanto menos, como cuajar un toro, como torear  a gusto, o  pegar veinte pases que le dejen a uno con el cuerpo y el espíritu a modo.
Y a eso seguramente aspirarían, o en eso estarían pensando los seis chavales que hicieron ayer el paseíllo  en la plaza de toros de Valencia, donde tenían la oportunidad de poder torear en una plaza de primera categoría y ante un encierro de lujo.
Los astados elegidos pertenecían a la divisa de . José Cruz. Compusieron un lote de astados de una excelente presentación. Incluso un poquito por encima de lo que sería adecuado en este tipo de festejo.
Cuajo, remate y bonita lámina tenía el apretado y castaño primero. Un astado bravo y repetidor, con mucho motor si bien con el defecto de soltar la cara y embestir algo rebrincado. El también castaño segundo tuvo mucha presencia. Abanto de salida, resultó un novillo muy  complicado, que nunca se entregó. Áspero, bronco y desabrido, tuvo mucho que torear y siempre pidió el carnet profesional a su matador.
El castaño tercero tomó las telas más atemperado, aunque muy remiso y apagado, ya que le faltaron las fuerzas. El negro cuarto fue y vino y se desplazó aunque ayuno de raza y clase. Subió el nivel el quinto, un eral que tuvo fijeza, clase, bravura y nobleza y que fue premiado con la vuelta al ruedo.  Y Y el cierra plaza tambien tuvo fijeza y se desplazó con calidad y son por los dos pitones.
Abrió plaza Marcos del Rincón, de la Escuela Taurina José Cubero Yiyo de Madrid. Torero de buena planta, muleteó por la línea de la compostura, en un trabajo de buena factura, aunque no terminó  de acoplarse a las encastadas embestidas de su oponente Acortó demasiado los terrenos y su labor no tuvo remate. Fue aparatosamente volteado y abrochó el trabajo con manoletinas de rodillas.
Como un torero muy hecho y preparado para mayores empresas se vio al mejicano Isaac Fonsecs, alumno de la Escuela Taurina de Colmenar Viejo, quien actuó vestido de charro mexicano. El año pasado ya había causado una gran impresión en la feria de novilladas de Algemesí. Una impresión que revalidó en Valencia. Se le vio como un torero muy hecho, sobrado de oficio y que conoce perfectamente la profesión. Solventó las dificultades que le planteó su antagonista,, en un trabajo de aguante y sometimiento, de torero puesto y capaz, y que coronó de un sensacional volapié, entrando en corto y dejándose ver.
Rafael Ponce de León, de la Escuela Taurina de Nimes,  torero de baja estatura y apellido de rancio abolengo, lanceó con vistosidad  y banderilleó con voluntad. Brindó su faena a Rafael Cañada, y firmó una labor  en la que siempre quiso hacer las cosas bien, pausado y paciente, aunque no tuvo demasiadas opciones por la escasa entidad de su oponente. Eso sí, mató a la última.
Clemente Jaime, alumno de Escuela taurina de Guadalajara, se mostró muy verde en el manejo del capote. Luego toreó con compostura y buen aire en una faena limpia, eso sí, pero de muy largo metraje que no tuvo exceso de mensaje.
Juan Marín, de la Escuela Taurina de Valencia, muy bien vestido de torero, hizo un lucido quite en el cuarto. Al quinto le firmó un trasteo, que brindó a Miguel Polope, de sentida expresión, buen gusto, cadencia, desmayo, reunión, templanza y torería. Una faena bellísima y de excelente dibujo, reveladora de un torero con personalidad y un sello más que interesante.
Y cerraba el sexteto Duarte Silva, de la Escuela Taurina de Vilafranca de Xira, quien fue aplaudido al lancear con vistosidad. Luego interpretó un tercio de banderillas en el que destacó al ganar la cara con verdad y guapeza a su oponente, asomándose al balcón y clavando en la cara, reunido y arriba. Tal como hacía su maestro Víctor Méndez, presente en el callejón de la plaza. Y luego muleteó muy asentado y firme, con un gran sentido de la ligazón.
 Crónoica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo.Tauroimagenplus