FIESTA EN TONO MENOR Sábado 21 de julio de 2018. Plaza de toros de Valencia. Media entrada en tarde ventosa y de bochorno. Astados de José Cruz, de justa presentación y juego desigual. Al sexto se le dio la vuelta al ruedo. Álvaro Martín, palmas. Arturo Gilio, oreja. Miguel Polope, oreja. Antonio Magaña, silencio. Nino, oreja. José Pirela, oreja. Presidió Pedro Madrigal.

La feria taurina de Julio de Valencia continuó con la celebración de la tercera y ultima novillada del II Certamen Internacional de Escuelas Taurinas organizado por la Diputación de Valencia y la empresa Simón Casas Productions.
Un evento que, al igual que sucedió el año pasado, ha sido todo un éxito. Para la empresa y la Diputación, por el hecho de programar un ciclo de promoción con lo que ello tiene de importante para la difusión de la fiesta.
Para los toreros y las escuelas, aunque ayer bajara algo el tono artístico. Salvo alguna aislada excepción, sobre todo en este tercer festejo, en general los alumnos han rayado a un notable nivel. Para las tres ganaderías escogidas, el juego de cuyos novillos ha sido más que notable, sobre todo los dos primeros días. Para los aficionados, que se han congregado en los tendidos de la plaza en elevado número estos tres festejos, y que han podido disfrutar de tres interesantes tardes de toros.
En esta ocasión se lidió un encierro de José Cruz. En conjunto, de correcta presentación y juego desigual.
El primero estuvo bien presentado y, aunque se le vio un gran fondo de nobleza, tuvo el defecto de la escasez de fuerzas y su carácter claudicante, por lo que rodó por la arena en diversas ocasiones. También tenía su plaza el castaño y chorreado segundo, que ofreció las virtudes de la prontitud, la fijeza, el viaje largo y la transmisión.
El también castaño tercero adoleció de la misma falta de fuerzas que tuvo el que abrió plaza. Y este defecto se acentuó con una voltereta que se pegó en el saludo capoteril. Aún así, fue y vino y sirvió para su matador. El barroso y bociblanco cuarto tampoco estuvo sobrado de poder. Se desplazó, aunque siempre costándole y tendió a defenderse más de la cuenta y soltar la cara al tomar las telas.
El asimismo castaño quinto, más vareado y escurrido, tuvo muy poca clase y también anduvo ayuno de raza. Se defendió más de la cuenta, tendió a salirse suelto y buscó el abrigo de las tablas más de lo deseable. Y el negro y terciado sexto tendió a mansear y a salirse suelto. Con todo, tomó los engaños con cierto celó y repitiendo sus embestidas, aunque con un molesto calamocheo y punteando los engañosos.
Álvaro Martín, de la escuela taurina Yiyo, saludó con dos largas cambiadas en el tercio a su antagonista. Muy bien vestido de torero, muleteó con oficio y soltura ante un novillo de escasa entidad que se le quedó pequeño y no le permitió redondear más su toreo.
Arturo Gilio, de México, firmó un original saludo capoteril a su oponente. Se fue a la puerta de chiqueros y lo lanceó de frente por detrás. Luego, su apertura de faena genuflexa tuvo emoción y vistosidad, Interpretó un trabajo de torero con conocimiento de la profesión, pero en el que le faltó dar algo más de sitio al novillo, al que atosigo y frente al que acabó amontonarse un tanto.
 Miguel Polope de Valencia, quien venía de cortar sendas orejas en las plazas de Salamanca y Roquetas de Mar, volvió a poner de manifiesto su excelente corte de torero. A pesar de la escasa fuerza de su novillo, y de ser molestado por el viento, muleteó con verticalidad, empaque, y prestancia en un trabajo de buena expresión.
Antonio Magaña, de México, quien lució un singular traje corto de color celeste, también echó las dos rodillas en tierra en el saludo con el capote. Y con la muleta anduvo en la línea de la vistosidad, en una faena eso sí, movida, expresiva aunque muy ligera y reveladora de un torero que todavía está muy nuevo, y con las lógicas carencias por mor de su inexperiencia  su escasez de oficio.
Nino, de la escuela taurina de Nimes, dispuso de pocas opciones con el capote. Torero de pequeña estatura, banderilleó con espectacularidad. Y en el tercio final trasteó movido, con una cierta inseguridad y toreando siempre de abajo arriba y por las afueras. Eso sí, dispuesto y voluntarioso, pero sin acabar de centrarse.
José  Pirela. de Colmenar Viejo, firmó una extraordinaria carta de presentación en un quite al quinto, con dos verónicas templadas y acompasadas y una media de cartel.
Luego, al de turno lo lanceó siempre con las manos altas y lo intentó banderillear con escasísima fortuna. Y muleteó en una labor presidida por la voluntad y los buenos deseos, aunque su faena no acabó de coger vuelo.
 Cronica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo Tauroimagenplus