EXCELSA TORERÍA DE FINITODomingo, 31 de marzo de 2019. Plaza de toros de Castellón. Un tercio de entrada en tarde lluviosa. Toros de Olga Jiménez  (1 y 5), Peña de Francia (2) y García Jiménez, desiguales de presencia y juego. Finito de Córdoba (catafalco yazabache) muestras de desagrado tras aviso y saludos tras aviso. Cayetano (celeste y azabache), oreja y saludos. Varea (azul noche y oro), oreja y palmas. Entre las cuadrillas saludaron tras banderillear al tercero Ángel Otero y Diego Valladar. A este toro lo lidió con gran templanza Raúl Martí. Presidió Antonio Aguilar. Pesos de los toros por orden de lidia: 537, 519, 503, 529, 524 y 508 kilos.

A pesar de la borrasca, y de que estuvo todo el día lloviendo en Castellón, se pudo celebrar el festejo que ponía punto y final a la feria taurina de la Magdalena. Incluso por la mañana se suspendió el espectáculo de recortadores, pero la empresa decidió tirar para delante con el de la tarde. La presencia de las cámaras de Movistar Plus para retransmitirlo seguro que tuvo algo que ver en esta decisión.
Lo cierto es que a la hora de empezar, el ruedo estaba impracticable y llovía. Pero se retrasó cincuenta y cinco minutos el comienzo del espectáculo, lo que sirvió para que el albero pudiera ser reacondicionado. La lluvia hizo un paréntesis y, tras esperar cerca de una hora, y de que se escucharan algunos comunicados informativos por la megafonía que fueron de auténtico sonrojo, se pudo comenzar la corrida.
Los astados de la familia Matilla compusieron un lote de ejemplares de muy desigual presencia e irregulares hechuras. El castaño y cabezón primero, muy abanto de salida, se dejó pegar en el caballo, aunque se salió suelto y huido. Se desplazó noblón y sin clase por el pitón derecho, y no tuvo ningún pase por el izquierdo.
El castaño lombardo segundo, recortadito de pitones, metió los riñones en varas. Obediente, humilló mucho en sus embestidas aunque le faltó un tanto así de brío. El acucharadito tercero se dejó pegar en el caballo y tuvo excelente tranco en banderillas. Luego se fue a la muleta con prontitud, aunque le fallaron las fuerzas. Con todo, no dejó de embestir y fue excelente para el torero.
Más alto era el cuarto, que manseó de salida.  Muy abanto y poco picado en varas, fue y vino, pero siempre queriéndose ir y saliéndose suelto de los embroques. Suelto, huido, manso y desparramando el feote quinto, que se quiso ir en todo momento y no estuvo sobrado de fuerza. Correteó por ahí y por allá, sin fijeza y sin emplearse. Y enseñaba las puntas el cierraplaza, muy desentendido siempre. Dijo muy poco y tuvo un escasísimo recorrido.
Tras la notable actuación que firmó el día de San José en Valencia, Finito de Córdoba fue el elegido para sustituir al inicialmente anunciado Enrique Ponce. Lanceó con gusto y pinturería al que abrió plaza por el pitón derecho, al que firmó dos excelentes medias. Luego muleteó empacado y distinguido, en un trabajo de excelentes formas aunque, eso sí, de escasísimas  apreturas. Muy despegado y siempre al hilo del pitón. Luego dio un sainete con los aceros.
Brindó la muerte del cuarto al público, con el que realizó una faena de largo metraje y, en esta ocasión, de muchísimo mensaje. A pesar de que el toro se salía suelto y siempre quería huir, toreó con gran expresión. Con cadencia, elegancia y templanza. Su toreo a dos manos, su toreo cambiado, sus detalles, adornos, y salidas de la cara del toro tuvieron muchísima plasticidad, sentimiento y torería. Inspiración y gusto, improvisación y relajo. Una faena en la cual muchos de sus muletazos fueron auténticos carteles de toros. Falló con las armas toricidas,  pero eso no empañó su excelsa labor.
Cayetano recibió con dos largas cambiadas de rodillas en el tercio de su primero. Luego remató la serie con una preciosa larga. Delicadeza y enjundia tuvo su apertura de faena, en la que firmó series de muletazos con suavidad y templanza. Estética y firma rutilante. Y también cierta ligereza y superficialidad. Un conjunto armónico y más estético que profundo, que estuvo coronado con un gran volapié.
Frente a su rajado segundo, también dibujó muletazos sin estrecheces, pero siempre por la línea del clasicismo y la ortodoxia. Abrochó su labor con molinetes de rodillas en la puerta de chiqueros, para calentar el ambiente. Volvió a matar de una estocada de efectos fulminantes.
Varea toreó con gran clase y compás con el capote al tercero. Luego, en el tercio al final, también muleteó con expresión y excelentes formas. Varea utiliza, eso sí, unos en caños de grandísimo tamaño. Los muletazos a dos manos y ayudados por bajo tuvieron excelencia e impronta. Despenó al astado de una gran estocada.
Brindó a sus compañeros del cartel la muerte del sexto, frente al que se salió hacia los medios con pases por bajo de mucha torería. Luego lo intentó pisando terrenos de cercanías, en una labor en la que siempre quiso pero que no tuvo remate.
Cronica de Enrique Amat
Fotografia de Mateo.Tauroimagenplus