Supongo que es un sueño de cada aficionado añadir a su colección un punto final. Descubrir su propio Santo Grial taurino, por así decirlo. Nunca pensé que me encontraría en esa posición. Nunca fue mi intención coleccionar artefactos taurinos (‘fetiches’, como los llamó Amparo M.). Pero mientras tanto, ahora soy dueño de una gran cantidad de carteles, fotografías dedicadas, una capote de brega y hasta un traje de luces completo que una vez fue llevado puesto por un gran torero. Sin embargo, un día apareció un pequeño anuncio en un mercado digital, ofreciendo una ‘verdadera espada torera’. Este fue el objeto que siempre me había gustado poseer. Estaba muy bien de precio, y después de ponerme en contacto con el vendedor, fui a recoger mi compra. La espada parecía nueva, probablemente sin usar. La hoja era inmaculada, y su vaina de cuero marrón, flexible y sin fisuras.

Pero ¿cómo pudo ser que él, un modesto comerciante de máquinas agrícolas, llegase a poseerlo? Me dijo: “Fue en un bar en una pequeña ciudad alemana, donde me encontré con un viejo marinero. Me preguntó si me interesaba adquirir un estoque taurino español que había comprado en Córdoba en los años ochenta. Había pertenecido – por lo que dijo – a un torero muy famoso que, no mucho después, falleció en una plaza de toros…” 

Me pregunté. Sólo hubo dos toreros muertos en una plaza durante ese período. Francisco Rivera ‘Paquirri’ quien murió en Pozoblanco en 1984, y un año más tarde, en Colmenar Viejo el joven José Cubero ‘Yiyo’ pereció en los cuernos del toro Burlero de Marcos Nuñez.

“El viejo alemán también me dio esto”. Desde detrás de una mesa de trabajo cubierta de polvo, sacó un cartel de toros enmarcado. Impreso en letras gordas estaban los nombres de tres matadores. Uno de ellos era ‘Paquirri’…

Me gustaría imaginar que sí, pero – aunque sabía que nunca sería capaz de demostrarlo – ¿significó esto que el objeto taurino que tenía en mis manos, una vez había estado en las manos de ese torero legendario? No, por supuesto que no… ¿O sí lo hizo?

Crónica y Fotografia de Pieter Hildering