Entrada y educación, por favor.

Siempre he defendido que los buenos modales son un requisito indispensable para la loabilidad de cualquier persona, pero cuando el binomio es educación y toros lo considero algo indispensable. Y sí, la falta de la misma me cabrea, y mucho.

Creo que no es una opinión aislada referirnos a San Isidro 2019 como la antítesis a la buena educación y el respeto. Pues es algo que en todos los foros de buenos aficionados, que no hooligans del toro, se ha dicho. Ni creo ser la única a la que la sangre le ha hervido en su localidad de los tendidos venteños, ni la singular telespectadora que haya omitido el volumen de su televisor.

Quiero pensar que algunos o en conjunto del exigente siete interioriza tanto la bravura que se la cree, y presto de este idilio la manifiestan en forma de pitos y despropósito verbal. Recuerden que la bravura le pertenece al toro, y la educación a los tendidos.

Lo peor es que esta tónica de protesta carente de civismo se contagia. Y del padre siete nacen “aficionados” de palmas y pitos que llevan su razón por todas las plazas de la península. Sino pregúntenle a cualquier aficionado de Valencia sobre cierto grupo joven de la plaza.

Lo que más me gusta, ironia modo on, es como se les llena la boca defendiendo la primitiva idea de que el espectador cuando compra su entrada tiene derecho a protestar. Oigan señores, sí tienen derecho a protestar, siempre que en la misma se muestre respeto y concordancia. Pero ojo, no olviden caballeros que el derecho también lleva aparejada la carga del deber u obligación. Y creo, llámenme loca, que como taurinos y sin marcar la diferencia entre el torista y el torerista, deben de llevar como carga moral la buena educación que este mundo nos otorga. Aunque es obvio, para ello hay que dejarse de pitos y verborrea, y escuchar a los mayores.

Por último  y al hilo de lo anterior, lo que más me indigna es que se sientan abanderados y defensores del toro, así como de la integridad de la fiesta.

Pero vamos a ver señores, esto aunque a veces se asemeje, no es Matrix. La realidad es que todo lo que gira en cuanto a la fiesta nacional debe de ser ortodoxo y con rigor, de acuerdo, pero no olvidemos que el animal no tiene el dominio sobre su carácter, se deja al antojo de la ciencia. Mientras que las personas, en este caso los profesionales, son de carne y hueso, teniendo la manía de no poder ser perfectos, y con el hándicap de jugarse la vida en cada intento.

Si esto no lo entienden, crucen la acera y únanse a esos que se hacen llamar animalistas, pues su lucha y la de estos por caminos diferentes tienen semejantes propósitos.

 Crónica de Bea Hiraldo