ENRIQUE PONCE: UN TORERO PARA LA HISTORIA

Hoy se cumple el XXX aniversario del doctorado de Enrique Ponce, por motivo del Coronavirus, no podrá actuar en Valencia para celebrarlo.

La alternativa del coletudo de Chiva marcó el inicio de una etapa en la que se ha ido consagrando como un de los toreros más importantes de la historia de la tauromaquia de finales del siglo XX y principios del siglo XXI en general y de Valencia en particular.

Enrique Ponce Martínez nació el 8 de diciembre 1971 en la localidad valenciana de Chiva. Sus antecedentes taurinos tienen una doble vía. Por parte paterna, su tío abuelo fue el matador de toros valenciano Rafael Ponce Rafaelillo, figura destacada de la parte final de la llamada Edad de Plata del toreo. Por el lado materno, su abuelo Leandro Martínez El Montillano, quien intentó la aventura en los ruedos, le inculcó la afición por el toreo. Fue alumno de le Escuela de Tauromaquia de Valencia, y su primera actuación en público tuvo lugar en Chiva, a la edad de diez años. Y a los doce se instaló en Jaén junto con quien ha estado a su lado durante toda su carrera, Juan Ruiz Palomares.

Enrique vistió su primer traje de luces en la localidad jienense de Baeza el 10 de agosto de 1986 y debutó con picadores en Castellón el 9 de marzo de 1988.Aquel dia alternó con José Luis Torres y Curro Trillo en la lidia de novillos de Bernardino Piriz. Se presentó en Madrid el 1 de octubre de ese mismo año, lidiando novillos de Lupi, tras haber ganado el prestigioso Zapato de Oro de Arnedo. En 1989 fue uno de los novilleros punteros, sumando 59 novilladas. Durante esta etapa siempre sorprendió por su facilidad  delante de los astados.

El doctorado

Su despedida de novillero tuvo lugar el 28 de febrero en la plaza de toros de Navas de San Juan, donde lidió, mano a mano con Luis Fernández “Jocho II”, un encierro de Apolinar Soriano.

El doctorado tuvo lugar en Valencia, el viernes 16 de marzo de 1990. Su padrino fue Joselito y el testigo Miguel Báez Litri. El toro de la cesión fue un astado lidiado como sobrero, del hierro de Diego Puerta, de nombre ‘Talentoso’, marcado con el número 21 de 505 kilos. La muerte de este primer toro se la brindó Enrique a su abuelo Leandro, y le cortó la que sería su primera oreja como matador de toros. El encargado de concedérsela fue el usía de aquel día, Oscar Bustos, a quien asesoraron Francisco Marín y la veterinaria Piedad Martínez. Su cuadrilla estuvo compuesta esa tarde por los picadores Martín del Olmo y Antonio Saavedra, y los banderilleros Mariano de la Viña, Cervantes y Emilio Fernández.  Tras la corrida, el propio Enrique comentaba: “Los toros no han ayudado, pero he estado por encima de ellos. Uno se ha parado y el otro se ha rajado. Ya estoy pensando en la corrida de mañana”.

Después de torear al día siguiente su segunda tarde en aquella feria fallera, sufrió un parón en su carrera y pasó una particular travesía en el desierto. Y es que  en los meses siguientes apenas mató otra corrida en Cadalso de los Vidrios y el 13 de mayo, festividad de la Virgen de los Desamparados, otra en Valencia. En esta ocasión para alternar, en un festejo mixto, con Juan Carlos Vera y el por entonces novillero Paco Senda.

Respecto a la citada corrida de Caldalso, Enrique comentaba: “Aquel día fue un cara o cruz. Fue una corrida desagradable y áspera. Mi primer toro me pegó una paliza tremenda. Me sobrepasó y aquello me ofuscó. En la enfermería me decían que no saliese, y estuve a punto de no hacerlo. Menos mal que salí, porque me sobrepuse y me vine arriba.  Maté al otro toro y se me fueron muchas de las dudas que me habían asaltado en el anterior sobre mi capacidad”.

Seis toros seis 

Ya no volvió a torear más hasta la feria de julio, a la que acudió con esas cuatro corridas toreadas y un escaso ambiente.

Tuvo que darse la azarosa circunstancia de tener que lidiar seis toros en solitario, para que su carrera cogiese un nuevo impulso. Fue el sábado, 28 de julio. La mañana del festejo, los mentores de Vicente Ruiz El Soro y Roberto Domínguez decidieron que sus poderdantes se cayesen del cartel, alegando diversas dolencias. Aunque su decisión estuvo determinada por el hecho de que, en una accidentada desencajonada celebrada días antes, se hubiesen malogrado varios toros del anunciado encierro de Galache. Y Enrique, pese a su escasísimo bagaje decidió, junto con sus mentores, Luis Álvarez y Juan Ruiz Palomares, matar la corrida en solitario. En una tarde de intensa lluvia, con medio aforo cubierto y vestido de blanco y oro, se enfrentó a tres toros del citado hierro de Galache y otros tres de El Toril. Cortó dos orejas de su primero, y despachó a su segundo en medio de una tromba de agua, hecho que obligó a parar el festejo más de tres cuartos de hora. Se habló de una posible suspensión, pero el de Chiva decidió tirar para adelante a pesar de haber conseguido ya el triunfo.

Y, sobreponiéndose a las circunstancias, mostró una solvencia propia de un matador experimentado, cortando una oreja más, concedida por el usía de aquella tarde, Salvador Llamas. Aquello le abrió un amplio crédito, lo que le permitió comenzar a sumar contratos. Aquel día actuó como sobresaliente José Hernández El Melenas.  

Fruto de este triunfo, pudo firmar bastantes actuaciones para el resto del verano y,  tras un buen rodaje, confirmó la alternativa el 30 de septiembre de ese mismo año, con el toro Farruco, de Diego Garrido. Un astado que le cedió  Rafael de Paula en presencia de Luis Francisco Esplá. Al año siguiente, su estrategia fue placearse todo lo posible y torear mucho, de cara ir cogiendo un sitio que le permitiese consolidarse de forma definitiva. Ello propició el que no hiciese ascos a actuar por plazas periféricas y ante todo tipo de hierros y corridas.  Ese mismo año, el 15 de agosto, se presentó en Sevilla y acabó la  temporada con 53 corridas.

La campaña de 1992 fue la de su consolidación. Comenzó con una gran faena en Fallas a un toro de Peralta que pudo ver toda España a través de la televisión y ratificó aquel  triunfo el 11 de junio en la corrida de Beneficencia de Madrid, alternando con José María Manzanares y César Rincón ante toros de Samuel Flores.Este dia abrió  la Puerta Grande del coso venteño por primera vez en su carrera.

En 1993 triunfó de nuevo en Madrid ante un complicado toro del Puerto de San Lorenzo y concluyó su campaña matando seis toros en solitario en Valencia, con balance de cuatro orejas. Este gesto lo repitió en la misma plaza ante seis toros de Victorino como cierre la temporada de 1995.

Un torero para la historia 

Enrique Ponce ha seguido año tras año triunfando en los ruedos y toreando con gran frecuencia, hasta cumplir los treinta años de alternativa que ahora celebra. Su portentosa técnica, su innata facilidad en la cara del toro, su clarividencia para entender y desarrollar la lidia, su dominio de los terrenos y las distancias y su extraordinaria afición le han permitido convertirse en uno de los toreros más importantes de los últimos años. La regularidad en su carrera hizo que alguno le bautizase como “Indurain Ponce”.

Es de destacar el hecho de que en su carrera ha  batido el record que ostentaba José Gómez Gallito, de quien se cumple el centenario de su cornada mortal en Talavera de la Reina, al encabezar el escalafón con más de 100 corridas toreadas por temporada durante una década. Ha paseado su poderío por todas las plazas de España, Francia, Portugal, Méjico, Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú a lo largo de más de dos mil quinientos festejos toreados. Y, entre otros galardones, le cabe el honor de ser el matador de toros con más indultos en la historia de la tauromaquia, más de cuarenta. Y es también el primer torero en activo que consiguió la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes en 2007, así como el primer torero de la historia que entra en la Real Academia de Ciencias, Bellas  Artes y Nobles Letras de Córdoba.

En el discurso que pronunció en el acto de entrega de la Medalla de Oro Enrique hacía un clarividente descripción de la tauromaquia: “Toda mi vida he querido ser torero, siempre fui torero, nací torero. Ser torero es una forma de vivir, de sentir, de ser, de respeto a los toreros y a quien todo te ha dado y todo te puede quitar que es el toro. El toreo es grandioso, mágico, tanto que es el único espectáculo artístico en el que no hay nada preparado, lo que ocurre en ese momento es todo de verdad, se desarrolla con una gran incertidumbre y en soledad en donde se funden arte y tragedia, toro y torero permaneciendo para siempre como acto único e irrepetible en la memoria de nuestras retinas y en la emoción de nuestros corazones”.

Ponce en los libros 

La figura de Enrique Ponce ha servido de argumento para una importante cantidad de libros sobre su figura. Entre ellos cabe citar los siguientes: El éxito al natural, de Alfredo Margarito; Enrique Ponce, nieto de un sueño, de Paco Villaverde, Enrique Ponce, historia de una temporada, de Manu de Alba y Enrique Ponce, un torero para la historia, editado por La Esfera de los Libros y escrito al alimón con Andrés Amorós. Éste asegura que: “Las cifras de Enrique Ponce no tienen comparación con las de ningún otro matador a lo largo de la historia de la tauromaquia. Ningún torero ha toreado tantas corridas, ha indultado tantos toros y ha abierto las puertas grandes de todas las plazas del mundo alternando con todos los compañeros, lidiando todos los encastes. Enrique Ponce ha sabido conjugar la facilidad para ver los toros con una estética que se ha acentuado a lo largo de los años” . Uno de los últimos libros sobre Enrique ha sido Enrique Ponce: veinticinco años de alternativa, de Paco Delgado.

Otras opiniones sobre personalidades relevantes de la cultura sobre su figura son, por ejemplo, la de Mario Vargas Llosa, quien dice de él: “Su trayectoria es un compendio de talento natural, esfuerzo, disciplina y autoexigencia desde que era un niño. Quién se iba a imaginar que aquel niño iba a ser quien es actualmente: un maestro del toreo que lleva a sus espaldas una carrera de gloria y triunfos como ninguna”. Por su parte, Albert Boadella indica que: “Enrique Ponce se olvida conscientemente de su “yo” para encarar la lidia hacia el descubrimiento de las mejores dotes del animal, situándose en un plano de enorme generosidad y reverencia con el toro. Sus faenas son actos de amor hacia él y la consecuencia es un ensamblaje perfecto”.

Fernando Sánchez Dragó asegura: “ Tardará mucho tiempo en nacer un torero tan cabal, tan Rabal, tan Juncal, tan Dominguín, tan Bienvenido, tan espléndido, como tú”. Y el magistrado y escritor Mariano Tomás Benítez ha analizado su figura en los siguientes terminós: “Enrique Ponce es una historia contundente. Ha tenido el proyecto constante del equilibrio. Equilibrio entre cabeza y corazón. Equilibrio entre forma y profundidad. Y equilibrio entre verticalidad y curva. Situado en el nivel escalafonal más alto, su nombre es eje definitivo de la fiesta actual. El tiempo ha destacado su auténtica valía, al des­cubrirnos un corazón capaz de competir con tan privilegiado cerebro. La naturalidad presenta como fácil un toreo hermoso y lleno de pulcritud. Y el dominio sobre el toro le convierte en el «gallito» de la última tauromaquia, encarnando la más grande figura de la dimensión valenciana del toreo’ .

Crónica de Enrique Amat

Fotografias de Mateo. Tauroimagenplus y archivos